El domingo 7 de junio hay elecciones en nuestro país, en el ámbito federal se renuevan la Cámara de Diputados, además en 16 Estados hay elecciones para elegir ayuntamientos y diputados locales, y en 9 entidades se renuevan gobernadores, para nadie puede resultar ajeno el clima de crispación política que existe, al grado de que en algunos lugares las elecciones se peleen a muerte.

Y aclaro, no es literal la expresión, la violencia va desde la coacción para seguir recibiendo una despensa o el apoyo social pasando por bloqueos, amagos para que no se instalen las casillas, atentados con bombas, hasta el grado de que el Gobierno Federal accedió a suspender la evaluación docente prevista en la reforma laboral educativa, y por si fuera poco, habremos de observar todo el repertorio de triquiñuelas y chapuzas electorales que los partidos políticos hacen gala en estos días.

Tal vehemencia no se debe a la lucha por ideales políticos, por supuesto que no, se debe sencillamente a que la política es vista como un gran negocio, por ende, la lucha es por el dinero, poder e impunidad que obtendrán quienes participan con tanto ahínco en las lides electorales, no dudo que haya bienintencionados que crean que están haciendo un cambio o que forman parte de un “proyecto”, pero son los menos.

Pasadas las elecciones, no se espera que el nivel de estruendo disminuya, la lucha será “voto por voto” “peso por peso” pero habrá una despresurización social así como una supuesta y renovada esperanza de que habrá un mejor gobierno, esto último es la finalidad de las elecciones periódicas como principio democrático.

En nuestro país, tal vez venga otra reforma político electoral para perfeccionar y afinar nuestro sistema electoral, modificaciones legales que sirven de premio de consolación para los perdidosos, además de premios presupuestales para los que “saben perder”, para dar paso a un impasse en el gobierno federal que estará cerrando su periodo frente a un Congreso menos amigable, todo de cara para las próximas elecciones de 2018, en pocas palabras, una situación inercial para México.

¿Cómo romper la inercia por los cauces institucionales? Creo que debe ser una mezcla de métodos tradicionales aderezado con el uso de nuevas tecnologías, explico.

Las sociedades modernas son cada vez más numerosas y con una mayor penetración (uso) de tecnologías de la información, en contraste, el voto escrito cada 3 o 6 años, se torna un tanto aislado en el tiempo y en los efectos materiales que produce; tampoco creo que la democracia del día a día sea a través de un post, twits o trending topic, creo que el modelo debe ir en el sentido de participar más en nuestro espacio público aunque ello, aparentemente, nos reste tiempo y recursos, los medios de comunicación sólo deben ser cajas de resonancia de nuestra participación social.

Por ejemplo, hoy enfrente un bloqueo carretero, en lugar de darme la vuelta y decir: Este trabajo le toca a “mis” policías y a “mis” gobernantes, debí haber grabado con respeto y cordialidad a los “buenos salvajes”, procediendo a denunciarlos ante las autoridades (a las que igualmente hay que grabar) y recorrer todos los cauces institucionales para que al menos uno de los “buenos salvajes” pise la cárcel o las autoridades, si fueron omisas en actuar.

Indiscutiblemente la solución no fue buscar una ruta o camino alterno, volverán a cerrar las calles, volverán a robar, asaltar, a creer que tienen derecho sobre los demás, tal vez la prudencia sea la que aconseje el camino alterno, pero es la responsabilidad y el ánimo de que estemos mejor lo que nos debe obligar a buscar el camino correcto.

Para no variar y hablar de telecomunicaciones, en un futuro con una sociedad más tecnificada y de masas, el voto será electrónico y la excepción el voto escrito, al tiempo.

Por lo pronto, lo invito a que vaya a votar de manera tradicional.

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