Este fin de semana, acapararon la atención de la opinión pública, las declaraciones del ex Presidente brasileño,  Luis Ignacio Lula Da Silva, en donde afirma: “Brasil, esta mejor que México. Y las aclamadas reformas de Enrique Peña Nieto, es algo que hizo Brasil hace 20 años”.

Fuera de la defensa patriotera que muchos medios y periodistas hicieron -y misma que no será motivo de este artículo-, las declaraciones del ex Presidente debemos entenderlas en su justa dimensión y con la debida distancia.

A Lula, Brasil le debe no sólo la salida del estancamiento económico, sino la belle époque, cuando se afirmaba que Brasil dejaba el sub desarrollo, y ascendía a las grandes ligas, el crecimiento era el más alto y sostenido de la región y la energía, se concibió como una herramienta del apalancamiento económico.

Por igual se destacaba Petrobras, que la incipiente producción de bio combustibles, las alianzas con petroleras como Chevron o Ecopetrol, reafirmaron su carácter de liderazgo regional; mientras Venezuela vendía su petróleo a Estados Unidos, Brasil lo hacia con toda Europa; firmaba contratos con empresas asiáticas y apostaban hacia la transición de combustibles fósiles a energías renovables.

Sin embargo, todas estas acciones tenían un componente que siempre apaga los escenarios halagadores, la inestabilidad social en un Brasil, cada vez más desigual en términos de distribución de la riqueza, además de una rampante corrupción que por igual sonrojaba a Romero Deschamps o a Alejandra Sota.

Si bien es cierto que muchas familias de clase baja en el periodo Lula, pudieron ascender socialmente, también hubo costos sociales que no impactaron de inmediato, como el desarrollo energético sin reconversión industrial, el impacto ambiental en la selva amazónica y una nula capacidad de modificar su sector educativo para satisfacer la demanda laboral que todo esto implicaba. Y si sumamos, los dos factores anteriores –mala distribución de la riqueza y corrupción-, tenemos un caldo de cultivo digno de cualquier protesta social.

Regresamos, estas declaraciones las hace el ex presidente, dentro del marco de defensa de Dilma Rousseff. Misma que se ha quedado corta con las expectativas que generó su gobierno. Ahora Brasil, no es el mismo que dejó Lula.

Y en contra, opera un escaparate como lo es la Copa del Mundo. México lo vivió en 1968 y hasta hace unos años, continuábamos pagando impuestos derivados de esa deuda y ni que decir, del clamor de justicia de algunas de las víctimas de dichas protestas. Tlatelolco, por ejemplo…

La verdad es que Lula Da Silva, podrá estar de acuerdo o no con las reformas que se han impulsado en México, podrá ser cierto que ellos las hicieron hace mucho tiempo antes; lo que no es cierto, es que la situación en Brasil esta “bien” o controlada, como declaró al diario El País.

Lula parece no vislumbrar más allá de sus declaraciones pro chavistas. Las quejas hacia el atraso de las obras del mundial han venido directamente de la FIFA hacia el gobierno que encabeza su protegida. El déficit de infraestructura prevé un colapso en la logística del arribo de selecciones y asistentes al mundial; se preveía la construcción de 3 aeropuertos adicionales y la ampliación de 11, el saldo es: ninguno construido y sólo 4 ampliaciones. Joseph Blatter declaró: “lo que pasa con la organización de Brasil 2014, es lo que pasa en general con su economía. Han dejado de ser ejemplo…”.

Fútbol

Y el funcionario de la FIFA no esta perdido, el indicador de crecimiento de Brasil, respecto al PIB, pasó de 7.5% a 2.3%. Y el sobreprecio de las sedes mundialistas, se calcula entre el doble y hasta triple de su costo proyectado.

Economía

Brasil ha debido enfrentar dos crisis económicas en los últimos años, una derivado del boom hipotecario y otra de índole crediticia. La inflación del país es una de las más altas de la región y sus salarios mínimos están –al lado de los mexicanos-, estancados. Su estimación de crecimiento es de 1.6% para 2014.

Población

Todo comenzó con algunas protestas airadas por la escalada de precios de algunos alimentos de la canasta básica, posteriormente, fueron protestas por el aumento en el transporte público y poco a poco, la población comenzó a fijar su atención en el Mundial, ya que se calcula un desembolso de 18 mil millones de dólares, más otros 17 mil, para las olimpiadas, lo que nos da la nada despreciable cifra de 35 mil millones de dólares. En este momento, se cocinan algunas huelgas de sectores estratégicos para Brasil –y para el desarrollo del Mundial-.

Infraestructura

Ya abordado superficialmente el problema de la infraestructura. Sin lugar a dudas el nivel de confort y comodidad que se espera para un evento de este tipo, quedará muy lejos de las expectativas. Además, que ya se prevén abusos contra los asistentes debido al déficit de vuelos, taxis, habitaciones y etc.

Seguridad

El nivel de seguridad seguramente será bajo. La policía estará peleando en varios frentes, desde las protestas sociales, pasando por el vandalismo y la delincuencia, como en un caso extremo, el terrorismo.

Ecología

Tanto Nike como Puma, han sido demandadas por Greenpeace por elaborar productos para el Mundial con sustancias tóxicas. Además que se esperan varias protestas por la condición actual de la Amazonía, ya que derivado del cambio de uso de suelo, petroleras y madereras han explotado -al parecer- grandes zonas consideradas reservas ecológicas.

Todo esto, enmarca además escenarios contra el gobierno como la limpia que se ha denunciado de niños y ancianos en situación de calle que misteriosamente han desaparecido; la expropiación masiva de predios habitacionales para construir estadios o infraestructura mundialista y la represión por parte de los cuerpos policiacos, que sin lugar a dudas, añadirán a la Copa de Mundo, la sistemática violación de derechos humanos previo a un mundial; adicionado con múltiples demandas y filtraciones sobre corrupción.

Su salvación, que ganen el mundial. Para México también…

La relación con Luis Videgaray es obvia, ¿no?

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