Así como la legislatura anterior tuvo a su cargo la histórica encomienda de recibir, modificar y aprobar un conjunto de reformas estructurales que ahora le dan perfil al México del siglo XXI ante el mundo, la nueva legislatura tendrá la inmediata responsabilidad de mantener la estabilidad y dar impulso al crecimiento por medio de hacer inamovible la disciplina de las finanzas públicas y rechazar “el canto de las sirenas” que convocan a propuestas populistas que pondrían a las reformas y a la estabilidad de la economía en riesgo, donde los que mas padecerían sería los hogares menos favorecidos y cuyo futuro depende de cristalizar los efectos de largo plazo de las reformas realizadas.

La mas reciente crisis internacional que afectó a la economía mexicana fue la derivada de la “burbuja hipotecaria” de los Estados Unidos en el período 2008-2009, en la cual la recesión global que provocó empujó al precio del barril de petróleo spot de referencia a disminuir de 120 USD por barril a cerca de 40 USD, llevando en tal caída al crecimiento de México a hundirse en terreno negativo en más de 3%. Posteriormente, el gobierno del Calderón perdió la disciplina de las finanzas públicas ante una rápida recuperación en el precio del petróleo a niveles superiores a 100 USD por barril, lo que le llevó a permanecer adicto a los ingresos petroleros y a las bajas tasas de interés en los Estados Unidos, lo que hizo que aumentara el saldo de la deuda del sector público de 21% del PIB en 2006 al 31% al finalizar su administración e incrementó el saldo de los requerimientos financieros del sector público del 28.8% al 36.3% del PIB, no obstante había incrementado el IVA de 15% a 16%, elevado la tasa marginal del ISR del 28% al 30% y creado el IEPS al uso de redes de telecomunicaciones que implicó el gravar el acceso a internet.

Bajo la primera alternancia, los dos sexenios tuvieron factores fundamentales a favor, precios crecientes del petróleo (excepto entre 2008-2009) y anormalmente bajas tasas de interés, incluso con alzas en impuestos, lo cual no pudieron transformar en un crecimiento sostenible superior al 2%.

Ahora, en la segunda alternancia, en apenas tres años se han realizado reformas estructurales de un alcance y magnitud no vista desde el proceso de apertura comercial y privatización de finales de los ochenta y principios de los noventas. El entorno internacional nuevamente se torna adverso, la recuperación del crecimiento de los Estados Unidos, esperado desde la crisis financiera del 2007-2008, parece materializare y los flujos de capital que antes buscaban mayores retornos en los países emergentes, ahora se revierten y todos los países emergentes desde China hasta Brasil, experimentan una salida de capital que fortalece al dólar americano y debilita a todas las monedas de los países emergentes incluido México.

Pero dadas las Reformas realizadas, México se distingue por las oportunidades y la estabilidad de sus finanzas públicas que ahora nos separa de la debacle macroeconómica en Brasil. Quedó demostrado que el ejemplo de crecimiento de Brasil fue debido a una burbuja basada en el ciclo de los precios de las materias primas y que, en lugar de fortalecer sus finanzas las hizo mas vulnerables. La Reforma Fiscal realizada en México hizo la diferencia para que no acompañemos a Brasil en su recesión y debacle financiera en virtud nosotros revertimos la importancia de los ingresos petroleros que tenían hasta antes de la Reforma Fiscal y ahora los ingresos tributarios son de mayor peso en los ingresos del gobierno federal que aquellos derivados de la exportación de hidrocarburos. Con ello la economía efectivamente deja, al fin, de depender de petróleo dado que nuestras exportaciones ahora son principalmente manufacturas (automotriz) y la recaudación no está fundamentalmente basada en los ingresos por hidrocarburos.

El paquete económico presentado al Congreso de la Unión conlleva un esfuerzo fiscal de una disminución del gasto de tal forma de retomar la tendencia a un superávit primario que dejamos de tenerlo desde el 2007, y que ahora es imperativo el abandonar un déficit primario mayor al 1% del PIB y dirigirnos por ahora a un déficit del 0.5% del PIB para posteriormente ser cercano a cero, y proponer el disminuir los requerimientos financieros del sector público de 4.6% del PIB a 3.5%. Todo ello sin incrementar impuestos e incluso permitiendo estímulos fiscales con objetivos dirigidos como la deducción inmediata de las inversiones de las PYMES y en los sectores de energía e infraestructura, incentivos a la repatriación de capitales condicionada a su inversión y la deducción al uso del diesel en actividades productivas tales como en la Minería, sector que ha sido severamente castigado por la debacle de los precios internacionales de los metales industriales y preciosos, así como introducir instrumentos financieros para fondear proyectos de educación e infraestructura con recursos del público inversionista a largo plazo.

En su caso, dependiendo de los acontecimientos que se desencadenen a partir de la primera alza de las tasas de interés en los Estados Unidos, el llamado será a hacer un mayor ajuste al gasto. El déficit o superávit primario es el saldo público antes de las erogaciones por deuda, así que un compromiso permanente en abatir el endeudamiento de México como porcentaje del PIB es, además de un mayor crecimiento del ingreso  respecto al crecimiento del saldo de la deuda, es el generar un superávit primario, de tal forma que, de existir en ajuste el paquete económico sería a un mayor ajuste al gasto y no a una relajación del mismo. Ante la perspectiva de un precio del petróleo a niveles de principios del presente siglo, alrededor de los 20 USD, la estrategia de coberturas de ingresos petroleros y la recuperación de la plataforma de exportación, no podrá ser suficiente, por lo que hará necesario que se genere un superávit primario al menos igual al pago de intereses sobre la deuda pública como porcentaje del PIB.

Dado lo anterior, no es de descartar que la discusión en la nueva legislatura deberá ser contingente a las nuevas cifras, que en la presente coyuntura se vayan generando, conforme avancen en la discusión y aprobación de la iniciativa de Ley de Ingresos y Egresos avance. Existe todavía holgura para realizar un mayor esfuerzo en la contracción del gasto, en donde no hay holgura posible es en la expansión del mismo, independientemente del destino del gasto que se proponga.

La tarea de la nueva legislación no es menor en su responsabilidad, el rechazar las tentaciones de buscar una salida falsa en la expansión del gasto público y en resistirse a denostar el esfuerzo fiscal que se propone, cuya única modificación posible sería en “apretar” aún mas el gasto. El populismo es una salida falsa, como Gloria Álvarez del Movimiento Cívico Nacional de Guatemala expresó en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud en octubre del año pasado, señalando que el populismo re-escribe constituciones y destruye instituciones, siendo el atajo por el cual se juega con las pasiones, ilusiones e ideales de la gente para prometer lo que es imposible aprovechándose de sus necesidades y dejando la lógica y la razón en la toma de decisiones, donde finalmente se juega con la necesidad de los pueblos para imponer una dictadura.

El riesgo del populismo no es privativo de Latinoamérica, la demagogia parece campear nuevamente inclusive entre las economías desarrolladas como en Grecia con sus conocidas consecuencias catastróficas y entre los pre-candidatos del partido republicano en los Estados Unidos con un discurso que parece propio de la Alemania nacionalista anterior a la segunda guerra mundial. Ante esta renovada tendencia el nuevo Líder del PRI; Manlio Fabio Beltrones, tuvo a bien afirmar que esa clase de populistas demagogos, que desafortunadamente están surgiendo en varias partes y con distintas caretas, tienen en común que generan violencia, encono y son un riesgo para la democracia y pidió que se vaya al encuentro de los ciudadanos con ideas y propuestas que desenmascaren a los populistas de uno u otro signo político.

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