La relación entre Rusia e Irán resulta interesante y preocupante para las potencias de Occidente, dado que el interés que parece unir a ambos Estados es el rechazo de la influencia estadounidense en Medio Oriente, sin que esto signifique una futura ausencia de poder hegemónico en la región.

Históricamente Rusia e Irán han sido rivales; Irán incluso llegó a perder en los años de 1800 territorios ante el entonces imperio ruso. Alrededor de 1900, los intereses comerciales mejoraron las relaciones ruso-iraníes. El Shah necesitaba una fuente de financiamiento y Rusia se veía interesada en expandir su esfera de influencia. La situación se complicó con la Revolución rusa de 1917. A la par que los revolucionarios rusos apoyaban movimientos separatistas en Irán, la población iraní miraba con ojos de desconfianza lo que sería la Unión Soviética.

La invasión rusa a Afganistán fomentó la desconfianza iraní, así como la paranoia soviética ante una posible radicalización de grupos musulmanes en territorio soviético (Borshchevskaya, 2017). Durante la Guerra Fría, Irán trató de permanecer neutral y de utilizar sus propios recursos para ganar influencia en la región. La frase del Ayatollah Ruhollah Khomeini “ni el este ni el oeste, sino la República Islámica” (Borshchevskaya, 2017) ejemplifica lo mencionado.

Fue hasta la desintegración de la Unión Soviética, y con la posterior llegada de Vladimir Putin al poder, que la Federación Rusa retomó sus intereses geopolíticos en Medio Oriente. Sin embargo, la estrategia geopolítica que Rusia ha puesto en marcha, si bien resulta imperialista en ciertos casos (Crimea, Ucrania y Belarus), en Medio Oriente es peligrosamente “amistosa” con los regímenes establecidos, independientemente de si estos son o no apoyados por los ciudadanos (tal es el caso de Siria). Si se analizan los puntos de convergencia en política exterior ruso-iraníes destaca el deseo por distanciar a Estados Unidos de Medio Oriente, así como a Egipto e incluso a la Unión Europea (Kozak, 2017). El sentimiento anti-estadounidense iraní se remonta a las mismas causas de la revolución islámica de 1979, mientras que el sentimiento anti-estadounidense ruso, se encuentra en las mismas causas de la revolución bolchevique de 1917 y en la posterior ideología que delineó a la Unión Soviética. El hecho de que tanto Rusia como Irán sean actores de influencia en sus respectivas regiones, incrementa el “riesgo” que puedan tener los resultados de los continuos acuerdos que se han generado entre ambos Estados. Para Rusia, Irán constituye un mercado energético con amplias posibilidades de inversión. Más aún, en agosto del 2016, Vladimir Putin mostró interés en establecer un área de libre comercio entre Rusia e Irán, y recientemente Irán permitió a Rusia utilizar sus bases militares en casos especiales; mismos que normalmente hacen referencia a ataques aéreos dirigidos contra “terroristas” en Siria.

Resulta entonces natural que la administración de Trump esté preocupada. No solo la alianza Rusia-Irán representa un peligro para el interés estratégico estadounidense en Medio Oriente, sino que Irán no se constituye como aliado de los “amigos” estadounidenses en la región. Irán ha criticado continuamente la política exterior de Arabia Saudita, así como el modo mediante el cual se conduce el Estado de Israel. Las políticas poco diplomáticas de Trump contrastan con la estrategia rusa, misma que se basa en destacar los intereses en común y en aportar recursos a Irán. Mientras que Estados Unidos está dando por sentado que su poderío podría “controlar” a Irán en “caso necesario”, Rusia ha estado ganando un aliado importante en Medio Oriente. Mientras que Trump califica al mundo islámico como el mundo terrorista, Putin ha logrado “combatir al terrorismo”, sin generalizar al mundo islámico como terrorista. Mediante sus discursos Trump se ha abierto diversos frentes de lucha y Putin ha ido ganando aliados estratégicos. A pesar de que la comunidad internacional no apoya generalmente la política exterior rusa, parece ser que cada error diplomático y estratégico de Trump indirectamente fortalece los intereses rusos.

Fuentes de información:

Borshchevskaya, A. (2017). Can Trump Break Up the Russian-Iranian Alliance? The Washington Institute. Recuperado de: http://www.washingtoninstitute.org/policy-analysis/view/can-trump-break-up-the-russian-iranian-alliance

Kozak, C. (2017). THE STRATEGIC CONVERGENCE OF RUSSIA AND IRAN. ISW. Recuperado de: http://www.understandingwar.org/backgrounder/strategic-convergence-russia-and-iran

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