Anteojos que pertenecían a una víctima del campo de concentración y exterminio Pawel Sawicki/Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, vía Musealia

A más de 72 años de la liberación de Auschwitz, la primera muestra itinerante sobre el campo de exterminio de los nazis iniciará un viaje a finales de este año por 14 ciudades de Europa y América del Norte, con la cual llevará objetos desgarradores a públicos que nunca han visto de cerca ese horror.

La iniciativa es uno de los intentos de más alto perfil que se haya llevado a cabo para educar e involucrar a los jóvenes, para muchos de quienes el Holocausto es, en buena medida, un pedazo de historia poco comprendido y muy lejano. La casa de Ana Frank, el Museo Judío de Berlín, el Museo Conmemorativo
del Holocausto de los Estados Unidos y otros recintos culturales se están esforzando por lograr que un mundo cuya atención es difícil captar preste la suya a una parte oscura de su pasado.

Sin embargo, las sensibilidades se ponen a flor de piel ante la mención de que alguna parte de Auschwitz va a salir “de gira”. Los organizadores de la muestra, entre ellos el propio Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, tuvieron que explicar que, en efecto, es probable que los visitantes tengan que pagar por entrar, al menos en algunos lugares. No obstante, los funcionarios del museo polaco y la empresa detrás de la muestra aseguran que la intención no es monetizar el sufrimiento de millones de víctimas de los nazis.

Varios líderes judíos prominentes expresaron su apoyo para llevar las piezas de Auschwitz a gente que de otra forma no podría ver esta historia. Mencionaron que no les preocupa demasiado que vaya a haber una tarifa de entrada, que los organizadores aseguraron sería una cuota pequeña, en caso de que la haya, y que el ingreso será gratuito para estudiantes.

“Si me dijeran: ‘Vaya, van a salir de gira con esta exposición para volverse millonarios’, me opondría”, dijo el rabino Marvin Hier, fundador del Simon Wiesenthal Center, una organización judía de derechos humanos. “Pero si van a ganar lo que normalmente se considera una cantidad justa en vista de que el objetivo final es que cientos de miles de personas en diferentes partes del mundo puedan ver la muestra, creo que eso es legítimo”.

El zapato y el calcetín de un niño Pawel Sawicki/Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, vía Musealia

El zapato y el calcetín de un niño Pawel Sawicki/Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, vía Musealia

La exposición —anunciada recientemente por el Museo Estatal Auschwitz-Birkenau y la empresa española Musealia, responsable de la organización— incluirá piezas del museo tales como una barricada, un vagón de carga del mismo tipo que se utilizó para transportar prisioneros, cartas y testimoniales, una máscara de gas, una lata que tenía municiones de gas Zyklon B y otros recordatorios de las cámaras de gases del complejo.

Después de siete años trabajando para montarla, la muestra responde a un aumento del antisemitismo en Europa y en otras partes del mundo, señalaron las personas involucradas en el proyecto.

“Nunca habíamos hecho nada por el estilo, y es el primer proyecto de esta magnitud en el mundo”, dijo Piotr Cywinski, director del museo estatal, el cual se encuentra donde estaba el antiguo campo, al sur de Polonia. “Lo habíamos estado pensando durante mucho tiempo, pero no sabíamos cómo hacerlo”.

A pesar de que el Holocausto sigue siendo uno de los principales temas de estudio de los historiadores y ocupa un lugar importante en los planes de estudio de muchos países, las generaciones jóvenes saben cada vez menos sobre los campos, explicó Cywinski.

La muestra tendrá su primera parada en Madrid, donde se espera la inauguración en diciembre, y después estará de gira durante siete años. Las fechas y lugares precisos se anunciarán en algún momento de agosto.

Ya no basta “sentarse al interior de cuatro muros, mirar la puerta y esperar a que entren los visitantes”, afirmó Cywinski, por lo cual los funcionarios del museo decidieron llegar a un público más global.

Una caja de madera que Bronislaw Czech, un prisionero polaco, hizo en Auschwitz. Czech se involucró en el movimiento de resistencia antialemana en 1939, presuntamente como mensajero de montaña. Pawel Sawicki/Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, vía Musealia

Una caja de madera que Bronislaw Czech, un prisionero polaco, hizo en Auschwitz. Czech se involucró en el movimiento de resistencia antialemana en 1939, presuntamente como mensajero de montaña. Pawel Sawicki/Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, vía Musealia

El proyecto fue abordado por primera vez en 2010, cuando Musealia, una empresa que ha montado exposiciones que incluyen objetos del Titanic, se puso en contacto con el museo.

Luis Ferreiro, el director de la empresa, dijo que la idea surgió mientras lloraba la muerte de su hermano de 25 años de edad. Ferreiro encontró consuelo en El hombre en busca de sentido, un libro que escribió un sobreviviente del Holocausto y psiquiatra Viktor Frankl sobre sus experiencias en cuatro campos de exterminio después de las muertes de su esposa embarazada, sus padres y su hermano.

Inspirado por las lecciones de supervivencia espiritual del libro, Ferreiro comentó que decidió hacer el intento de acercar el tema del Holocausto a aquellos que tal vez nunca vayan a tener la oportunidad de visitar el museo en Polonia.

A Ferreiro le tomó tiempo ganarse la confianza de la junta directiva del museo de Auschwitz, la cual se sorprendió de recibir tal solicitud de una empresa dedicada a las exposiciones que era ajena al mundo de los museos.

La junta exigió que los objetos se mantuvieran vigilados en todo momento y que la muestra cumpliera con los estrictos requisitos de conservación del museo, como contar con los medios de transporte y almacenamiento adecuados, así como con que los espacios seleccionados para la exposición tuvieran la iluminación suficiente y un control del clima.

La hebilla de cinturón de un uniforme de la SS alemana Pawel Sawicki/Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, vía Musealia

La hebilla de cinturón de un uniforme de la SS alemana Pawel Sawicki/Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, vía Musealia

El museo también insistió en que los objetos fueran presentados en contexto histórico, en especial porque las nuevas generaciones solo entienden vagamente muchos de los aspectos de la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, la exposición recalcará que aunque en España —gobernado en esa época por el dictador y aliado de Hitler Francisco Franco— no había comunidades judías extensas, hubo excepciones notables, como la de Ángel Sanz Briz, un diplomático español en Hungría que salvó la vida de más de 5000 judíos al evitar que los deportaran a Auschwitz.

“En otras palabras, queremos mostrar que el régimen de Franco simpatizaba de manera evidente con los nazis, pero que hubo españoles que pudieron hacer la diferencia, y la hicieron”, señaló Robert Jan van Pelt, profesor de historia de la Universidad de Waterloo en Canadá y académico especialista en el Holocausto que ha trabajado en la muestra.

En cuanto al aspecto moral de cobrar dinero por mostrar objetos de un campo de exterminio y que esos ingresos probablemente se conviertan en ganancias, Ferreiro dijo que las exposiciones itinerantes como esta suelen generar gastos enormes. Montarla ya ha costado más de 1,5 millones de dólares y no hay garantías de que vaya a ser financieramente viable, afirmó Ferreiro.

Musealia ofrecerá a los museos que quieran albergar la exposición una tarifa única que incluirá la transportación, instalación, diseño y todo el contenido.

“Necesitamos generar un ingreso para mantenernos nosotros y al proyecto, pero nuestro objetivo es concentrarnos en las metas sociales más importantes, tales como el entendimiento y la educación”, señaló Ferreiro.

Siegfried Fedrid en 1927 junto a su familia en Viena antes de la guerra. Fedrid sobrevivió a los campos nazis de las ciudades polacas de Lodz y Auschwitz. Colección del Holocaust Center for Humanity, Seattle; cortesía de Eleanor Fedrid

Siegfried Fedrid en 1927 junto a su familia en Viena antes de la guerra. Fedrid sobrevivió a los campos nazis de las ciudades polacas de Lodz y Auschwitz. Colección del Holocaust Center for Humanity, Seattle; cortesía de Eleanor Fedrid

El museo de Auschwitz recibirá una cantidad anual fija para cubrir cualquier gasto resultante del proyecto, aunque ni los funcionarios del museo ni Musealia especificaron la cifra. Si la muestra es redituable, se aumentará la cantidad que recibirá el museo, afirmó Ferreiro.

La historia de Auschwitz contada a través de los objetos tratará sobre la ubicación física de los campos y su estatus como símbolos de la estructuración de la barbarie y el odio. La muestra comenzará con la historia de Oswiecim, lugar donde se ubicaron los campos alemanes en Polonia, cuya población era 60 por ciento judía antes de la guerra. A esa historia le seguirán los orígenes del nazismo después de la Primera Guerra Mundial.

De las 1150 piezas originales que serán exhibidas, 835 pertenecen al museo estatal. El resto de los objetos han sido prestados por otras instituciones, como Yad Vashemde Israel, o fueron ofrecidos directamente por sobrevivientes y sus familiares, por lo que muchos de ellos nunca antes han sido exhibidos.

Sin embargo, se escogió cada objeto para ayudar a mostrar la historia del Holocausto.

Van Pelt, el historiador, mencionó una manta café que perteneció a Siegfried Fedrid, un judío nacido en Viena que fue prisionero en los campos de Lodz, una ciudad ubicada en el centro de Polonia, y de Auschwitz. La manta es un préstamo para la muestra hecha por el Holocaust Center for Humanity de Seattle, el cual obtuvo la manta de la familia de Fedrid, quien murió en 1963. Fedrid compartió la cobija con otros cinco prisioneros, con lo cual probablemente les salvó la vida durante una marcha en un invierno siniestro.

En enero de 1945, cuando la SS de Auschwitz ordenó evacuar el campo, Fedrid tomó una manta, la cual compartió con otros prisioneros en su marcha hacia Dachau. Colección del Holocaust Center for Humanity, Seattle; cortesía de Eleanor Fedrid

En enero de 1945, cuando la SS de Auschwitz ordenó evacuar el campo, Fedrid tomó una manta, la cual compartió con otros prisioneros en su marcha hacia Dachau. Colección del Holocaust Center for Humanity, Seattle; cortesía de Eleanor Fedrid

Hier, el rabino, dijo que los objetos del Holocausto deben viajar por el mundo para que se pueda tener la certeza de que no se desvanecerán los recuerdos de esa época.

Actualmente “están los últimos remanentes, las últimas décadas en las que los sobrevivientes o testigos que siguen vivos pueden describir los eventos”, comentó Hier. “Pronto ya no quedarán sobrevivientes”.

Cywinski, del museo de Auschwitz, dijo que esperaba que la muestra fuera provocadora, y que se trazaran patrones que conecten el ascenso del nazismo con los sucesos que están aconteciendo en el mundo actual. Mencionó el populismo, la propaganda, el odio institucionalizado y una comunidad internacional a la cual a veces considera aparentemente ciega ante estas fuerzas sociales.

“La memoria que es inteligente y reflexiva no se limita al pasado, sino que permite definir la realidad y proyectar el futuro”, afirmó Cywinski. “De otro modo, ¿para qué necesitaríamos la memoria?”


Fuente: NYTimes / Joanna Berendt

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