“Soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que se pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros”

Octavio Paz, Piedra del Sol, 1957.

Hace unos días, del 14 al 16 de noviembre, se presntó en el Muac el encuentro “El Museo Digital: Futuro y Posibilidades”, para reflexionar sobre el presente de la revolución digital y los museos, con varios ejemplos y casos exitosos de la conjunción entre los recintos y la tecnología, así como el futuro de esta relación. Si la tecnología es una herramienta que ayuda a comunicar los valores de las instituciones la pregunta es ¿cuáles son estos valores? y ¿cómo influyen en la sociedad?

Así mismo, se acaba de estrenar en salas comerciales, después de ser presentada en la Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional y el Festival Internacional de Cine de Morelia, la película ganadora de la Palma de Oro de Cannes de este año: “The Square”, de Ruben Östlund, o el infortunado título en español “The Square o la farsa del arte”, presenta a un curador en jefe de un museo de arte contemporáneo, Christian (Claes Bang). “The Square” es el título de una pieza que se realiza en la plaza frente al Museo, después del retiro accidentado de una escultura ecuestre, esto nos puede sonar conocido. “The Square” es la más reciente adquisición de una artista argentina a la colección del museo que propone ser un espacio de igualdad, de reflexión, de ayuda y, a partir de ahí, muestra algunos días previos de la inauguración, la vida dentro y fuera del museo del curador.

Mientras que en los discursos curatoriales en las exposiciones, en el montaje de piezas o en conferencias que se presentan en museos, en galerías, incluso en las calles se hablan de valores “universales” de una sociedad demócrata e igualitaria, lo que dejan en evidencia ambos acontecimientos, tanto el encuentro como la película, es la diferencia entre lo que se quiere mostrar y lo que se es. Si no fuera así, la conferencia de Elizabeth Neely de la American Alliance of Museums, AAMD por sus siglas, de Washington, no habría sido tan favorablemente recibida y sorprendente. Ante la pregunta que planteó: ¿Cuál es la gran oportunidad? de la conjunción entre los discursos museográficos y la tecnología, la respuesta es “Enseñar a los humanos a ser mejores humanos”. Así, “The Square”, como pieza, sería el ejemplo de esto, en la que propone que al entrar físicamente a ese espacio todos somos iguales, todos nos vamos a ayudar y vamos a ser mejores: “The Square es un santuario de confianza y caridad. En el que todos compartimos los mismos derechos y obligaciones” de acuerdo a Christian. ¿Será que es necesario entrar a un espacio en la que te comprometen de esto? No se supondría que en la idea de nación y de ciudadano estaríamos ya comprometidos a realizar esto.

Mientras que en la conferencia del Muac el compromiso era ante los valores de: empatía, diálogo, complejidad, creatividad, inclusión y valentía, y son los mismos que se buscan en la obra de arte, la realidad es que todo lo que se encuentra alrededor es lo suficientemente turbio para alterar el orden y es lo que nos muestra la historia del curador. Con una anécdota sencilla, sumamente incómoda, en un inicio hay una empatía con el personaje principal, sin embargo, conforme va sucediendo se vuelve más absurda. La farsa no es en el arte, la farsa es la forma de vivir, es la imposibilidad de llevar aquellos principios que les damos al arte en la vida.

Una anécdota que atraviesa muchos de los problemas contemporáneos sociales, problemas que no son cuestiones de museo o de un país, como Suecia, que se propusó como zona de refugio, es sobre el sentido de comunidad y el norte en la brújula moral. La anécdota se pinta simpática pero más allá de esa primera lectura es una reflexión profunda. En efecto, si toca cuestiones que parecieran absurdas del arte contemporáneo, desde el uso del International English Art, el art land o el happening, que curiosamente se replican en la vida del curador y resuena su poca astucia para poder vivir.

Ante la pregunta: ¿Cuál es la misión principal de los museos? Se acompaña la pregunta ¿Los museos deberían ser lugares que fomenten la felicidad? Obviamente, cada museo tiene una finalidad diferente, entonces la pregunta sería ¿Cuándo se va el visitante, qué sensación, qué experiencia, qué reflexión quiere que se lleve? Pareciera, que hay una desconexión entre lo que los equipos que trabajan en los museos y como lo muestran y, lo que los visitantes se llevan, una diferencia entre lo que se quiere comunicar y lo que se lee – aquí la importancia de la exposición “Aprendiendo a leer de John Bladassari” en el Museo Jumex. Justo ahí, es donde se alcanza el punto más alto de la película, y que muchos museos han vivido, el momento de controversia. Los museos ya no son estas instituciones claras, definidas, categóricas -si es que alguna vez fueron-, ahora tienen que buscar la forma de adaptarse a los nuevos tiempos -sin caer en la inmediatez de las “fake news”- la competencia en términos de atención ya no es con otros museos, sino es con todo que surge de la cultura popular.

Neely plantea a los museos las siguientes preguntas: ¿Cuál es nuestra postura? ¿Cuál es nuestro acercamiento? ¿Hay algún código digital de adaptación?, muy ad hoc en la temática de la película, ¿Cómo el museo ha cambiado de acuerdo a las nuevas herramientas de comunicación? ¿Cuál es la reacción del museo ante la agilidad de los soportes digitales?  Pareciera que en ocasiones viviéramos en lugares desconectados, pero la realidad es que la pertinencia del arte contemporáneo está mucho más presente de lo que nos podemos imaginar, el museo es un espacio de comunicación, y de experimentación especialmente en el arte contemporáneo, para aprender a estar nosotros juntos y romper la diferencia con el otro, y por eso es interesante las preguntas que presentan en conjunto la película y las conferencias del Muac, pero no solamente para sumar a las eternas quejas del arte contemporáneo, sino sobre las eternas ambigüedades de la vida misma y como nos planetamos en ella misma.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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