Para concluir este tema, empiezo por señalar el quid de este asunto, tal como se planteo en el primer texto: la oportunidad y necesidad de cambio (de los gobiernos y naciones) ante situaciones adversas.

Toda vez que se ha expuesto el hecho innegable de que nuestro país atraviesa por una situación difícil, tanto en lo político, como en lo económico, sin dejar de lado lo social; y una vez que se han puesto sobre la mesa ciertos elementos teóricos de economía, pasemos a comentar las consecuencias económicas derivadas de la inestabilidad que aqueja al país.

Consideremos la esfera económica, en principio, para posteriormente conocer de qué manera afectará al sistema político. Y viceversa.

El principal indicador de la actividad económica de cualquier país es el PIB, ya que a través de él conocemos qué tanto se están empleando los recursos con el fin de generar actividad económica. A su vez, el PIB se alimenta de las actividades registradas en los tres sectores conocidos (primario, industrial y servicios).

De acuerdo con  la última minuta de las reuniones de la Junta de Gobierno del Banxico, durante el cuarto trimestre del 2014 la actividad económica y comercial continuó con una tendencia moderada en su crecimiento, el cual, en buena medida, se debió al desempeño de nuestro sector manufacturero destinado sobre todo al mercado estadounidense; por su parte, el Índice Global de la Actividad Económica (IGAE) también presentó una moderada recuperación debido al desempeño de los sectores industrial y de servicios. Aquí cabe apuntar que la mejoría de éste último se debió al impulso de los servicios asociados a la demanda externa; el consumo interno no muestra señales claras de mejoría.

Todo lo anterior parece reforzar la idea de que nuestra economía solamente depende para poder crecer de todos aquellos esfuerzos que se realizan en el exterior; por lo tanto, las fluctuaciones externas impactan en demasía a nuestro país.

En éste sentido, nuestra producción se ve agravada por problemas de orden estructural y coyuntural. Éstos últimos tienen que ver con nuestra alta dependencia del mercado estadounidense y las recientes fluctuaciones que se han presentado en el mercado petrolero ocasionadas por reacomodos de fuerzas internacionales. Ante esto, difícilmente tenemos injerencia alguna.

Por lo que toca a los factores estructurales, las decisiones recientes en materia de política económica han apuntado en dos direcciones: transformar nuestro mercado energético y buscar fortalece las atribuciones del Estado en  materia de rectoría económica. En ambos casos, los resultados no han sido los esperados. Además, hay que tener presente el hecho de que aún está pendiente una necesaria transformación productiva para que nuestros sectores productivos sean más eficientes y productivos.

Las razones que contribuyen a explicar que no se hayan logrado los objetivos de transformación en el sector energético se encuentran en la resistencia que el gobierno ha encontrado por parte de agentes económicos vinculados a los negocios existentes en torno a los energéticos, principalmente el petróleo; por ejemplo, los propietarios de gasolineras, de quienes se ha dicho que apoyan a grupos subversivos o antagónicos al gobierno para debilitar la posición de negociación del gobierno y obligarlo a dar marcha a tras a la ley, o en todo caso, a dejarla como simple letra muerta.

Por otro lado, también existen intereses económicos (formales e ilegales) detrás de algunos gobiernos estatales que de igual manera contribuyen a entorpecer el avance de la reforma energética. Prueba de ello es la no aplicación de la ley en el hurto y venta clandestina de gasolina.

Ambos elementos disminuyen las posibilidades del gobierno para transformar el sector energético de tal manera que sus beneficios sean efectivos para la mayoría de los habitantes y no sólo de unos cuantos. Esto es lo que se llama una externalidad negativa, ya que agentes distintos a los de la ecuación original del mercado energético, intervienen para obtener un beneficio personal a expensas de disminuir el beneficio social.

Esto impacta en los costos de producción de la sociedad, ya que solamente quienes participan de este acto delictivo obtienen algún tipo de ganancia, mientras que el resto de los productores y comerciantes continúan pagando elevados gastos de transportación.

Por otro lado, nuestro sector educativo es uno de los más desiguales e ineficientes de acuerdo con las evaluaciones de la OCDE. Es complejo el asunto del problema educativo en México, pero una variable que no se puede ni debe soslayar  es la del magisterio. Éste, en algunas de sus secciones sindicales, se han encargado de privatizar los recursos del erario destinados a la educación pública ya que asumen que dicho dinero “les pertenece” simplemente por ser “maestros” y no por ejercer su función docente; o sea, no trabajan pero si exigen su pago.

De esta manera, actúan como agentes maximizadores de su beneficio al realizar marchas y manifestaciones con la finalidad de impedir que el Estado asuma el papel de rector de la educación nacional. Mientras que por otro lado, no se ocupan de preparar a nuestros niños para poder continuar sus estudios o ingresar al mercado laboral con un mejor nivel de formación para ser mas productivos.

Esto impacta en nuestra curva de oferta agregada, colocándola en un rango horizontal, ya que en este rango, tal como se mencionó en el pasado artículo, sólo se producen las cantidades necesaria para una economía en estado de recesión, que son bastante inferiores al nivel de producto en pleno empleo, con recursos ociosos y mano de obra desempleada.

En la esfera de lo político, estos hechos encuentran un gran refuerzo o apoyo. En la medida que integrantes de partidos políticos defienden los intereses de este tipo de grupos económicos, tales políticos obtienen una renta extraordinaria por su “labor”, lo que les permite continuar con sus carreras políticas (¡!) y seguir sintiéndose los “dueños” de las leyes y decisiones trascendentales. Aquí se encuentra arraigado el germen de la corrupción. Por tanto, algunos políticos están atentando no sólo contra los derechos de nosotros los ciudadanos, sino, también, atentan contra la legitimidad del sistema capitalista mexicano.

¿De qué manera afectan las acciones de estos grupos a la legitimidad del capitalismo? Simple, en tanto que el capitalismo es la forma menos mala para garantizar la eficiente producción y distribución de la riqueza nacional, o social; y estas acciones distorsionan la distribución de la riqueza social, o dicho de otra forma, garantizan una parte sustancial de la riqueza nacional sólo para unas cuantas manos, en dicha medida, el resto de los agentes económicos, tanto nacionales como extranjeros, encuentran un escenario poco halagüeño para realizar negocios en el país. Pierden la confianza en invertir. Y esto es grave, ya que el capitalismo se caracteriza por su búsqueda dinámica de la acumulación de riquezas materiales por parte de todo mundo.

De tal manera, que de continuar estas acciones de inestabilidad por parte de unos cuantos agentes, tanto políticos como económicos, en el largo plazo se estaría garantizando un estado de inconveniente mediocridad en nuestra actividad económica.

Y por otro lado, la esfera de la política estaría cooptada por intereses particulares, ajenos a las necesidades sociales.

Ambas esferas se retroalimentan, y los costos de continuar con esto son desoladores, porque niegan la posibilidad de un cambio necesario a nuestra sociedad. Ojalá más gentes participen de estas inquietudes y decidan contribuir a cambiar nuestra sociedad. El siguiente paso adelante debe venir, no de la agitación política, sino del pensamiento. Urge aclarar nuestros pensamientos y emociones como país mediante un esfuerzo de la mente, de no ser así, las tentaciones autoritarias harán acto de aparición, y eso es grave. Volteemos a ver Venezuela.

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