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La Tecnología del Fracturado Hidráulico en la Reforma Energética

Uno de los objetivos fundamentales de la Reforma Constitucional en materia energética y de su legislación secundaria, actualmente discutiéndose y por ser aprobada en el Poder Legislativo, es la adopción de nuevas tecnologías en las actividades de extracción de hidrocarburos. Nuevas tecnologías conllevan actividades de extracción de mayor productividad y la incorporación de nuevos yacimientos para incrementar nuestras menguadas reservas probadas, incrementando la oferta principalmente de gas natural para modificar radicalmente nuestra combinación actual de combustibles para generar electricidad.

La actual revolución energética en Norteamérica se atribuye a la adopción de la técnica de fractura hidráulica para la extracción de gas “shale” e incluso de petróleo de yacimientos considerados anteriormente como agotados (tight y sand oil).

La fractura hidráulica es un proceso en el cual un fluido es inyectado a elevados niveles de presión en perforaciones horizontales dentro del yacimiento, de tal forma que se amplifiquen, amplíen o se formen nuevas fracturas o grietas en las formaciones rocosas subterráneas de elevada porosidad y baja permeabilidad, tal que se libere el gas natural, o el petróleo, existente dentro de las grietas, es como exprimir una esponja para liberar los hidrocarburos que contiene el subsuelo. El fluido utilizado incluye principalmente agua mezclada con solventes y lodos de perforación, así como materiales granulados como arena o “pellets” de aluminio que mantienen las fracturas abiertas y permiten el escape del hidrocarburo.

La fractura hidráulica fue probada por vez primera en 1903 y utilizada en forma comercial en 1948, el aumento en la eficiencia del proceso ha permitido su adopción masiva en la extracción de hidrocarburos desde mediados de la década anterior en los Estados Unidos.

El efecto de la revolución “shale” en el mercado de hidrocarburos ha sido una disminución sustancial del precio del gas, detonando un efecto masivo en su uso y desplazando a otros hidrocarburos en la generación de electricidad, otro efecto es que fue eliminando la correlación que el precio del gas mantenía con el precio del petróleo.

Ahora los Estados Unidos pueden fácilmente ser exportadores netos de hidrocarburos, han superado el nivel máximo de producción de petróleo y gas que se registró en 1970-71 de aproximadamente 45 cuatrillones de BTUs, y declinando en forma sostenida hasta el 2005 cuando la combinación llegó a cerca de 31 cuatrillones, y desde ese año el mercado hizo su trabajo y catalizó el cambio tecnológico tal que ahora ha superado su nivel de máxima producción de 1971 incrementándola en 40% en sólo 8 años.

En la primera quincena del este mes de julio los Estados Unidos alcanzaron su más elevado nivel de producción de crudo de yacimientos no convencionales a 8.6 millones de barriles diarios, niveles no registrados desde octubre de 1986, hace 28 años.

Si la producción combinada de las tres mayores regiones productoras de petróleo “shale” (Bakken en Dakota del Norte; Eagle Ford y Permian en Texas) fueran de un solo país, este tendría un producción de 3.8 millones de barriles diarios (mdbd) y podría haber sido el quinto productor más grande de crudo en el mundo, solo superado por Rusia (10 mdbd), Arabia Saudita (9.7 mdbd), EEUU (8 mdbd) y China (4.1 mdbd). Este es el efecto de la revolución del gas shale basado en el cambio tecnológico de la fractura hidráulica y que la reforma energética puede hacer realidad en México.

Ninguna tecnología está libre de riesgos, desde la máquina de vapor, el motor de combustión interna, la refinación del petróleo y ahora la fractura hidráulica, todos tienen un nivel de riesgo, el riesgo cero no existe, así como en toda actividad extractiva existen potenciales externalidades negativas.

En la adopción de la fractura hidráulica se señalan como factores de costos externos el ser una actividad intensiva en el uso de agua, la contaminación de acuíferos por la filtración de los fluidos de fractura y de gas y hasta ser causante de ciertos sismos de baja y moderada intensidad.

Por ello algunos legisladores, en el actual debate energético, han llegado a proponer el prohibir el uso de tal proceso de extracción en los nuevos proyectos de gas de fuentes no convencionales.

El prohibir no es una opción para la modernización y la imperante evolución tecnológica del sector energético que requiere el País, la legislación secundaria de la reforma energética lo reconoce e incentiva el cambio tecnológico sujeto a la opción de regular las actividades para minimizar los efectos externos y riesgos de afectaciones ambientales. El paquete legislativo incluye los instrumentos necesarios para evaluar y responder con regulación, no con prohibición, la transferencia de tecnología tan necesaria para explotar la riqueza en hidrocarburos que aún esperan en el subsuelo a ser explotados.

Es necesario recordar que en toda actividad pueden existir beneficios y costos externos. En el caso de la fractura hidráulica los costos externos pueden minimizarse por medio de la regulación y los incentivos de ésta para que se desarrollen las técnicas de reutilización de fluidos, recuperación de gas y prevención de contaminación de acuíferos sin sacrificar los beneficios tanto de una mayor oferta de gas como de los beneficios ambientales de un mayor uso del gas natural y un menor uso de otros combustibles que generan una mayor cantidad de emisiones.

Es por ello que el análisis beneficio-costo social debe de ser imperativo en la evaluación del impacto ambiental de los proyectos de hidrocarburos.

La legislación establece la opción de regular, y esta debe incentivar que los Contratistas de proyectos de gas “shale” deban adoptar las tecnologías que minimicen los riesgos, es decir el costo social o externalidad que pueda darse durante la ejecución del proyecto.

El prohibir la adopción de la fractura hidráulica, como algunos proponen, limita los beneficios de la reforma energética en forma severa y nos excluye de la revolución energética del continente y que seguramente se extenderá a Asia y Europa del Este dado su potencial en este recurso.

La disparidad en los precios del gas entre regiones del mundo y el crecimiento esperado de la demanda por gas a nivel global, creará oportunidades de inversión y, en consecuencia, las empresas buscarán el entorno regulatorio con mayor certidumbre y flexibilidad para el cambio tecnológico, eso excluye cualquier país que prohíba el uso de los procesos de extracción de mayor retorno y eficiencia.

En Europa algunos países han impuesto moratorias a la fractura hidráulica pero en forma temporal, en lo que la regulación se ajusta a la evidencia científica de los posibles riesgos de esta técnica, por lo que tales moratorias sólo serán temporales y resultarán en una regulación eficiente de minimización de riesgos objetivamente identificados y de magnitud estimada.

En nuestro caso, la legislación secundaria de la reforma energética incluye los instrumentos de evaluación de los procesos necesarios para adoptar estas tecnologías sin tener que recurrir al costo de oportunidad de la prohibición temporal.

El Reino Unido será el primer país europeo que emita a finales del presente año un esquema de incentivos para desarrolladores de gas shale y China ha propuesto un subsidio por cada metro cúbico de gas shale que se extraiga durante 2012 a 2015, dado que se estima que requiere tener cerca de 7,000 pozos en los próximos siete años para lograr los objetivos de producción para el 2020.

La promesa de la extracción de hidrocarburos no convencionales, en estados como Coahuila, no debe de significar rechazo o temor por sus posibles riesgos de efectos externos. Tal posición no es consistente con la correcta interpretación de lo que es la regulación de las externalidades negativas y de la concepción objetiva, no subjetiva, del riesgo.

Estados de la Unión Americana como Dakota del Norte han experimentado un deseable efecto del desarrollo regional que debemos emular, el auge del “shale” ha llevado a este estado de tener el tercer nivel de PIB per cápita más bajo, a tener el tercer nivel de PIB estatal y per cápita más elevado entre los estados que están participando del nuevo auge energético de los Estados Unidos. Dakota del Norte ha crecido entre 2001 y 2012 a una tasa promedio anual real per capital de 4.4% y un crecimiento del PIB estatal del 5.2%. De igual forma estados como Wyoming han tenido crecimientos record en el ingreso per cápita y sin mencionar Texas que ahora se ha ganado la denominación de “Saudi Texas” por su nuevo auge petrolero y de gas.

La Reforma Energética no sólo es un evento histórico para el sector, conlleva una verdadera revolución tecnológica que integrará al país a la evolución acelerada en nuevas formas de extracción de recursos energéticos no renovables, con los instrumentos que harán posibles la debida regulación de sus posibles externalidades negativas.

Solo recordar que los riesgos no se eliminan con prohibiciones cuando estos conllevan beneficios netos, una regulación que provenga de la objetividad científica es la forma de maximizar el bienestar de la revolución energética que requiere el México para crecer.

Ramiro Tovar Landa

Ramiro Tovar Landa

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Maestria en Economía por Duke University, Terry Sanford Institute of Public Policy y Maestría en Políticas de Desarrollo Internacional (Center International Development Research). Profesor Numerario del Depto de Economía y Asesor de la Oficina de Rectoría (ITAM)

Especializado en temas de política de competencia y regulación económica. Consultor para diversas empresas y asociaciones empresariales. Asesor del Líder del Senado en la LXI Legislatura y ahora Diputado Coordinador en la LXII Legislatura Manlio Fabio Beltrones Rivera.

Las opiniones expresadas en este artículo, son mi responsabilidad y no reflejan la posición de Centro Público al respecto.

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