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Tragedia de los comunes y legislación en telecomunicaciones

Conocemos bien las consecuencias de la sobreexplotación de los recursos a los cuales todos tienen libre acceso para su uso, sin restricción alguna y sin incurrir en un precio por su explotación. Es por ello que los acuíferos, bosques, lagos y ríos se sobreexplotan, se agotan las especies de flora y fauna, se contamina, se agotan sin reflexionar en las consecuencias a largo plazo, todos ellos están destinados a la degradación o extinción. Incluso en la vida cotidiana si no incurrimos en un precio, consumimos más de lo que se requiere, si por el trabajo no se recibe un pago o reconocimiento, el superior sobrecarga de trabajo a sus subordinados y estos carecen de incentivos para realizarlo con la diligencia y continuidad que debiera tener si su trabajo fuera reconocido y terminan abandonándolo. A este fenómeno se le conoce en economía como la tragedia de los comunes. La ausencia del ejercicio de los derechos de propiedad, mediante el derecho a excluir el uso o consumo de un bien mediante un precio, es el mecanismo para preservar su conservación, existencia, su funcionalidad e incluso su mejora en el futuro

En la iniciativa de ley de telecomunicaciones y radiodifusión que se encuentra sujeta a discusión en el Senado, se ignora las implicaciones de la tragedia de los comunes. Cuando al operador de telecomunicaciones denominado como preponderante (TELMEX y TELCEL) se le sujeta a que toda su red sea utilizada por el resto de los competidores y que el acceso a ella tenga un precio cero, es decir que se ofrezca en forma gratuita, se está transformado dicha red en un recurso de acceso y de uso abierto. Por lo que se incentiva a que tal infraestructura sea aprovechada o utilizada al máximo posible para ofrecer sus servicios a los suscriptores actuales y futuros. El ahorro considerable al no tener que invertir en infraestructura propia y recibir el servicio de interconexión en forma gratuita sin tener que haber sido un competidor superior o haber invertido en forma más redituable que el resto de sus competidores.

De pronto por ley sus costos de operación disminuyen y en consecuencia su margen operativo se eleva, sin haber crecido en su base de clientes, sin haber tenido que ofrecer servicios de mejor calidad o innovaciones que atraigan mayor cantidad de subscriptores, sin tener que haber disminuido precios tal que las ventas generen un mayor ingreso que compensara la disminución en sus tarifas. Nada se requirió hacer, lo único necesario es ser de menor tamaño que la red preponderante, es el premio a “ser pequeño”.

Este beneficio tiene consecuencias en incentivos, ¿para qué competir y obtener una mayor participación de mercado si eventualmente, al tener el 50% o más del mercado tales beneficios desaparecen? Si lo subscriptores prefieren a un nuevo operador de telecomunicaciones y migran del actual “preponderante” al nuevo con una red más atractiva, tal que se acerque al 50% que marca la reforma constitucional en telecomunicaciones, ahora tendría que pagar por interconexión y tendría que ofrecer su red a otros gratuitamente. Ningún operador desearía perder los beneficios de estar por debajo del 50% y por lo tanto, la competencia por clientes estaría limitada, desincentivada a permanecer en un tamaño lejos del 50%. Bajo tal escenario de la iniciativa de Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión a todos los nuevos competidores les conviene permanecer relativamente pequeños y que el operador preponderante sea siempre el actual. Es el entorno ideal para tener un mercado sin competencia, es el entorno para tener siempre una estructura de mercado petrificada para tener los beneficios de una regulación asimétrica sin aportar a la inversión que tanto requiere el país.

¿y para los usuarios?, bajo tales incentivos la competencia sería mínima, los nuevos operadores no trasladarían sus ahorros por no tener que invertir y no pagar por el acceso a la red “preponderante”, la única forma en que los ahorros en costos se trasladan a los usuarios es cuando la competencia en precios es intensa, en este caso los incentivos a competir son limitados o no existentes, no conviene ser agresivo y ser mejor tal que supere al actual “preponderante” y ahora sea el que se sujete a la tragedia de los comunes. Darlo todo por nada, y acabar siendo la nueva red que se sobre utilice sin tener como mantenerla.

Ramiro Tovar Landa

Ramiro Tovar Landa

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Maestria en Economía por Duke University, Terry Sanford Institute of Public Policy y Maestría en Políticas de Desarrollo Internacional (Center International Development Research). Profesor Numerario del Depto de Economía y Asesor de la Oficina de Rectoría (ITAM)

Especializado en temas de política de competencia y regulación económica. Consultor para diversas empresas y asociaciones empresariales. Asesor del Líder del Senado en la LXI Legislatura y ahora Diputado Coordinador en la LXII Legislatura Manlio Fabio Beltrones Rivera.

Las opiniones expresadas en este artículo, son mi responsabilidad y no reflejan la posición de Centro Público al respecto.

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