El conflicto árabe-israelí continúa siendo una de las problemáticas de mayor intensidad en el escenario internacional. Dicho conflicto no solo divide la región de manera drástica en judíos y musulmanes, sino que constituye una de las mayores violaciones a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario. Aún así, las continuas misiones de ayuda internacional, así como la intervención de la sociedad civil que busca disminuir las diferencias religiosas y llegar a la tan ansiada solución de “dos Estados”, habían logrado disminuir la tensión. Desafortunadamente, el actual presidente estadounidense, Donald Trump, ha avivado el conflicto estableciendo recientemente que planea trasladar la Embajada Estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. ¿Qué implicaciones tiene esto?

En primer lugar, la ciudad de Jerusalén cuenta con un estatus internacional especial, de hecho, en los planes de partición iniciales entre Palestina e Israel, la ciudad de Jerusalén quedaba dentro de un marco jurídico internacional especial que no la hacía necesariamente ni parte de Israel, ni de Palestina. En segundo lugar, no debe olvidarse que Jerusalén históricamente ha sido un territorio disputado entre cristianos y musulmanes. En tercer lugar, Estados Unidos, desde la creación del Estado de Israel, ha sido un fiel protector de dicho Estado tanto en términos económicos, como diplomáticos y armamentísticos. El traslado de la Embajada Estadounidense a Jerusalén no solo implicaría un reconocimiento indirecto de Jerusalén como capital de Israel, sino que podría representar una afrenta para con el mundo árabe-musulmán. ¿Acaso esto es una provocación directa de Estados Unidos para con los países árabes-musulmanes de Medio Oriente? Quizá lo que no está contemplando Donald Trump es que el reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel, y por lo tanto la desaprobación generalizada del mundo árabe-musulmán, podría devenir en un pan-arabismo que unifique a la región. De este modo, a pesar de que Estados Unidos brinde apoyo a Israel y trate de llevar a cabo una política post-colonial, sería difícil que incluso Arabia Saudita, su aliado más cercano, se proclamara en favor del reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel.

De igual manera, el inicio de una provocación directa de este tipo fomentaría el sentimiento de animadversión existente en la región, mismo del cual Rusia, por ejemplo, podría aprovecharse inteligentemente (BBC,2017). No es de extrañar, que Rusia ya tenga modelos 3D y planes de reconstrucción para la ciudad de Palmira… Cualquier política diplomáticamente errónea que cometa Donald Trump, podría indirectamente favorecer a Vladimir Putin. No queda duda de que Donald Trump no sigue los protocolos tradicionales diplomáticos, sin embargo dichas acciones resultan especialmente peligrosas cuando se enmarcan en un conflicto histórico que fue iniciado, orquestado y perpetrado por Occidente, y cuya duración beneficia una vez más a los Estados que explotan los recursos de Medio Oriente mediante un discurso de democracia y libertad. Anteriormente, cualquier problema que afectara la seguridad energética estadounidense podía resolverse con una intervención, desde el Golpe de Estado que derrocó a Mohammad Mosaddegh en Irán en 1953 hasta la reciente intervención estadounidense en Irak, Estados Unidos ponía en práctica una estrategia defensiva y ampliamente intervencionista. Sin embargo, precisamente después de la fatídica intervención en Irak, cualquier otro intento por desestabilizar la región podría jugar más en perjuicio estadounidense que de los Estados de Medio Oriente. Irán, la potencia regional, claramente no es un aliado estadounidense, China se encuentran detrás de los planes comerciales y energéticos de la región, mientras que Rusia, estratégicamente aliada con China, persigue sus propios intereses. Cada vez la participación estadounidense parece perder influencia, y si Donald Trump pretende expandir su esfera de influencia más allá de Israel e involucrarse todavía más en un conflicto histórico que parece no tener solución mediante una combinación de errores diplomáticos con soft power, Estados Unidos podría poner en riesgo tanto su seguridad energética, como el poco apoyo que le queda en la región. Decisión de Estado, estrategia geopolítica o conspiración de reconfiguración territorial, resulta demasiado iluso creer que se trata únicamente de un error diplomático…


Fuentes de información:

BBC. (2017). Trump’s Jerusalem calls spark warnings from Arab leaders. BBC. Recuperado de: http://www.bbc.com/news/world-middle-east-42245289

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