Qué mejor forma de terminar un libro de memorias con “Después silencio…”, esos tres puntos suspensivos nos dejan abierta la posibilidad de una continuación, y lo más seguro es que la haya. Con tantas anécdotas, tantos momentos en la vida del galerista italiano Massimo Minini resulta más que evidente que podría continuar.

Minini abrió su galería en 1973, quien tras una breve carrera como abogado, se decantó por el arte conceptual, el arte povera y el minimalismo. Después del éxito de su primer volumen en 2013, publicó “Pizzini Sentences vol.II”, el cual terminé de leer en estos días y ya se ha vuelto como una inyección de adrenalina para mi. Aunque he tratado de buscar el primero resulta que está agotado, y está en italiano, y no tiene versión digital. El segundo lo compré en su versión digital a partir de que Marc Spiegler lo recomendara en una conferencia en Barcelona “10 preguntas que todos los galeristas se deberían de estar cuestionando ahora”: “Lee este libro en tus momentos más oscuros como galerista; esto te inspirará para vivir una vida con grandes artistas y coleccionistas, (que aunque tengan) una mala reputación, hay todavía los que están entre (las personas) más sofisticadas e interesantes”. En la última pregunta: ¿Debería de seguir siendo galerista?, después de plantearse un cuestionamiento racional sobre las ferias de arte; la presencia de la internet y la forma en que la comunicación se mueve, especialmente en el caso de Simco e Instagram; las barreras del mercado del arte entre las finanzas y las casas de subasta; la importancia del espacio físico, finalmente llega a la pregunta más existencialista, si se me permite una licencia literaria.

El libro es una especie de tesauro, diccionario de personajes con los que se ha involucrado de alguna manera Minini a lo largo de su carrera en el mundo del arte. En pequeños párrafos logra comunicar todas las vibraciones que se viven alrededor de este apasionante cosmos: con los que trabajo, con los que no, con los que tiene toda la vida de conocerlos, con los que sólo ha visto una noche, etc.Captura de pantalla 2016-03-02 a las 11.58.54 p.m.

Al leer este libro en un viaje que toca aspectos de la historia del arte, al visitar algunas de las exposiciones más comentadas en Madrid, como la de 31 de los 40 cuadros que se conocen de Georges de La Tour 1593-1652, que representa los momentos religiosos más grandilocuentes como “La Magdalena Penitente del espejo” o los más bajos como “Mucama espulgándose” con la luz de una vela. Casi no se tiene información del pintor, por lo que cada pintura es una joya; aunque sea una repetición del mismo tema, logra captar en las miradas, en los detalles, todas las complejidades de una zona desbastada por la Guerra de los Treinta años y de las actitudes más humanas, aunque sean las más bajas como “La Buenaventura” donde vemos a un joven “pijo”, -me da risa esa palabra-, en tratos con una anciana, mientras que las jóvenes alrededor de él, le están quitando discretamente sus pertenencias o “El tramposo del as de tréboles”, una nocturna iluminada solamente con una flama, vemos a un grupo de jugadores de barajas y el momento en el que uno hará trampa al sacar el as debajo de la manga, para poder desbancar al ingenuo jugador de a lado, otro pijo.

Mientras que la exposición de LaTour resalta sus aspectos lumínicos y tenebrosistas, en la muesetra de Ingres se resalta el virtuosismo de la pincelada académica, formada en Roma, las perspectivas ideales para dotar a los cuerpos de toda la sensualidad necesaria para atraer y retener su atención, -obviamente después te das cuenta que las licencias de creación incluyen vertebras de más, ejemplo “La Gran Odalisca” (1814)-, pero también la majestuosidad con la que logra quebrar las supuestas barreras del arte, al presentar a Napoleón o los retratos más aburguesados de la época como el del periodista “Louis-François Bertin” (1832) o los dos retratos de la “Señora Moitessier” (1844-56), abrieron los caminos para el surgimiento de las vanguardias, simplemente con el hecho de mostrar a un harem disfrutando en “El baño turco” (1862), la cual no se presentó públicamente sino hasta después de muchos años, bien podría ser el antecedente de “Las Señoritas de Avignon” (1907) de Picasso.

Por otro lado, la presentación de la colección permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía es una delicia al recorrerla, especialmente la sección de la post guerra con el sonido de diferentes lenguas en las películas que se presentan como piezas en sí mismas y al poco encontrar muchas semejanzas con la Colección Berardo de Lisboa. La primera es una institución pública que cobra 8 euros la entrada, la segunda es una institución privada cuya entrada es gratuita. Ambas comparten una división de la historia del arte del siglo XX similar, y ambas tienen en sus arcas piezas parecidas, un ejemplo es el Museo Portátil (1936-1971) de Duchamp; en la Lisboa es una de las primeras piezas de la exposición, en el Reina Sofía está en relación con su creación y la idea de reproductibilidad que desarrolló junto a Richard Hamilton. Ambas colecciones platican de cómo se ha entendido la idea de coleccionismo, y las redes que se van tejiendo entre los múltiples jugadores, casi como la hipótesis de “seis grados de separación” mientras me sacaba una foto en un espejo de Pistoletto, leía en palabras de Minini “… hice una exposición con él de bajo relieves hace algunos años. Claro, hubiera preferido los espejos si hubiera podido escoger, pero (Pistoletto) estaba en el período de las esculturas hechas con materiales anónimos, como él los llama, justamente en relación de dejar los bordes más vagos”, después de explicar brevemente su carrera y de ponerlo junto a Lucio Fontano como dos de los elementos más importantes en la historia del arte del siglo XX que “experimentaron el significado del mundo en forma paralela” cierra con “Los italianos lo hacen mejor”.

Aunque hay más italianos que de otras nacionalidades, es increíble leer sobre personas que se han convertido en amigos, un ejemplo fue leer la entrada de Michael Nyman, a quien había conocido justo la noche anterior, después de un concierto en el Teatro Grande de Brescia en el 2012, donde tocó por 75 minutos “Cine Opera”. El piano era acompañado por imágenes, filmes y pequeñas historias que Nyman había capturado a lo largo de 15 años: “El resultado es lo extraño, lo romántico, lo desconocido y lo que se pasa por alto, todo esto es llevado de repente a la mente lo común. La colección se presenta como un estudio a fondo de nuestros tiempos complejos , y una reflexión sobre la condición humana en el comienzo de este siglo” de acuerdo a la reseña del propio teatro. En una noche descubrieron muchas cosas en común, con Nyman, Minini también comparte el año de nacimiento: 1944, y al conocer un poco más las sorpresas que tiene Brescia, Nyman le dijo que regresaría y mientras Minini dice estar como Troisi in Il Postino esperando a Neruda.

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Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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