Hobbes está de moda: “Leviathán” y “Relatos Salvajes” dos cintas en las que perder el control…es sólo el comienzo de la tragedia.

Venganza, catarsis, furia, frustración, vértigo, euforia, colapso…guerra. En el reino de los estados alterados sólo hay lugar para el estado más natural del hombre: el deseo. Y por ese deseo, hará la guerra.

“Leviathán” es una película de Andrei Zviagintsev (Rusia, 2015. Nominada a Mejor Película de habla no inglesa en los Premios Óscar), mientras que “Relatos Salvajes” es una cinta argentina dirigida por Damián Szifrón (ganadora indiscutible en los Premios Goya celebrados el pasado fin de semana).

La primera recupera los aportes hobbsianos respecto de la competencia, la desconfianza y la gloria como atributos de la discordia por conseguir el objeto deseado y conservarlo: Kolya, el protagonista de la cinta, es un legajo de impulsividad, malos modales, violencia e ignorancia. La disputa que sostiene por una parcela con Vadim (el alcalde) los lleva a una interminable lucha de argumentos jurídicos en la Corte. Lilya (su mujer) y Dimitry (su hermano) son otros oscuros objetos del deseo. Roma, su hijo adolescente, es la víctima circunstancial que representa totalmente la visión hobbsiana de orden y castigo. El sacerdote ortodoxo representa la falibilidad de la religión. Y finalmente, el “estado de ebriedad”, la saciedad, los celos y la violencia, son el marco referencial de esos instintos salvajes.

En esta película, cada plano general enmarca una crítica severa a las relaciones humanas y al poder históricamente compartido entre la iglesia como institución (so pretexto de la fe ortodoxa) y el poder político como Estado. De ninguna manera es una crítica al sistema de gobierno ruso. No lo es. Más bien, es una cinta que demuestra la vigencia del pensamiento hobbsiano y su máxima: “el hombre es el lobo del hombre”.

Por su parte, “Relatos Salvajes” es una historia que comparte los principios hobbsianos sobre la violencia y el estado salvaje de los individuos, cuando no hay en la situación una mínima pulsión de paz.

En seis relatos cortos que tratan sobre la venganza, la psicosis, la ira, la impotencia (el inolvidable “Ingeniero Bombita” ¡jajaja!), el engaño y los celos -respectivamente- Szifrón nos lleva de la carcajada a la introspección interior sobre lo que el ser humano puede llegar a elucubrar en un momento de baja cordura, justo cuando los sentidos se encrispan, cuando pierdes el control y explota la visceralidad latente escondida detrás de ese porte de civilidad. Cuando los celos, la envidia, el hartazgo y la venganza se hacen persona…acaece un concierto de desgracias para todos los involucrados en la escena (producto de la supervivencia, la competencia, el poder y la gloria).

En estas seis historias, el director argentino nos muestra personajes tan profundos y tan intensos como sus pasiones. Cada movimiento de cámara, sus frecuentes planos contrapicados, transiciones y su steadycam interdependencia, sirven de manera pulcra para aproximarnos a la intensidad de sus respectivos desenlaces.

Si bien, algunos autores afirman que esta cinta se inspira en “Historias Extraordinarias” de Mariano Llinás (Argentina, 2008), lo cierto es que para fines de esta publicación hemos de reconocer que las tres cintas demuestran la vigencia de nuestro pensador inglés.

Y como nuestro pensador inglés está de moda, insisto, resulta necesario analizar hasta qué punto nuestro concepto de “sociedad civilizada” no es otra cosa que el biombo cultural de ese acechante e inminente lado oscuro de la “nueva era”.


1 Desde una óptica monárquica, Thomas Hobbes (siglo XVII), explicó que el estado natural de los individuos era la guerra y sólo la razón natural (ingenio) podía favorecer un contrato entre voluntades que darían lugar al “pacto” necesario para organizar ese estado artificial llamado “sociedad”. Sin ese pacto, prevalecería el estado salvaje y belicoso tan natural entre los individuos. ¿El contrapeso?: violencia, temor y castigo…recursos infalibles para hacer respetar el pacto y frenar las pasiones que incitaran a romperlo. Porque el pacto no descansa en las palabras, sino en la espada. (Hobbes, Thomas. El Leviathán. México, FCE, 1984 (Caps. XII-XV; XVII-XVIII; y XX-XXI)

2 Lo que Hobbes llamó: la duda sobre su sinceridad y sabiduría porque al fallar los milagros, falló también la fe. Cap. XII p. 96-97

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *