Miss Anna Biller comenzó la producción de su más reciente largometraje The Love Witch con un año de anticipación a la filmación en 35 mm; sabía que el vestuario y las escenografías tenían que ser perfectas para mostrar el mundo de fantasía en el que se desenvuelve Elaine (Samantha Robinson). Las pinturas, la dirección de arte, los libros de hechizos y los tapetes fueron creados por la propia directora: un producto hecho con amor. Así, el guión lo enriqueció con una postura social y psicológica del rol femenino, así como con referencias de los arquetipos de Jung o la construcción del espacio escénico de Bertolt Brecht, totalmente consiente de todas las connotaciones simbólicas y políticas de los detalles. Es una construcción sin un tiempo específico, vemos el cambio de vestuario de Elaine desde finales de los cincuentas hasta el uso de un celular o algún auto más moderno. La historia de una joven bruja en busca del amor presenta una discusión sobre los estereotipos, desde el papel femenino a una oda a las películas de los años sesenta, hasta la actualidad sin dejar a un lado el papel masculino, y obviamente su relación en una sociedad hipersexualizada.

Mientras el Presidente de Estados Unidos proviene de una cultura donde la pornografía presenta a la mujer como un objeto sexual a la disposición de satisfacer todos los deseos de los hombres, este homenaje al soft-porn lo cuestiona llevándolo al extremo de “morir de amor”. Si todo es una producción del ideal de la mujer, en contraposición a la postura de Elaine nos encontramos a su amiga Trish (Laura Waddell) que imita a Elaine, y se da cuenta de todas cosas que ocurren alrededor de ese pequeño departamento ubicado en una construcción gótico victoriana. Muy parecida a la pequeña casa-capilla: A House for Essex (2015) que construyó el artista Grayson Perry juntó con FAT, un homenaje a “Julie”, una mujer nacida en ese condado con una vida sencilla, casada dos veces, con hijos y que falleció trágicamente atropellada por un taxi conducido con un indio con olor a curry. Este espacio está especialmente creado  para conmemorar la vida de una mujer, ficticia.

Grayson Perry fue galardonado por el Turner Prize en el 2003, en donde asistió vestido como su alter ego: Claire, una mujer que es mezcla entre Camila Parker Bowles y Katie Boyle, y que le ha permitido presentar su faceta femenina y su producción artística, en la que se ha enfocado en las “artes menores” como la cerámica, los textiles, el patchwork, para contar tanto la historia de Claire como la de Julie, pero también de aquellas minorías que no quedan en las “bellas artes” como en su exposición The Tomb of the Unknown Craftsman en el British Museum. El año pasado presentó una serie de entrevistas sobre ¿Qué es la masculinidad?  ¿qué es lo que hace al hombre?

Así, tanto Biller como Perry presentan al diseño como una parte fundamental de la construcción de los personajes y de sus roles en la sociedad, ya que aunque de primera instancia ambas parecerían como conservadoras, al mismo tiempo son totalmente radicales: el poder femenino de la transformación y el miedo masculino por la sexualidad femenina. En ese momento de creación hay también un tiempo de meditación y se convierte en una zona para lidiar con los demonios, de querer negar por años el travestismo de Perry o la manera de acercarse al amor de Elaine, que en palabras de Biller en algún momento nos sentimos identificadas no específicamente con el personaje sino más con las situaciones, así muestra que todas tenemos un poco de Elaine, un poco de Trish, un poco de Claire y un poco de Julie, marcando una imposibilidad de encasillarnos solamente en un solo aspecto de nuestras vidas, como dice Perry: soy inglés, soy padre, soy artista, soy travesti y todo sucede en diferentes momentos, y uno no es menos importante que los otros.

Totalmente consientes de la importancia del vestuario, en el que presentan una discusión de la visión masculina de la mujer, pues mientras que la presentación de una mujer con poco maquillaje se considera como “pura e inofensiva” porque no es consciente de su encanto, y por lo tanto del poder que puede ejercer, en la otra categoría casi inevitablemente cae la “femme fatale” que es capaz de ocupar a los hombres para su propio beneficio. En efecto, la película de Biller presenta esos estereotipos, de la mujer casada inocente que presenta un diálogo a favor de ser independiente y, por el otro lado Elaine, un juego entre la inocencia de salir de un matrimonio y de una situación de abuso para encontrar el verdadero amor, de la cual se convierte en un verdugo. Todo esto sucede entre gasas y sedas, pero también en una meta-narración de sus acciones en una actividad más enfocada en la costura o en la creación de pócimas mágicas.

En un inicio ambas producciones se nos presentan con un colorido alegre que nos invita sumergimos más en las historias, en una especie de terror gótico vintage, con un diseño y una paleta a la usanza de Techinicolor, Biller menciona mucho la influencia de Marnie, Vértigo, Los Pájaros y Psycho de Alfred Hitchcook, para involucramos y comenzar a descubrir los detalles que se enfocan en historias de asesinatos, de sadomasoquismo, sexuales, a partir de una producción inventiva e ingeniosa independiente del main stream, cuando Perry vendió su primera vasija fue a 50 libras, hoy en día alcanzan casi las 120,000, ya que no estaba considerada como una “verdadera obra de arte” y que lo ha llevado a preguntarse por la importancia del gusto en la sociedad contemporánea.

The Love Witch es una presentación de varias fantasías desde el salón del té totalmente rosa presentado como un cuento de princesas, a un festival renacentista, pasando por  la intimidad de la casa de Elaine y sus pinturas, donde muestra su biografía en un estilo totalmente naif, ese mismo estilo característico de Perry. Todo, con un dejo de continua autocontención de la actriz interpretando Elaine, así como Marnie, que sabe que cada una de las decisiones que toma son una herramienta para lograr su cometido.

En una entrevista Perry menciona: “Tienes que saber el impacto de todo lo que haces, porque es la naturaleza de arte contemporáneo. La ironía se ha vuelto el comodín de esta operación”, por eso es que en ambos casos, la risa acompañada de una reflexión mayor es bienvenida. Recordemos el monólogo de Agrado en Todo sobre mi madre (1999) de Pedro Almodóvar, que después de contar todo lo que ha gastado en operaciones termina “Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de si misma” (1999).

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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