Árboles de plátano aplanados por el huracán María en Yabucoa, Puerto Rico Victor J. Blue para The New York Times

José A. Rivera, un agricultor en la costa sureste de Puerto Rico, estaba parado en medio de su granja aplanada de plátano el domingo e intentó estimar cuánto le había costado el huracán María.

“¿Cómo calculas el costo de todo?”, dijo Rivera.

Desde ese punto hasta donde yo podía ver, cada uno de sus 14.000 árboles estaba caído. Lo mismo para los cultivos de camote y pimiento morrón. Su vecino, Luis A. Pinto Cruz, conocido por todos en ese lugar como Piña, calcula que perdió alrededor de 300.000 dólares en cultivos. El capataz al final de la calle, Félix Ortiz Delgado, pasó la tarde jalando con el rastrillo los pedazos restantes de la granja que él administra. Encontró cerca de diez mazorcas de maíz secas con las que podría alimentar a las gallinas. El viento se llevó lo demás.

“No habrá comida en Puerto Rico”, Rivera predijo. “Ya no hay agricultura en Puerto Rico. Y no habrá durante un año o más tiempo”.

El huracán María tocó tierra aquí el miércoles como un huracán categoría 4; su fuerza y furia arrancaron de cada árbol las hojas y también la corteza, lo que hace lucir a la que era una rica región agrícola como el escenario de una sequía posapocalíptica. Filas y filas de campo fueron despojadas de todo. Las plantas simplemente volaron.

En unas horas, el huracán María devastó aproximadamente el 80 por ciento del valor de la cosecha en Puerto Rico —lo que convierte a María en una de las tormentas más costosas en impactar a la industria agrícola de la isla, dijo Carlos Alberto Flores Ortega, el secretario de Agricultura de Puerto Rico.

En la isla, el prolongado ataque de María acabó con plantaciones completas y destruyó graneros de lácteos, así como gallineros industriales. Los cultivos de plátanos y café fueron los más dañados, dijo Flores Ortega. Los deslaves en las áreas montañosas del interior de la isla acabaron con muchos caminos, una gran parte de la infraestructura agrícola.

La isla sufrió pérdidas por 780 millones de dólares en ganancias agrícolas, de acuerdo con las cifras preliminares del Departamento de Agricultura. El huracán Georges en 1998 acabó con el 65 por ciento de las cosechas y el huracán Irma, que solo tocó superficialmente la isla, causó daños por cerca de 45 millones de dólares a la producción agrícola.

Durante más de 400 años, la economía de Puerto Rico se fundamentó en su agricultura, históricamente basada en la caña de azúcar, el tabaco y los cítricos. La economía de la isla rápidamente se industrializó después de la Segunda Guerra Mundial, lo que causó la caída de la producción agrícola. En años recientes, en parte debido a la recesión económica, las personas han vuelto al campo y la industria atraviesa un pequeño renacimiento, al crecer entre tres y cinco por ciento cada año durante los seis años pasados, dijo Flores Ortega. Un creciente movimiento del campo a la mesa ha generado optimismo en años recientes sobre un renacimiento agrícola.

Félix Ortiz Delgado observa el daño a sus cultivos el domingo. Victor Blue para The New York Times

Félix Ortiz Delgado observa el daño a sus cultivos el domingo. Victor Blue para The New York Times

Rivera dijo: “Cuando escuché al meteorólogo decir que el huracán de categoría dos se ha había convertido en uno de tres y luego en uno de cuatro, pensé: ‘Se acabó la agricultura en Puerto Rico’. Esto es realmente una catástrofe.”

Precisó que otras islas que exportan comida a Puerto Rico, como la República Dominicana, Dominica y la isla de San Martín, también fueron impactadas y que el abasto de comida podría ser más precario si los otros proveedores de la isla también resultaron afectados.

Ortiz Delgado, de 80 años, dice que ha trabajado en estos campos durante siete décadas. Él ha sobrevivido su parte de huracanes, incluido Georges, que arrasó la refinería de azúcar local en 1998.

Efraín M. Robles Menéndez, un productor de lácteos, dijo que los ganaderos habían recibido un duro golpe, porque no solo hay un gran daño a la infraestructura necesaria para mantener en pie el negocio, pero la cadena de suministro también fue cortada. Con las tiendas cerradas y sin energía eléctrica, los camiones para transportar los lácteos no han llegado.

“Desde el miércoles, he tirado 4000 litros de leche al día”, dijo. “Regresen más tarde y vean cómo la arrojo al drenaje”.

Algunos ven el potencial para que algo positivo surja a raíz del desastre. Los funcionarios de agricultura esperan que sea una oportunidad para la isla de modernizar su atrasada industria agrícola.

José A. Rivera, a la izquierda, su hermano, Ángel, y su sobrino, Javier Cacho Serrano, evaluaron el cultivo destruido de plátano en Yabucoa. Victor Blue para The New York Times

José A. Rivera, a la izquierda, su hermano, Ángel, y su sobrino, Javier Cacho Serrano, evaluaron el cultivo destruido de plátano en Yabucoa. Victor Blue para The New York Times

Puerto Rico actualmente importa alrededor del 85 por ciento del alimento que consume y exporta solo 15 por ciento de lo que produce, según cifras del gobierno. Puerto Rico, afirma Eduardo Bhatia Gautier, un senador local, podría dar servicio a una creciente demanda de alimentos orgánicos en la porción continental de Estados Unidos. Él estima que podría tomar por lo menos un año para volver a poner en marcha la industria, mientras el suelo se recupera y los agricultores vuelven a plantar los árboles.

Pero el optimismo a largo plazo es de poca ayuda para los agricultores que contemplan la destrucción a su alrededor.

Pinto Cruz, de 62 años, viajó a la capital en su auto la semana pasada para abastecerse de vegetales para vender en un kiosco que opera con su esposa. Lo hizo porque sus 14.000 árboles de plátano están muertos y no tiene nada de su cosecha para vender.

En el viaje a San Juan, observó los árboles caídos, los postes de teléfono derribados, los enredados cables de electricidad, así como los techos y las estructuras destrozadas y rompió en llanto.

“No puedo soportar ver a mi país en pedazos”, dijo, conteniendo las lágrimas.

Pinto Cruz también perdió todo su ganado. Literalmente: no sabe dónde se encuentra.

Él planea empezar desde cero como lo hizo hace una década cuando perdió todo debido a una inundación. Él recibirá cerca del 35 por ciento del valor de parte de la aseguradora, y no se rendirá, dijo, al usar una expresión que se ha convertido en una popular etiqueta en redes sociales: #YoNoMeQuito.


Fuente: NYTimes / Frances Robles y Luis Ferré-Sadurní

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