Urán durante la etapa 18 del Tour de France, el 20 de julio Peter Dejong/Associated Press

Con treinta años cumplidos y después de varias carreras sin victorias, algunos habían relegado a este ciclista colombiano casi al pabellón de retiro. Y aunque no figuraba entre los favoritos, logró ser el subcampeón del Tour de Francia. ¿Cómo llegó ahí?

Se suponía que el colombiano Rigoberto Urán no brillaría en este Tour de Francia. Por encima de él, los entendidos ubicaban a varios ciclistas europeos. Y en especial a su paisano Nairo Quintana, líder del equipo español Movistar, quien había alcanzado el podio de esa vuelta en todas sus participaciones anteriores: dos veces terminó de segundo y una vez, de tercero.

Urán, en cambio, había cruzado la meta muy lejos en sus tres intentos: puesto 52 en 2009, 24 en 2011 y 42 en 2015. Los dos últimos años habían sido los más flojos de su carrera, con éxitos medianos en pruebas de corta duración. Para algunos en las redes sociales y según los comentarios televisivos, el atleta empezaba a lucir como un veterano prematuro con una gloria que se apagaba a sus espaldas.

Grandes cosas había dejado atrás este ciclista de 30 años. Fue dos veces subcampeón del Giro de Italia, en 2013 y 2014. Ganó la medalla de plata en ciclismo de ruta durante los Juegos Olímpicos de Londres, en 2012. Y sumaba un reguero de lideratos, etapas ganadas, segundos y terceros lugares en muchas carreras del calendario ciclista profesional en Europa y América. Pero todos esos éxitos ya dormían en los registros, y casi nadie esperaba de Urán ningún logro de envergadura. Excepto unos pocos observadores atentos… y él mismo, que se entregó como un mártir a los rigores del entrenamiento en Colombia.

Rigoberto Urán a su paso frente a la basílica de Notre-Dame de la Garde en Marsella durante la vigésima etapa del Tour de France Jeff Pachoud/Agence France-Presse — Getty Images

Rigoberto Urán a su paso frente a la basílica de Notre-Dame de la Garde en Marsella durante la vigésima etapa del Tour de France Jeff Pachoud/Agence France-Presse — Getty Images

Rigoberto Urán nació en enero de 1987 en Urrao, un pueblo agricultor de Antioquia, la región montañosa que ha producido a varios grandes ciclistas, entre ellos Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, el primer colombiano que corrió en el Tour, en 1975. Fue en esas carreteras empinadas, entre fincas y caseríos poblados por campesinos, que Urán preparó su gran asalto desde fines de 2016.

El corredor contó con la confianza de su equipo, el Cannondale-Drapac, que solo le permitió correr un par de competencias cortas a principios de 2017 para enfocar todas sus energías en una sola prueba: el Tour de Francia. Desde el inicio de la vuelta el colombiano demostró que estaba en un estado óptimo.

Urán en el podio después de ganar la novena etapa del tour que comprende los 181,5 kilómetros de Nantua a Chambéry, el 9 de julio de 2017. Chris Graythen/Getty Images

Urán en el podio después de ganar la novena etapa del tour que comprende los 181,5 kilómetros de Nantua a Chambéry, el 9 de julio de 2017. Chris Graythen/Getty Images

Pero fue en la novena etapa, disputada entre Nantua y Chambéry, donde demostró que podía aspirar a la gloria en París.

Durante el peligroso descenso final hacia la meta, bajando a 80 kilómetros por hora entre las curvas sinuosas de una carretera estrecha, se produjo un accidente donde cayeron dos ciclistas que iban delante de Urán, en el grupo de los líderes. El colombiano esquivó el desastre en el último segundo, pero uno de los caídos golpeó su bicicleta y ocasionó una avería que lo dejó sin cambios en la rueda trasera.

El ciclista tuvo que enfrentar los últimos kilómetros con una relación que mantenía su cadena tensa, en una tracción pesada que exigía mayor esfuerzo de sus piernas para poder avanzar. Urán diría más tarde que, en ese trance, su único objetivo era terminar la etapa; con eso se conformaba.

Pero en el remate final, a una velocidad endemoniada, consiguió superar a sus adversarios y atravesó la meta apenas con un par de centímetros de ventaja. Fue un final de fotografía, y millones de espectadores tuvieron que esperar el veredicto de la cámara antes de conocer la hazaña: Rigoberto Urán había ganado su primera etapa en el Tour de Francia. Solo diez colombianos en toda la historia lo habían conseguido antes que él. Entre ellos Járlinson Pantano, quien le escribió un mensaje a Urán en Instagram: “Bienvenido al club”.

Un grupo de colombianos esperan para ver pasar a Urán durante la etapa 18 del Tour de France, en Col d'Izoard Philippe Lopez/Agence France-Presse — Getty Images

Un grupo de colombianos esperan para ver pasar a Urán durante la etapa 18 del Tour de France, en Col d’Izoard Philippe Lopez/Agence France-Presse — Getty Images

Urán se inició en el ciclismo a los 14 años, animado por su padre. El chico ganó su primera carrera y conoció la fortuna pero, a los pocos meses, la desgracia le estalló en la cara. Mientras entrenaba por las montañas cercanas al pueblo, su padre se cruzó con un grupo de paramilitares que le exigió ayuda para arrear unas vacas robadas. Don Rigoberto se negó, y la respuesta fue un disparo. Con la muerte prematura y violenta del padre, el hijo perdió toda la motivación y dijo que nunca más volvería a rodar.

Sin embargo, volvió. Urán siguió ganando en pequeños equipos locales y en 2006, a los 19 años, aprovechó la oportunidad de irse a Europa con un modesto equipo italiano, el Team Tenax. Entonces se produjo una suerte de reparación: primero el padre le regaló el ciclismo y luego la vida le quitó al padre; pero, en Italia, el ciclismo y la vida le regalarían unos padres adicionales. El ciclista fue recibido y apoyado por una pareja de italianos que se convirtieron en sus mentores y muchas veces se ha referido a ellos como sus padres adoptivos.

En Europa, donde están las grandes ligas del ciclismo, Urán le abrió el camino a varios colombianos que hoy figuran en el pelotón internacional. Allá vivió caídas y tropiezos.

El ciclista colombiano durante la vigésima etapa del Tour de Francia 2017 en Marsella, Francia, el 22 de julio Robert Ghement/European Pressphoto Agency

El ciclista colombiano durante la vigésima etapa del Tour de Francia 2017 en Marsella, Francia, el 22 de julio Robert Ghement/European Pressphoto Agency

En 2007, corriendo la Vuelta a Alemania, cayó y sufrió fracturas en ambos codos y una clavícula.

Más tarde, en el Campeonato Mundial de Ciclismo de 2013, en Toscana, Italia, faltando pocos kilómetros para ganar la carrera, se salió en una curva y dio varias volteretas antes de detenerse al margen de la ruta. A los pocos minutos, sobre la meta, estalló un aplauso atronador del público cuando Urán, solo por el honor de terminar la carrera, cruzó la línea despacio y maltrecho sobre la bicicleta.

En Europa, durante los últimos once años, Urán fue un pionero de su país y se consolidó como un ciclista de la élite mundial. Y en el Giro de Italia de 2013 por fin se acercó a la gloria, cuando fue líder durante varias etapas y se convirtió en el primer latinoamericano con tal logro.

Esta también es la historia de un dulce desquite contra las circunstancias, porque resume la historia contemporánea de Colombia.

Este atleta ha sabido usar el éxito deportivo para forjarse una imagen potente en Colombia, a la que se le ha sumado su carisma. En las redes sociales y las entrevistas para la televisión siempre se muestra como un tipo popular del campo colombiano que habla con el mismo acento y hace los mismos chistes ocurrentes de su región.

Urán ha construido un estilo sin esfuerzo, con naturalidad, como cualquier hijo de vecino que ha salido del pueblo para triunfar por el mundo a punta de pedaleo.

Ahora, en Colombia, gracias a historias como la suya, cada vez más niños ven el ciclismo como una opción factible de ascenso social. Y pueden decir con propiedad que ese destino es posible.

Ciclistas en Medellín celebran los avances de Urán durante la vigésima etapa del Tour de France, el 22 de julio Joaquin Sarmiento/Agence France-Presse — Getty Images

Ciclistas en Medellín celebran los avances de Urán durante la vigésima etapa del Tour de France, el 22 de julio Joaquin Sarmiento/Agence France-Presse — Getty Images

El subcampeonato de Urán, a solo 54 segundos del líder –el británico Chris Froome– tras la vigésima etapa, lo convierte en el tercer pedalista colombiano que sube a lo más alto en la carrera más importante del mundo (después de Fabio Parra y Nairo Quintana). Suma también un cuarto podio para su país en los últimos cinco años de competencia. Pero, en el fondo, se trata de algo más relevante que una resurrección deportiva.

Esta también es la historia de un dulce desquite contra las circunstancias, porque resume la historia contemporánea de Colombia. Urán nació en un pueblo subestimado, con oportunidades escasas y muy castigado por la violencia de la guerra. Muerto su padre, el ciclista tuvo que vender lotería por las calles para sostener a su familia y su destino pudo ser el de tantos muchachos de su clase y su generación, reclutados por los bandos que desde hace más de medio siglo se enfrentan en un conflicto armado interno.

Pero no fue así. Rigoberto Urán eligió una ruta alterna, quizá más improbable y más difícil, un exilio plagado de ascensos imposibles y caídas aparatosas. Lo enfrentó con decisión y llegó airoso a la cima. Ahora sube al podio en París, mira las banderas de Colombia ondeando en los Campos Elíseos y les demuestra a los incrédulos que las proezas más esquivas también pueden realizarse.

Fuente: NYTimes / Sinar Alvarado

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