Hace 45 años por estas fechas, el 8 de noviembre de 1971 para ser más exactos, se publicó por primera vez la emblemática canción de Robert Plant y Jimmy Page en el disco Led Zeppelin IV. Escrita en La menor: Stairway to Heaven es considerada como una de las mejores canciones  de la historia y un punto culminante de la historia del rock, ha sido una de las una de las canciones más reproducidas en la radio.

Se dice que Plant se inspiró  en el  libro de Lewis Spencer “Magic Arts in Celtic Britain”, a pesar de sus críticas ligadas al satanismo, Plant lo plantea como: “Lo que es, es el comienzo de la primavera, cuando los pájaros hacen sus nidos, cuando empiezan la esperanza y el nuevo año. Y no tiene nada que ver con esas cosas raras que se leen en América.” Es una canción que habla de segundas, terceras, cuartas, anuales  oportunidades que se presentan cada día. Justamente en la portada se ve a un hombre que recoge la cosecha, y se puede leer “Alguien muere de hambre cada día”. Durante su primera presentación, después de tocarla el público se quedo en silencio, es como si uno aguantará el aliento, esos 8:02 minutos se volverían históricos, es el trayecto que nos toma escuchar todos los acordes, todas sus palabras que nos llevan a una especie de nostalgia.

Esa misma nostalgia, ese sin aliento, es el  homenaje que al artista chino Cai Guo-Qiang (China, 1957), le tomo 21 años en realizar. En junio de 2015 por fin, desde  su primera oportunidad en Bath (1994), en  Shanghái (2001), en Los Ángeles (2012); después de haber sido  cancelado por la lluvia, por cuestiones políticas después del 9/11 o de seguridad por parte de los bomberos. Finalmente, en un pequeño poblado en China, Quanzhou, sin la autorización del Partido Comunista -a pesar de las colaboraciones que ha tenido con el gobierno como las olimpiadas en el 2008 y la conferencia del Apec en el 2014- realizó lo impensable, al desafiar las leyes de la física, pero justamente por ellas es que logró crear un minuto de magia que le quito el aliento a los pocos testigos que pudieron atestiguarlo en vivo, y que ahora podemos refrendar en el documental “Sky Ladder: The Art of Cai Guo-Qiang”, una escalera que se prendió una madrugada y que iluminó el cielo más de 500 metros, por un instante era una escalinata que llevaba al paraíso.

Esta pieza estaba diseñada para que la viera una sola persona, todo el esfuerzo de conjunción entre lo artesanal y la tecnología, que se refleja también en la canción entre lo acústico y lo electrónico, crean un sentimiento que invade a todos de forma casi celestial, nos guía hacia un nuevo amanecer de un nuevo día. Cai Guo-Qiang creció junto a sus papás y su abuela, una mujer que le molestaba que su padre, un afamado caligrafista, no llevará integro su sueldo y lo gastará en libros, esa mujer que atestiguó con tristeza como Cai ayudaba a quemar por 3 días y 3 noches esos libros después de la “Revolución Cultural”, esa mujer que le enseño a apreciar sus tradiciones, esa mujer que a los pocos días de que su nieto le enseñará el camino a otra vida partió después de 100 años de haber compartido en este mundo.

Mientras que el quemar se vuelve una actividad prohibida para los niños, dado los riesgos que conlleva, y que sin embargo, es una de las actividades más tentadoras, ese fuego que hipnotiza y que crea un color negro único de las cenizas, se volvieron uno de los principales cualidades del trabajo del artista que tuvimos oportunidad de apreciar en el MUAC en el 2010  en donde, realizó un paisaje de la ciudad de México.

La pólvora se descubrió en la búsqueda del elixir de la vida eterna, como “medicina del fuego” y que se ha convertido en un augurio de buena suerte, curiosamente el artista menciona: “Ningún arte está destinado a durar para siempre, así que pretendo capturar la eternidad en el instante”, mientras la escalera descansó en el cielo susurrante. Uno de sus proyecto más sutiles y, sin embargo, más enigmáticos, siguen siendo homenajes a las nubes que toman lo que hay en la tierra como en “Century with a Mushroom Clouds” (1996), el cual realizó en los centros de pruebas nucleares en Nevada. Son una serie de fotos donde se ve al artista sosteniendo una pequeña porción de pólvora que al explotar asemeja al famoso hongo nuclear. Así, que sus eventos explosivos, no tienen que ser solamente esas espectaculares luces que brillan en la noche o en el día, que crean abanicos de colores o campos repletos de flores. Las huellas también prevalecen en pliegos de papel, que tal como el pincel de su padre era generar con un solo trazo las más ideas más complejas como podría ser un ideograma chino, con un solo flamazo recrea paisajes, ciudades completas.

Después de 45 años seguimos sintiendo la emoción hasta la médula cada vez que comienza la melodía, esa dama brilló con luz blanca y nos quiere demostrar como todo lo que brilla aún se puede convertir en oro. “A veces nuestro pensamientos están llenos de dudas”, esas dudas invadieron la realización de este proyecto más de una vez, hasta que fue necesario realizarlo en secreto y ese secreto ha sido revelado por medio de este extraordinario documental, producido nada más ni nada menos que por la ex pareja de Rudolph Murdoch, Wendi Murdoch con el apoyo de Fisher Stevens, buscó a Bennett Miller, quien ayudaría en la producción y a Kevin MacDonald el director del documental.  A partir de octubre de este año se puede ver en Netflix y fue presentado en Sundance Festival. Lograron una experiencia totalmente cinematográfica, y gran trabajo en el sonido, que vale la pena apreciarlo con la mayor calidad posible es una pena que no se haya visto primero en una pantalla de cine. Para Cai este proyecto se presenta como una sorpresa, una novedad para el artista acostumbrado a lidiar con museos, incluso a una dolorosa colaboración del gobierno chino en APEC o el cuidado de, lenguaje en Francia, esta es una experiencia totalmente novedosa para él.

Con una letra, intrigante pero hermosa, en la que la levedad prevalece propone el comienzo de una nueva vida, en la canción de Led Zeppelín la dama compra una escalera al cielo, Cai construyó la escalera que subió al cielo por un minuto, un minuto por más de 20 años de espera, un minuto interpretado en una canción, una escalera que a lo mejor seguirá buscando en su práctica como pintor explosivo.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Twitter

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *