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¿Hacia dónde va el mundo?

En su libro Hacia dónde va el mundo, Edgar Morin contempla las interesantes relaciones entre el pasado, el presente y el futuro…

Según el ensayista político brasileño, Elio Jaguaribe, las generaciones políticas duran 10 años, a diferencia de los 20 que perduran las generaciones humanas. En uno de sus ensayos, demuestra cómo 10 años son suficientes para cambiar a  grosso modo los péndulos de la política. Estas reflexiones se enmarcan en un espacio de 20 años, por lo que cubren dos generaciones políticas en el nuevo siglo y ya cumplimos el fin de la primera, vamos camino a la segunda. ¿Qué es lo que ha funcionado como bisagra entre el siglo pasado y éste, y así tratar también de anticipar qué puede suceder hasta 2020?. De todos los factores, ¿cuáles son los más útiles para un análisis?.

Se ha abierto camino aquello que Ignacio Ramonet ha definido como “el pensamiento único”. Escribe: “en la democracia actual cada vez más ciudadanos libres se sienten empujados por una especie de doctrina viscosa, que insensiblemente termina por envolver todo razonamiento rebelde, lo inhibe, lo turba, lo paraliza y termina por sofocarlo. La repetición constante de este catecismo en todos los medios de comunicación. De alguna manera, la Iglesia católica ha tratado de mantener al hombre en el centro de la sociedad en lugar del mercado y no se puede decir que haya tenido mucho éxito.

Es significativo que USA Today ha publicado los resultados de una encuesta entre los estudiantes de las grandes universidades económicas americanas como Harvard, en la que el 61% afirma que será millonario antes de los 35 años. Mientras que en una época hacer filantropía era considerada una obligación moral por un millonario, hoy los 60 estadounidenses más ricos (la denominada lista Slate 60) exceptuando a Bill Gates y Warren Buffet, han devuelto sólo 7 billones de dólares por concepto de filantropía, de un capital total de 630 billones. Este aumento del respeto por la codicia se hace cada vez más incomprensible.

En su análisis de Slate 60, el profesor Austan Goolsbee de la Business School de Chicago, ponía el caso del fundador de Oracle, Lawrence Ellison, quien “valía” 16 billones de dólares en 2005. Con un simple interés del 10% Ellison debe gastar más de 30 millones cada semana, sólo para evitar acumular más dinero. Y gastar no significa adquirir casas o bienes pues esto enriquece el patrimonio. Significa gastar en comida o en ropa. Y como Ellison es soltero, no podrá jamás gastar 183 mil dólares cada hora por lo que podría perfectamente dar algo para beneficencia, lo que sería muy bien visto. Por otra parte, una encuesta del Consumer Finances reveló que sólo el 4% de los estadounidenses más ricos, ve en la herencia para los hijos una de las primeras cinco razones para acumular.

No podemos preocuparnos al escuchar que en un seminario del American Enterprise Institute (el think tank de la derecha norteamericana), se esgrima la tesis de que no existe la responsabilidad intergeneracional: “podemos utilizar todos los recursos a nuestra disposición, sin sentirnos obligados hacia las futuras generaciones”.

Hay que tocar el tema de la información como un instrumento privilegiado de transmisión. Se lleva a cabo un importante proceso de concentración de los medios de comunicación, facilitado por la liberalización de las medidas puestas en vigor para defender el pluralismo editorial. Por todas partes se están desmantelando estas medidas, con resultados negativos para la democracia moderna. El número de titulares se va reduciendo cada año y la relación entre editoras, economía y política se hace cada vez más lábil. El libro de Eric Alterman, What liberal media demuestra cómo el público de los EU recibe más o menos un 86% de mensajes idénticos. Todavía hoy, cerca del 50% cree que Saddam Hussein estuvo involucrado en los atentados a las Torres Gemelas. El problema es que quien compra los diarios, obviamente, tiene casi siempre el mismo punto de vista.

Esta concentración se hace para vender un periodismo cada vez menos analítico, cada vez más dirigido a los acontecimientos y no a los procesos. Un periodismo que escoge como protagonistas a personajes famosos, usa un vocabulario cada vez más pobre, y persigue hechos excepcionales y noticias cada vez más breves. Los criterios están tan estandarizados, que hacen que los diarios sean similares unos a otros en cuanto a lo que se elige y al tratamiento que dan a las noticias.

Malraux predijo que el Siglo XXI vería una vuelta a la religión. Ciertamente no lo parecería, si tenemos en cuenta que las grandes religiones están perdiendo feligreses; aunque en países donde la práctica estuvo prohibida, como en China y en Rusia, se registra un aumento de fieles. Vemos dos fenómenos paralelos y concomitantes: la gran expansión de sectas protestantes, ayudadas del televangelismo y otros rituales sugestionadores, dentro del mundo cristiano y el surgimiento de grupos militantes del mundo islámico, listos al sacrificio extremo de la vida. Estos dos fenómenos representan un condicionamiento de la política, que es quizás el elemento más visible del ensamblaje entre los dos siglos.

Es el mercado, no la política, el que determina quién controla la TV y la radio. El resultado fue que en corto tiempo unas pocas corporaciones compraron muchas estaciones y todos los programas, incluyendo deportes, noticias y hasta la meteorología. El interés privado logró ventaja sobre el interés público. Los fundamentalistas aprovecharon al máximo esta oportunidad. El impacto en los EU ha sido inmenso. Un sondeo de Gallup reveló que el 55% de los estadounidenses cree que la Biblia es literalmente verdad, incluyendo la historia del arca de Noé y la creación del mundo en siete días. Pero aún más preocupante es, que el 71% de los cristianos evangélicos, como se llaman formalmente los fundamentalistas, cree que el mundo acabará en una lucha apocalíptica entre Cristo y el anticristo. No se trata de un debate abstracto: las tentativas de cambiar los programas escolares para eliminar la teoría de la evolución ya existen.

José Antonio Espíndola

José Antonio Espíndola

Analista e investigador en comunicación, política y filosofía. Haré breves retratos de la realidad, de lo que normalmente no se habla, o sí?

Las opiniones expresadas en este artículo, son mi responsabilidad y no reflejan la posición de Centro Público al respecto.

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