La mañana del 22 de noviembre de 1963, Jacqueline Lee Kennedy eligió un conjunto en color rosa de lana Chanel con toques azul marinos para acompañar a su marido en la campaña por Dallas. Se prepara enfrente del espejo, practicando un español con acento, como menciona Natalie Portman: “Una mezcla de un falso acento inglés que tenían las niñas bien cuando terminaban la preparatoria, un reflejo del pasado”; pero todas sus palabras tenían un ritmo despacio, el efecto de pensar cada palabra que salía de su boca, por lo que la práctica la haría la maestra perfecta de un sueño, ese sueño que denominaría “Camelot” y que por al menos algunos días crearía y acentuaría la ilusión de un mundo nuevo para todo el planeta: el fin del comunismo, la carrera espacial, la importancia de los derechos civiles. Pero también, por unos días se vivieron los momentos más tensos que auguraban el fin del planeta o la división del mundo por medio de un muro. Con ese hombre que el 26 de junio de 1963 dijo “Todos los hombres son libres, donde quiera que vivan, son ciudadanos de Berlín, y, por ello, como un hombre libre, estoy orgulloso de decir ‘Ich bin ein Berliner!”, sin importar el hecho de que fuera un irlandés de Massachusetts. A pesar de esos momentos su muerte será recordada como la pérdida del sueño: de un mundo mejor, de una sociedad abierta, democrática, joven y vital.

“Finalmente, tanto si son ustedes ciudadanos de los Estados Unidos como si lo son del mundo, exijan de nosotros la misma generosidad de fuerza y sacrificio que nosotros le pedimos a ustedes” dijo JFK en su discurso de toma de posesión como el presidente número 35 de los Estados Unidos.  Su política interna de denominó “La nueva frontera”: fondos federales para la educación, atención médica para la tercera edad y la intervención del gobierno para detener la recesión; así como un compromiso para poner fin a la discriminación racial. Kennedy estaba a favor de una mayor igualdad y protección de derechos tanto para los ciudadanos nacidos en el país como para quienes obtuvieran la nacionalidad estadounidense y que en 1965 se convertiría en la Ley sobre Inmigración y Nacionalidad.

Así, Melania Trump a diferencia de Jackie, sabía que el conjunto “baby blue” de Ralph Lauren, inspirado el mismo color que usó Jackie el día 20 de enero de 1961, pero también el color de los abrigos de los niños el día que llevaron el cuerpo de JFK al Capitolio, 56 años después sería un acontecimiento histórico. El día que la pesadilla se convirtió en realidad. También, en un color apastelado se estamparían aquellas promesas de campaña y se llevarían acabo. A unos minutos de haber tomado juramento Trump firmaría sus primeros decretos. Estos, han sido los días más largos, para la prensa, para los inmigrantes, para las mujeres, básicamente para el mundo.

El viernes 24 de febrero se estrenó en salas mexicanas la película “Jackie”, dirigida por el chileno Pablo Larraín después de que Darren Aronofsky se la ofreciera durante un coctel de la 65avo. Festival de Berlín, donde fuera el Presidente del Jurado y Larraín ganará el Jury Gran Prix con su filme “El Club”. Aronofsky compró los derechos desde el 2010 y la idea era que él dirigiría la película y su entonces esposa Rachel Weisz la protagonizaría, después de su divorcio, pensaron en Natalie Portman pero debido a que era muy reciente que habían filmado “El Cisne Negro” decidieron esperar a encontrar al director adecuado, en palabras de Aronofsky: “Pablo es un director más experimental, más europeo, (…) es una película de arte pero también es muy emotiva. Fue capaz de traer a un icónico, con la maravillosa actuación de Portman, en una experiencia totalmente emotiva. Pablo es realmente un maestro”.

Noah Oppenheim, el escritor, comenzó el proyecto después de que le platicará a su mamá la idea de escribir un guión sobre una de las mujeres más icónicas del siglo XX y ella le diera su cuaderno con notas y fotografías de la Primera Dama. Es una película no sobre lo que sucedió sino una hipótesis de cómo se sintió Jackie a una semana del asesinato de su esposo, a partir de tres diálogos: con un periodista, Theodore H. White, un sacerdote y con la construcción de la historia y los diferentes agentes que estaban involucrados; desde la investigación de la procesión de Abraham Lincoln con William Edwin Walton, encargado de la Comisión de Bellas Artes, o la tensión con Jack Valenti, asistente especial de la Casa Blanca en cuanto Lyndon B. Johnson tomó posesión en el avión presidencial, hasta la propia familia Kennedy, especialmente con Bobby.

Es una película que busca crear una empatía con la visión de la ex Primera Dama, al mencionar el nombre de otros presidentes asesinados: James Garfield (1831-1881), William McKinley (1843-1901) y, en especial, Abraham Lincoln (1809-1865), sobre la pregunta del futuro. En uno de sus diálogos con el sacerdote, una de las últimas actuaciones de John Hurt, le comparte un pequeño consuelo: “El hombre busca el significado del tiempo, cuando uno se da cuenta de que no hay ninguna respuesta, primero lo golpea lo horrible y lo inevitable del silencio, pero  lo aceptas o te mata, y simplemente dejas buscar, y al día siguiente te levantas y preparas el café, porque es la costumbre”.

La película presenta a una mujer muy adelantada a su época, consiente de su importancia en la historia y la imagen que quería dejar, al respecto, el también director de Neruda menciona “Ambas películas son sobre los medios y como los usan para construir su imagen, pero al final no lo pueden simplemente controlar”. Al aceptar el proyecto Larraín encontró el documental del proyecto de restauración de la historia de la Casa Blanca que presentó Jackie a más de 56 millones de personas el 14 de febrero de 1962 explicando porque la restauración presenta una idea de continuidad: “La gente necesita su historia. Esto les da la fuerza. Ellos tienen que saber que verdaderos hombres vivieron aquí. No fantasmas y leyendas de libro de cuentos. La gente que afrontó la adversidad y lo venció”. En la película se presenta casi cuadro por cuadro una recreación de este documental. Al final, el Presidente Kennedy se une al tour y menciona la importancia de las visitas, que en ese entonces eran más de 1 millón de personas, la mayoría niños y jóvenes, así la casa les presentaría la idea de ser mejores americanos y a lo mejor soñar que algún día ellos podrían vivir ahí, curiosamente al final dice “especialmente a las niñas”.

En la película, durante la entrevista Jackie habla de las nuevas tecnologías preguntándose sobre si la “verdad” es cuando lo lees, y la importancia de la televisión “la gente lo puede ver con sus propios ojos”, de ahí es que cada paso de Melania Trump es revisado con un escrutinio, Gabriela Wiener lo describe: “cuando veo la mirada perdida de Melania, tan lejana que hace que las flores del mantel parezcan tener más vida que ella, tengo ganas de aplaudirle en medio de la nariz, como cuando se despierta a las personas hipnotizadas” y como un guión cómico se convirtió en un meme, en un un gift de la perdida de esos valores: desde bajar del auto, las miradas a su marido o de cómo caminar.

Durante toda la película vemos una serie de acercamientos, con pequeños gestos que nos acerca a lo que estaba dentro, una especie de mapa de su dolor. Para Portman: “Actuar es un acto de confianza”, Jackie sabía lo que estaba haciendo, era una enciclopedia de datos, de personas, que aunque estuviera en el otro lado de la puerta sabía lo que ocurría en todas las habitaciones de la Casa Blanca. Así, frente a las cámaras, aunque se viera un poco tímida, tenía la suficiente fuerza para presentarse como la mujer que debía ser, una madre para la nación, en palabras del periodista. A diferencia de Melania que se presenta como “la mujer-florero, la mujer-objeto, la mujer detrás del “gran” hombre”…” literalmente oculta en una torre de cristal y evitando toda la responsabilidad de su puesto.

A pesar de que todo ha ocurrido en menos tiempo de lo esperado los colores pasteles han sido capaces de retener el recuerdo de la muerte de un sueño, en el caso de Melania la muerte de un sueño de igualdad, del “hope” de Obama o simplemente de un proyecto de sanidad al que Trump hizo referencia desde el primer día en la Casa Blanca y que menciona “Nadie sabía que la sanidad sería un tema tan complicado”. A lo que podríamos pensar en lo que Kennedy dijo sobre la carrera espacial: “Nosotros escogemos ir a la Luna y hacer otras cosas, no porque sea fácil, sino porque es difícil”.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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