La principal característica de la administración del Presidente Enrique Peña, es el impulso reformador que adoptó desde el primero de diciembre de 2012. Arrancó con la presentación del “Pacto por México”, marco de acuerdos entre las 3 principales fuerzas políticas del país –después se integró el PVEM-.

A partir de esta presentación, el Gobierno Federal y las principales fuerzas políticas adoptaron una agenda en común que rompería con la parálisis legislativa de los últimos 15 años.

Esto no significa que el Congreso de la Unión no había trabajado o que el rendimiento legislativo era menor en Legislaturas pasadas, sino que las Reformas -estructurales- necesarias para incrementar el nivel y calidad de vida de los mexicanos, simplemente no avanzaban debido a la falta de acuerdos y de capacidad negociadora de las administraciones federales.

México se encontraba en la disyuntiva de continuar haciendo las cosas igual o romper con las resistencias de grupos de poder y presión que apostaban por el status quo.

La agenda del Presidente Enrique Peña fue ambiciosa y rompió paradigmas históricos que antes de diciembre del 2012, parecían imposibles de romper.

Sin embargo, no podemos perder de vista el papel de actores que lograron esta revolución de las ideas. Los Coordinadores parlamentarios en cada una de las Cámaras (tanto de Diputados como de Senadores).

En palabras de Giovanni Sartori, una presidencia es fuerte -democráticamente- en la medida de que órganos representativos operen y sean eficientes. En el caso mexicano, éste fue el escenario.

Se logró conjuntar una agenda que destrabó los grandes pendientes nacionales y se encaminó a México rumbo a la prosperidad y el crecimiento, algo que en 20 años no se había logrado.

Y en este sentido, el papel del poder Legislativo es fundamental, ya que otorgó viabilidad a un proyecto reformista que por sus alcances y resistencias, no había sido propuesto.

Tanto la Cámara de Diputados como la de Senadores, aterrizaron los alcances del Pacto por México y dieron certeza ante los embates de los opositores de las reformas. El Legislativo mexicano, por primera vez, se colocó como referente de gobernabilidad del aparato gubernamental.

Así mismo, se debe reconocer el papel de las Legislaturas locales, ya que sin su aprobación no hubiera sido posible formalizar el proceso reformista.

Sin lugar a dudas, el Presidente Enrique Peña, se coloca históricamente como el Presidente reformista por antonomasia y los Coordinadores de las mayorías en Diputados y Senadores, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa, en operadores políticos sin par en la historia moderna de México.

Si el Congreso de la Unión, no hubiera mostrado responsabilidad ante los grandes retos del país y se hubiera enfrascado en discusiones bizantinas, seguramente los primeros dos años de la actual Presidencia, hubieran sido sinónimo de parálisis y nula eficacia política. Afortunadamente tuvieron la visión contraria.

Sin lugar a dudas el camino es largo y falta mucho por hacer, pero en materia legislativa, México se encuentra a la vanguardia y listo para hacer posibles las promesas de las Reformas.

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