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Galletitas chinas: Guillermo del Toro

Lejano a la creencia popular de las galletas de la suerte, sean de la suerte o chinas, la realidad es que son una invención californiana del siglo pasado, después de un largo juicio en los años ochenta sobre su origen todavía queda indefinido: si es angelina o de San Francisco; si es una invención de un chino con pasajes de la Biblia o un japonés agradeciendo por retomar su trabajo; para los años sesenta se volvió ese “postre” exótico de los restaurantes chinos cuyo elemento más importante era su contenido.

Hace unos días, el director de cine de Guillermo del Toro confirmó su status de galletita china, listo para abrirse y compartir con todos los jóvenes que lo acompañaron en sus tres clases magistrales en su natal Guadalajara. Como gurú inspiracional dedicó toda su atención, paciencia, tiempo y humildad a todos los que estábamos ávidos de escucharlo, aunque fuera por televisión. Más de 5,400 personas, de todas las edades, tuvieron la suerte de decir: “Yo estuve ahí”. A sólo una semana de haber sido premiado con el Oscar a Mejor Dirección y Mejor Película, sus gemelitos lo acompañaron a su regreso, como hijo pródigo.

Como buena galleta de la suerte, o galletita china, contestó a varias preguntas con una frase lapidaria, que después explicaría más ampliamente. Desde lo más sencillo, hasta la exquisitez de la formulación de la dirección de cine, más allá de la trama y los personajes, para poner al centro el cómo se describe. Lo más maravilloso no era solamente escuchar la respuesta sino justo el cómo las entonaba, desde la “Gran Ola” de Hokusai oculta en “La forma del agua” hasta el cuidado de la recámara de Van Gogh, donde el tema no es la cama, sino como ocupa los colores, como crea las pinceladas.

Describió a “La forma del agua” como una exhalación después de años de creación, de soltar el aire que había contenido y como la expresión máxima de la esperanza, un ungüento para el alma, es por eso que la música, grabada en Abbey Road, era un elemento tan crucial. “Para hablar de amor hay que cantar”, después de describir su infancia, es el lenguaje de los protagonistas que por diferentes razones no tienen voz en la trama. La descripción más sencilla de la historia de amor entre una empleada de servicio muda y un dios amazónico en un laboratorio durante la guerra fría en Estados Unidos, cobra una nueva vida en la pantalla, es por eso que el enamoramiento no era sencillo, requirió que Guillermo del Toro, junto a otros artistas, trabajaran años en la creación del dios, capaz de despertar el amor, de hacer ojitos coquetos en el momento bisagra de la película. Esos elementos que podrían casi garantizar el fracaso para otros, para Guillermo se vuelven los elementos de su éxito, que le llega a una edad madura, llena de incertidumbres y grandes desilusiones y fracasos, pero también, como dicen la tercera es la vencida.

Su razón de dedicar más de 6 horas en un Festival de cine a conferencias, a formar dos becas para la producción de animación, a compartir esa sabiduría que le ha llegado con los años son las nuevas generaciones de creadores, jóvenes con la incertidumbre de que no lo lograran y que necesitarán, o necesitaremos, de “fe, estilo y muchos huevos”.

La galletita china de la suerte preferida del momento es totalmente mexicana, ya que aunque los presupuestos, los actores, las locaciones sean de otras partes, él, como director es quien tiene el diálogo más íntimo con la película, le tiene la última palabra. Gracias a crecer y aprender el oficio en México, supo que el presupuesto no cambia y no se tiene que hacer cosas para excederlo, pero también aprendió a que una película de 19 millones de dólares luciera como una de 60, o una de 150 luciera como más de 200.  El medio le inculcó toda la grilla que puede existir, es por eso que invita a los jóvenes a pensar más allá de los apoyos gubernamentales, después de haber crecido en una generación casi nula proyección cinematográfica por años, con Cronos fue el primer mexicano en ganar un premio en Cannes después de una ausencia de más de 30 años de México en el festival. Se formó en la adversidad y que lo más importante era la resistencia: “En donde está el obstáculo está el camino (…) chingue a su madre el obstáculo, pero hay que darle”. También, habló del enojo como un motivador para seguir a delante, como un motor para reclamar lo que nos toque, del mundo. Finalmente, la relación con el azar, es la capacidad de una plasticidad estética que en otros lugares no tienen y que se convierte en una gran ventaja respecto a otras nacionalidades.

Quiso convertir una clase maestra, en una oportunidad: “No hay oportunidad pequeña que no sirva”, si en cada clase había 1800 personas y una cambia el futuro, la labor habrá sido realizada. En un universo gigante donde la constante es la exclusión el escucharlo era esa pequeña oportunidad de maximizar su pensamiento, así mismo tampoco hay experiencia pequeña. Cada actividad nos puede dar la posibilidad de aprender algo diferente, su caso el trabajo en “La hora marcada” le daba la posibilidad de producir diferentes aspectos técnicos en sus filmaciones, no era una gran ambición, pero sí una gran práctica. Ahí aprendió que la riqueza no está en los objetos materiales sino en la posibilidad de poder compartir, porque no sólo se comparte eso, sino también los problemas, y los amigos se vuelven en el activo más importante de la vida.

Así que, como diría la galletita china: “Chínguele”

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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