En una televisión, aún en blanco y negro, Fred Astaire movía los pies a un ritmo vertiginoso. Con cada golpe se ganaba el título del mejor bailarín de la historia, aunque haya quien se lo otorgue a Gene Kelly; cuestión de gustos. Pero Homer Hans Bryant los admira a ambos.

Ellos fueron los que, desde la pequeña pantalla de un televisor, lo hipnotizaron y lo convencieron de que él también podía ser bailarín. Ahora Bryant frisa los sesenta y cinco y, después de ser miembro de la compañía del Dance Theatre of Harlem —una de las más prestigiosas de Estados Unidos—, tiene su propia escuela, el Chicago Multicultural Dance Center, el espacio en el que se gestó el hiplet.

17352114_868253983316422_4458252025307433040_nEl hiplet es un baile mitad ballet, mitad hip-hop, popularizado gracias a las redes sociales y a la viralidad en la que sumergen algunos de sus contenidos. Uno de los primeros vídeos colgados por la escuela en Instagram cosechó tanto éxito que se convirtió en su pasaporte para asistir a Good Morning America, el programa matutino de entrevistas de la cadena estadounidense ABC.

Después llegaría una invitación para la TED Talk de San Francisco, con actuación incluida, entrevistas en los medios locales y una colaboración con la firma de ropa Desigual que fichó a varias bailarinas de hiplet para su última campaña. «Yo creo que el hiplet ha revolucionado las redes sociales porque se ha convertido en una modalidad relevante para muchos. Hace que la gente se sienta bien, trae alegría… Y muestra el esfuerzo y la dedicación de los bailarines», explica Bryant a Yorokobu.

Para entender la verdadera esencia de este baile no basta con consumir sus vídeos ni con conocer de memoria términos como como pliés, relevés o sissonne. Son necesarias unas nociones de historia y algunos datos que Bryan muestra con cuidado. Cuando inició su carrera como bailarín no tuvo problemas: las clases eran duras, pero tenía el apoyo de su familia y sus amigos. Lo de formar parte de compañías de danza clásica fue algo más costoso: los bailarines negros eran discriminados.

Los esfuerzos de Bryant lo llevaron a la Harlem Ballet, una escuela fundada en 1962 por Arthur Mitchell, uno de los integrantes del New York City Ballet. Él también era negro y había decidido crear una compañía que reivindicaba el papel de los bailarines de color y mestizos, en la que solo había dos o tres bailarines blancos. Un símbolo que, en aquella época, no fue entendido como una crítica ingeniosa hacia la discriminación racial.

«Sí, sí, sí. Todavía hay discriminación racial en la danza, sobre todo en el ballet», indica Bryant cuando le preguntamos si esa discriminación se ha superado. Y es verdad no hace falta googlear demasiado para descubrir que, en los 75 años de trayectoria del American Ballet, la primera vez que una bailarina negra, Misty Copeland, ocupaba un papel principal fue en el verano de 2015. «Por eso creé el Rap Ballet —fusión de rap y ballet— en los años noventa y ahora el hiplet.

El estudio y el ballet clásico siempre ha sido eurocéntrico y principalmente blanco, pero el hip-hop está inspirado en la danza africana y muy arraigado en la cultura urbana de las comunidades de color», continúa Bryant. Luego, o entre medias, llegó su escuela, un centro multicultural dedicado a la danza en el que se enseñan nueve disciplinas y congrega estudiantes afroamericanos, asiáticos, latinos, blancos… Y con diferencias circunstancias socioeconómicas.

La discriminación racial no reside solo en el número de bailarines afroamericanos de las compañías, muy reducido a nivel mundial. Hay otra parte, en las escuelas, que molesta especialmente a Bryant. «A día de hoy, si visita la mayoría de escuelas de ballet, los bailarines negros siguen usando medias rosadas… Creo que sería interesante hacer que los bailarines blancos utilicen medias de colores oscuros durante meses y obtener luego un feedback», indica con fuerza.

Sus chicas, las hiplet ballerinas, llevan medias de color, cada una de un tono que se adapta a su piel, y parecen felices. Bailan como si los movimientos y los saltos sobre sus punteras apenas dolieran. Hay quien ha criticado sus pasos porque, opinan, pueden ser perjudiciales para sus pies. Bryant ha salido en su defensa: son bailarinas profesionales, están entrenadas y su anatomía, fortalecida. Mientras tanto ellas improvisan y ensayan los shows que las están haciendo viajar por media América: Chicago, San Francisco, Nueva York… y en noviembre Saint Thomas Virgin Island, en el Caribe, la región que vio nacer al creador de este baile mitad arte, mitad reivindicación.


Fuente: Yorokubu

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *