El ataque brutal de fanáticos musulmanes a la revista francesa Charlie Hebdo, del que fuimos testigos millones de seres humanos, se ha convertido en unos cuantos días en el paradigma de la intolerancia fundamentalista llevada a extremos criminales. Ante el doloroso e indignante asesinato del director de la revista junto con otros caricaturistas, redactores, colaboradores y dos policías, han surgido cientos de miles de voces en el mundo entero en defensa de la libertad de expresión.

Arde, pues, Europa, podríamos decir, parodiando el título de una famosa película bélica, si bien en este caso el fuego proviene de un grupo de terroristas que con sus actos irracionales han logrado concitar la respuesta indignada de millones de personas. Millones de mujeres y hombres de todas las edades y nacionalidades que no pueden –no podemos– concebir que la reacción ante la crítica, así llegue a ser en extremo irreverente o burlona, sean los arteros asesinatos de quienes no tenían más arma que su pluma o sus lápices de dibujantes.

Charlie Hebdo ha sido durante más de dos décadas una revista que ejerce la crítica sin concesiones, indistintamente de religiones y personajes. Por supuesto que se trata de un tipo de periodismo que no a todos agrada, e incluso se entiende que llegue a generar molestias o inconformidades. Pero en una sociedad democrática se asume que con la misma libertad y derecho que tienen quienes ejercen la crítica, aquellos que se sientan agraviados por ella pueden proceder a inconformarse e incluso demandar, pero sin que medie la violencia y, menos aún, el asesinato.

Tales crímenes, que tanta y procedente condena han generado en la comunidad internacional, merecen nuestro rechazo, no sólo porque nos resultan especialmente dolorosos y absurdos, sino porque nos parecen incomprensibles e inaceptables en la sociedad del siglo XXI. Imposible concebir o admitir los odios y fanatismos que atentan contra la razón, la civilidad y la humanidad misma.

De igual forma, cuando se trata de dirimir conflictos entre un país y otro, más allá de los individuos, existen la Organización de las Naciones Unidas, así como distintas instancias internacionales para enfrentar problemas y retos con acuerdos negociados donde reinen la tolerancia, la justicia, la cordura y la paz. Sin embargo, todavía en los tiempos actuales atestiguamos episodios de barbarie y sinrazones, que por fortuna terminan por revertirse contra sus propios autores.

La reacción prácticamente en todos los países ha sido de protesta y rechazo a tan cruentas e injustas acciones. Desde luego, ha sido Francia, y muy particularmente su capital, París, el escenario de las expresiones más intensas, ejemplares y unánimes en contra del terrorismo. Las marchas multitudinarias en las calles parisinas han sido expresiones claras y contundentes de la defensa ferviente de los valores humanos y sociales, de la democracia y la libertad.

La protesta pública ha transitado hacia la acción mediante el compromiso de los dirigentes de las naciones europeas y de otras regiones a fin de establecer una estrecha y permanente colaboración que les cierre el paso a estos grupos furibundos que se escudan en el Islam.

También, hay que señalarlo, ha sido revelador y tranquilizante advertir que millones de musulmanes reprueban estos crímenes y se deslindan de la violencia con la que actúan estos engendros dentro y fuera de Francia.

México también se ha sumado a la condena internacional por estos asesinatos. Como ciudadanos no sólo nos corresponde solidarizarnos con esta respuesta contra la intolerancia, sino también combatir en nuestro propio territorio toda manifestación discriminatoria, violenta y fundamentalista. No podemos ni debemos olvidar que en años recientes han sido agredidos, asesinados y desaparecidos decenas de periodistas mexicanos y se han registrado otras acciones criminales, lo mismo en los linderos de los nefastos cárteles de la droga que en hechos delincuenciales en general.

Allá y aquí la tarea colectiva debe seguir sin cesar en contra de quienes maten, roben, secuestran o afecten derechos y libertades de cualquier ciudadano o grupo social.

 

 

 

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Martha Chapa

Martha Chapa

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En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta. Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país. Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana. Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad. En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza. Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas. Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético. Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro. Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto. De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas. Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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