La estatua anteriormente venerada como la Virgen Negra se volvió blanca después de la restauración de la catedral de Chartres. Roberto Frankenberg para The New York Times

Cuando era niño, Patrice Bertrand escuchaba a su madre contar detalles de su visita al santuario de la famosa Virgen Negra de la catedral de Chartres, unos 96 kilómetros al suroeste de París. Ahora, Bertrand, de 41 años, originario de Nantes, seguía los pasos de su madre. Pero se quedó perplejo por lo que descubrió: “La estatua que vine a ver ya no está”, dijo. La Virgen Negra se volvió blanca.

La decisión de eliminar lo que una placa en la catedral llama el “recubrimiento antiestético” del icono de madera del siglo XVI se ha convertido en el símbolo del combate contra la transformación de Chartres, que ha estado una década en trabajos de restauración. Durante casi 500 años, los peregrinos adoraban el semblante oscuro de la virgen, que le añadía el valor mítico que la devoción católica requiere. Para algunos críticos, la pintura ha borrado la memoria cultural de un edificio que, según los restauradores, ellos están salvando.

La Virgen Negra con niño en la catedral de Chartres como lucía en 2013. Elena Dijour/Shutterstock

La Virgen Negra con niño en la catedral de Chartres como lucía en 2013. Elena Dijour/Shutterstock

El interior de la catedral está libre de andamios por primera vez en diez años y se puede apreciar el efecto total del proyecto. Esta es la remodelación más importante desde que Chartres se reconstruyó entre 1194 y 1225. En los siguientes 800 años, el edificio cambió casi en su totalidad, pues el efecto del humo de las velas, las lámparas de aceite y el fuego habían oscurecido las paredes, las estatuas (incluida la Virgen) y los magníficos vitrales.

El objetivo de la restauración no solamente se limitaba a limpiar y mantener la estructura, sino que también buscaba ofrecer un vistazo al aspecto que la catedral pudo haber tenido en el siglo XIII. Su interior se diseñó para ofrecer un espectáculo luminoso, para que un peregrino pueda sentirse lo más cerca posible del cielo en la tierra. No obstante, muchos visitantes modernos han reaccionado más con desconcierto que con admiración. El crítico arquitectónico Martin Filler ha descrito el proyecto como “una profanación escandalosa de un lugar culturalmente sagrado”.

Desde que los avances de la restauración se hicieron visibles, los críticos de arte, curadores e historiadores han debatido sus méritos mediante publicaciones en medios franceses, británicos y estadounidenses. Una petición al Ministerio de la Cultura buscaba detener el proyecto. La campaña en contra afirma que la restauración viola la Carta de Venecia de 1964, que prohíbe la restauración de monumentos o sitios históricos por razones estéticas y no por razones estructurales.

El contraste entre las secciones restauradas de la catedral y las que no se han restaurado es extremo.Roberto Frankenberg para The New York Times

El contraste entre las secciones restauradas de la catedral y las que no se han restaurado es extremo.Roberto Frankenberg para The New York Times

En algún momento del debate, al responder a las críticas, el arquitecto que supervisaba las etapas más importantes de la restauración, Patrice Calvel, declaró: “Soy muy democrático, pero el público no está calificado para emitir un juicio”.

Los testimonios expresados en el libro de visitas sugieren el descontento del público con su enfoque; lo llaman “arrogante” y “kitsch”.

Anne Marie Woods, una guía de la catedral, dijo que existen argumentos académicos sólidos a favor de la restauración. Las investigaciones arqueológicas que comenzaron en 1980 demostraron que lo que aparentemente era piedra se trataba en realidad de una acumulación de suciedad que escondía una capa de cal en descomposición y dos capas de pintura, dijo.

Visitantes observan el techo de la catedral restaurado. Roberto Frankenberg para The New York Times

Visitantes observan el techo de la catedral restaurado. Roberto Frankenberg para The New York Times

Woods enfatizó que lo que parece “falso” para algunos es, en realidad, fiel al original. Las nervaduras de color marfil y las dovelas multicolores del techo pueden parecer muy llamativas, pero fueron aspectos de la catedral medieval (junto con opulentos tapetes colgantes y estatuas pintadas en colores vivos). No obstante, no poseemos la mirada medieval y no podemos apreciar el mundo del mismo modo que los peregrinos de la época.

Leila Amineddoleh, una abogada de patrimonio cultural que patrocinó la solicitud “Recuperemos la catedral de Chartres”, dijo que al agregar “una capa brillante, parte de la restauración da la impresión de que la catedral es nueva”.

Sin embargo, Jeffrey Hamburger, un historiador de arte medieval de Harvard, dijo que “no hay razón para sentirse nostálgico o romántico por la mugre”. Asociar los edificios góticos con “un ambiente profundamente oscuro y deprimente” es “básicamente erróneo”, dijo, no son “monumentos a la melancolía”.

La catedral es el punto central de la ciudad de Chartres, ubicada a 96 kilómetros al suroeste de París.Roberto Frankenberg para The New York Times

La catedral es el punto central de la ciudad de Chartres, ubicada a 96 kilómetros al suroeste de París.Roberto Frankenberg para The New York Times

La restauración busca reconstituir un templo de luz, para desechar la percepción popular del desánimo gótico. No obstante, estas acciones plantean una pregunta intrigante: ¿qué sucede cuando nuestras ideas heredadas sobre el pasado se ponen en contacto con capas de mitos acumulados?

Además, hay algunas inconsistencias en la restauración medieval: la catedral tiene iluminación eléctrica (aunque el interior luminoso disminuye la necesidad de luz artificial), el piso elegante pero disparejo continúa sin arreglo y el ábside reluce con mármol barroco restaurado. Es un reto identificar hasta qué punto una innovación está consagrada a la tradición y qué versión de Chartres debe ser conservada.

La Unesco describe las 176 ventanas de la catedral como “un museo del vitral” que ostenta una tonalidad única: azul de Chartres (una combinación de cobalto y manganeso). Las pocas ventanas aún sin limpiar sirven como promoción para la restauración de las otras, que se limpiaron de mugre y están libres de líneas de plomo de antiguas reparaciones provisionales.

La restauración no ha disminuido la devoción de algunos visitantes. Roberto Frankenberg para The New York Times

La restauración no ha disminuido la devoción de algunos visitantes. Roberto Frankenberg para The New York Times

Los críticos del proyecto argumentan que el aumento de luz ambiental, reflejada en las superficies pintadas, disminuye el efecto de los vitrales (en un artículo publicadoen Le Figaro, el crítico de arte Adrien Goetz lo comparó con “ver una película en una sala de cine donde no se han apagado las luces”). La profesora Madeline Caviness, del grupo Amigos Estadounidenses de Chartres, dice que los colores intensos en realidad se complementan: la luz de las paredes hace que las ventanas sean más luminosas. En un día nublado el juego entre la luminosidad de ambas partes aumenta la nitidez de los vitrales —cada ventanal cuenta una historia bíblica—, pero en un día soleado la intensidad de la luz hace difícil distinguirlas.

El efecto de la restauración es especialmente notable porque las paredes al centro de la catedral aún deben limpiarse. Sus vidrieras rosadas refulgen como joyas en la oscuridad, de modo similar al efecto de la catedral gótica Notre Dame de París, contemporánea de la de Chartres.

Esta semana, el arzobispo de París solicitó 119 millones de dólares para trabajos de restauración urgentes con el fin de conservar el exterior de Notre Dame. Su estructura de piedra se desmorona y sus gárgolas están dañadas. No obstante, el costo de las reparaciones va más allá de los 2,4 millones de dólares anuales asignados por el gobierno francés. Aunque los andamios al interior de Chartres ya no están, se trata solo de una medida temporal. En 2019 por fin dará inicio la restauración de las paredes centrales. La restauración de 18,5 millones de dólares tiene más o menos tres años de retraso, en parte debido a los recortes presupuestales.

No sabemos quiénes diseñaron y construyeron la catedral de Chartres, “esta gloria anónima, de entre todas las cosas; este gran bosque de piedra”, como lo llamó Orson Welles en su película F for Fake. Ahora, también la Virgen Negra es un recuerdo: la tienda de regalos vende postales solo con su rostro blanqueado, de mejillas encendidas, como si se sonrojara. Para ilustrar la complejidad de la controversia, es necesario señalar que la estatua fue un encargo para hacer una réplica de una antigua virgen muy venerada. ¿Su nombre? Notre Dame la Blanche (Nuestra Señora, la Blanca).

Fuente: NYTimes / Benjamin Ramm

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