“Considero que el arte es la tarea suprema y la actividad metafísica propia de nuestra vida, según el pensamiento del hombre al que me propongo dedicar esta obra (Wagner) , insigne precursor mío en el campo de batalla”.

Nietzsche en “El Origen de la Tragedia”.

La casa es la imagen del universo, es el centro del mundo para los dos personajes principales de la nueva película de Darren Aronofsky: ¡Madre! (2017). La historia termina como comienza: entre fuego y cenizas; la reconstrucción de un espacio que se presenta como el “paraíso”. Toda la narrativa se enfoca en la visión de la “madre” Jennifer Lawrence, en un casi perpetuo close up, su relación con su esposo, Javier Bardem, un poeta mucho mayor que ella, y una serie de extraños que la convierte en una metáfora apocalíptica de los momentos que vivimos actualmente: el patriarcado, la destrucción del planeta, catástrofes, el machismo, el abuso, las redes sociales. En una parte de la película las personas que llegan le dicen al poeta: “Escribiste esas palabras para mi”, así la interpretación de la película es única e irrepetible como la cantidad de personas y las veces que la ven, cada vez es casi imposible de compartir.

Los sonidos son casi inexistentes en la primera parte de la película y cada vez se vuelven más agudos, más estridentes, las paredes del cine vibran casi al unísono de las paredes de la casa, la cual nunca dejamos. Esta primera parte es la presentación de los personajes, de la casa. En un inicio da la idea de la relación entre la creación y la inspiración, la relación entre el artista y la musa. No podía dejar de pensar en una serie de grabados que estuvieron en exhibición hace poco en México de Picasso: “La Suite Vollard”, que realizó entre 1930 y 1937, que serían hasta cierto grado precursores del “Guernica” (1937). Por un lado, pareciera una serie espontánea en todo el momento, sin embargo, por las diferentes técnicas; aguafuerte, punta seca o aguatinta, es espontaneidad no es sino una gran maestría que la ha convertido en uno de los testimonios artísticos más importantes del siglo XX. 20 de los grabados están dedicados a la batalla del amor, al minotauro y al minotauro ciego, imágenes autobiográficas, ya que Picasso se identificaba con este ser mítico y en esa época, el artista se estaba separando de su primera esposa Olga y crecía su obsesión por la joven Marie-Thérèse, quien fue la inspiración para sus figuras femeninas. En “La Minotauromaquia” de 1935 se puede ver a una niña rubia sosteniendo una vela, mostrándosela al minotauro que parece ser guiado por un caballo con el cuerpo de una mujer hacia una casa con personas en las ventanas, en la escalera. Es como si toda la energía del personaje sólo pudiera ser contenida por la inocencia e ingenuidad de la niña, pero al mismo tiempo es absorbida por él. Así, “Madre” trata de ser está luz que ilumina la casa para propiciar la creación.

La película presenta una posición un tanto nietzscheana de la estética: “un Dios puramente artista”, donde la vida se trata de ser más intensa y es un juego. Tal como las vibraciones sonoras, y las vibraciones de la sala, llevamos dentro de sí las vibraciones más delicadas de nuestros nervios, es nuestra sensibilidad la que se expresa en cada proyección. La creación se vuelve en este milagro, el punto de amar la vida. La película es una lucha constante entre el sueño y la embriaguez. El sueño de la “madre” de construir un paraíso terrenal en una casa que guarda todas las historias, que tiene memoria y que por más que la trata de restaurar y cuidar, las heridas vuelven emerger y la embriaguez de “él”, de tratar de crear en el sueño sin sentirse identificado sino sofocado y, que busca todo lo que tiene la vida. En la desaparición de una individualidad que se vuelve en un fanatismo, en una idolatría por su propia creación, por su propia imagen, que contamina y destruye todo lo que hay a su alrededor. En esta otra metáfora, es una película ecológica que habla de nuestra relación con la “Madre Tierra”, a la cual hasta el último momento tratamos de sacarle el mayor provecho, en ese cristal que vibra tanto al principio como al final.

Es un festín sublime de Aronofsky, quien platica que mientras para sus otros proyectos tardaba años en crear, en pensar y en desarrollar, el proceso de escritura de esta pieza solamente le tomó 5 días, supongo en una embriaguez creativa, envió un primer guión y sus productores le dijeron que sí, que siguiera sus instintos y dejará que la historia fluyera. Es una metáfora de las redes sociales, en donde dejamos entrar en nuestras vidas, en nuestra intimidad a una serie de personas, y poco a poco se van apropiando de ese espacio, de repente se siente una impotencia, una falta de control total, una vorágine, que podría ser una recreación de los grabados de Goya o de Otto Dix. Esas vibraciones rojas del principio se van quemando, en cierto momento, recordé el gran “Corazón de América”, parte de la instalación “Transparencia de Dios” (1987) del artista Juan Francisco Elso realizado por ramas, cera, ceniza y hierba seca, que tiene justamente estos residuos de su historia, es un aprendizaje continuo, cada momento es una experiencia de ese aprendizaje.

Es una historia de amor, inspirada en Polanski, en Lynch, en Buñuel, así que no es un amor sano, sino un amor egoísta, un amor que se convierte en un thriller y que definitivamente no es para todos. Es una película que al mismo tiempo que ha sido aplaudida, ha sido abucheada, y clasificada como la peor película del siglo. Es una experiencia única.

 

 

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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