La pregunta es incómoda para muchos, sobre todo para TV Azteca y la promotora con la que trabaja (Zanfer), pero siempre está en el aire. ¿De verdad es tan malo? Vamos por partes.
Ser boxeador no sólo es pegar duro. En este sentido, Chávez es parecido al Canelo. Resulta aburrido ver que la mayoría de sus oponentes son costales de box, leeeentos y torpes. Reciben golpes, pero dan caricias. Algunos son aguantadores, incluso con cierto renombre como el “Veneno” Rubio, a quien ya venció el Junior -nunca mejor aplicado el término-.

La única ocasión en que tanto Chávez Jr. como el Canelo han sido en verdad valientes -o temerarios- es cuando han enfrentado a los verdaderos campeones de su división: el “Maravilla” Martínez y Floyd Mayweather, respectivamente.

En ambas ocasiones el “Campeón” era el mexicano, y el pobrecillo retador les ha puesto humillantes tundas a ambos, quienes obtuvieron sus “coronas” cuando estaban “vacantes”.

Sin embargo, Chávez Jr. salió mejor parado, tiró válidamente al “Maravilla” Martínez en el último round y por poco lo noquea para bien. Falló en hacerlo no por falta de suerte o de tiempo, (le quedaba un minuto entero) sino por falta de oficio, ambición y corazón, pues ya había demostrado que tenía pegada.

¿Por qué no tiene ambición? La respuesta está en sus orígenes. Chávez Jr. es hijo de uno de los mejores boxeadores mexicanos de todos los tiempos, tal vez el mejor. Era famoso antes de nacer y yo aún recuerdo las fotos con su papá en su mero apogeo, junto con Don King y un Ferrari o un Lamborghini o un coche así. ¡Ah! La vida de un Junior es suave.

Pero, cuando lo tienes todo ¿tienes lo necesario para ser boxeador? Mi dolorosa respuesta es que no.

La pobreza hace a un niño competitivo, los abusones (bullys) siempre han existido, pero en los barrios no sólo se burlan, en muchos casos te quitan tu torta y te madrean. Nuestras grandes glorias del boxeo han surgido de Tepito, de Iztapalapa y lugares así, bien llamados barrios bravos.

Cuenta la leyenda que Chávez padre le decía a sus hijos que “si no se ponen a entrenar entonces los mando de regreso a la escuela” y ante esa amenaza, entonces sí le pegaban al costal. Pero a la fuerza, ni los zapatos, y mira que no cualquiera tiene acceso a que te entrene Freddie Roach por decreto.

Viendo un programa de HBO (24/7) me enteré que el nene se daba el lujo de dejar plantado a su entrenador, al mismo que entrena a Manny Pacquiao. Cuando estaba en su etapa “de concentración” el Príncipe entrenaba como a las dos de la madrugada, luego se quedaba dormido cuando iba amaneciendo, dormía todo el día, se despertaba a las cinco o seis de la tarde y hacía su día “normal”. Como la canción de los Tucanes de Tijuana “a mí me gusta vivir de noche”. E incluso, luego de algunos arrestos en EE.UU. por manejar tomado, se le ocurre subir marihuano a pelear, su derrota era inevitable.

En fin, que éste es el mejor ejemplo de un talento desperdiciado, de alguien que teniendo el físico, las oportunidades y los medios, no se dedica a fondo y decepciona. Está en la flor de la vida y lleva meses sin pelear.

Lo más probable es que no enfrente a alguien bueno como Gennady Golovkin en un tiempo. Y seguirá viviendo a la sombra del padre cuando él podría escribir su propia historia de éxito.

Gracias por leerme y nos vemos la siguiente semana. ¡Saludos!

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