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La huida: Remedios Varo en el Museo de Arte Moderno

María de los Remedios Varo y Uranga desde muy pequeña sabía que su vida no sería como la de otras niñas, propensa a la fantasía en una educación de señoritas de buena familia, la única forma de escapar de ese destino era por medio de una huida. El escape no sólo sería de un papel estereotipado de un espíritu católico español durante el reinado de Alfonso XIII y del General Primo de Rivera, sino de su apropiación de la femineidad, como ciudadana del mundo y como artista. Siempre tendría listas las maletas listas para emprender el camino a aquel lugar que le ofreciera un mejor futuro de lo que vivía. Siempre nómada, los medios de transporte son parte fundamental de la iconografía de su obra. Por lo que, al pintar el tríptico que conforman: “Hacia la torre”, “Bordando el manto estelar” y “La huida”, lo que platicaba era su vida de joven intentando encontrar su lugar en el mundo, entre su propia historia, sus sueños, sus fantasías, sus lecturas, las historias de sus amigas, los sueños de Kati Horna, los hechizos en compañía de Leonora Carrington, las pláticas con Gunther Gerzso, y sus múltiples amores, los cuadros se iban conformando de fragmentos de todos, para terminar siendo piezas únicas, irrepetibles, detallistas que enamoran a primera vista.

Después de muchos años de viajar, desde pequeña, ya que su padre era ingeniero especializado en obras hidráulicas, durante de adolescencia se establecieron en Madrid, donde, gracias al apoyo y las enseñanzas de su padre entró a la Academia de San Fernando. En este tiempo Remedios ya no esperaba a un príncipe azul que le ofreciera una vida de ensueño, ella ya soñaba con “El Jardín de las Delicias” de El Bosco, al cual recurría constantemente. No sería una estudiante promedio, sería una de las mejores de sus clases, con una gran capacidad de enfocarse en los detalles estudió dibujo técnico enfocado en cuestiones científicas, cada trazo, cada color, cada textura tendría comunicar exactamente lo que estaba viendo. Ahí, con el cabello decolorado se llenaría de las energías de un surrealismo latente, con Salvador Dalí, Luis Buñuel, Federico García Lorca, Rafael Alberti, sabía que había encontrado su iglesia.

De venir de una educación católica, donde el control, la estabilidad y la unanimidad son el pan de cada día, el surrealismo era una bocanada de aire fresco, un destino que seguir una forma de romper con el destino. Remedios refleja constantemente al destino como el hilo de Ariadna que se teje a base de puntada y puntada, casi siempre mujeres aisladas del mundo exterior, encerradas en habitaciones tan cotidianas que dejan de parecer prisiones del espíritu y ellas mismas se convierten en parte del mobiliario. Remedios sabía que ella podría tejer ese destino, gracias a su abuela, había aprendido, el pueblo donde nació Anglés era un centro de la industria textil, con sus grandes máquinas, sin embargo, sabía que había algo afuera de aquellas paredes. En ese momento conoció a Gerardo Lizarraga, un compañero de la Academia, que la tomaría de la mano para llevarla a nuevas historias inesperadas. Se casarían en 1930 en San Sebastián. El matrimonio le ofrecía vivir alejada de las miradas autoritarias de su familia que la llevarían a vivir por gusto, primero en París y después en Barcelona.

La tensión política de la época, sería uno de los motores más poderosos para mover a Remedios, primero fuera de España, a la que no podría regresar, después Francia, para llegar a la Ciudad de México. Aquella pequeña niña tuvo que aprender a crear su propio mundo: “No nos encontramos aquí sencillamente ante la obra de una pintora, sino ante la creación de un mundo: un mundo total, un mundo coherente, un mundo secreto” Jomí García Ascot. Un mundo que le tomó toda una vida el incubar dentro de ella en lo que tomaba todo lo que estaba a su alrededor. “Llegué a México buscando la paz que no había encontrado, ni en España – la de la revolución- ni en Europa –la de la terrible contienda-, para mi era imposible pintar entre tanta inquietud” decía Remedios al llegar en 1941.

Desde su llegada al momento de su mayor producción artística, pasarían más amantes, más amistades, más trabajos: como ilustradora de Bayer, como escenógrafa, como decoradora de muebles, como restauradora-falsificadora de piezas prehispánicas, de viajes en el Onírico; hasta llegar al refugio también móvil de la protección de Walter Gruen, finalmente donde puedo dejarse llevar por la creación artística sin tenerse que preocuparse por cuestiones cotidianas y simplemente, pintar por horas. Así, en 1956 su primera exposición en la Galería Diana sería todo un éxito. Los encargos de obra crecieron, la idea de hacer un mural apareció, pero Remedios fue una estrella, una estrella fugaz, y solamente ocho años después su corazón se pararía.

Entre sus últimas piezas se encuentra el tríptico que narraría su juventud. Y que hoy en día el panel de “La huida” es la pieza de bienvenida y despedida de la exposición “Adictos a Remedios Varo. Nuevo Legado 2018” en el Museo de Arte Moderno. Remedios era una artista que realizaba sus piezas a la usanza renacentista, primero hacía un boceto de tamaño de la pieza, después la calcaría y comenzaría a pintar con los pinceles más finos para lograr las veladuras y texturas deseadas, a la usanza de El Bosco, así casi todas sus pinturas cuentan con varios bocetos y con la calca del mismo tamaño, donde podemos apreciar su pericia en los detalles. Al entrar a la muestra vemos las piezas casi juntas, como si jugaran con las espirales del tiempo y espacio que tanto le gustaban a Remedios.

“La huida” es un óleo de 122 x99 cm donde una joven rubia de enormes ojos azules y nariz respingada vestida como de uniforme escapa en una barca que flota entre agua-nubes color ocre, con un compañero que sostiene su camisa como si fuera la vela que guía la barca hacia lo alto de una cueva en una montaña. No sabemos que le deparará a la pareja al llegar al otro lado, lo que si vemos es la decisión de ella, su seguridad de ver hacia delante. La pieza tiene dos momentos técnicos, primero el fondo realizado en las técnica surrealista como frotage para darle una textura particular al agua-nubes y a la montaña, y después la calca de figuras centrales donde casi casi podemos apreciar el detalle de cada puntada de su ropa o el material de la barca.

Remedios cuenta “Como consecuencia de su trampa consigue fugarse con su amado y se encaminan en un vehículo especial, a través del desierto, hacia una gruta”, ese gruta será como la puerta que lleva a Alicia al país de las maravillas.

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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