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Entre sablazos, números y Miguel Ángel. La colección Armand Hammer en México

Durante la inauguración de las exposiciones de Miguel Ángel y de Leonardo Da Vinci en el Museo del Palacio de Bellas Artes el pasado 25 de junio, el  Presidente de CONACULTA Rafael Tovar y de Teresa habló sobre la primera vez que piezas de estos artistas habían venido a la Ciudad de México dentro de la colección del empresario petrolero Armand Hammer (Estados Unidos, 1898 – 1990) en febrero de 1977. Casualmente al acomodar unos libros, y entre los que me robé de casa de mi mamá, encontré el catálogo de esa exposición.

Las piezas que se exhibieron de Miguel Ángel y Leonardo eran dos dibujos que recién se habían adquirido, “Hombre desnudo” y “Hoja de estudios” con los respectivos números 100 y 101. En el Prefacio de John Walker (Estados Unidos, 1906- Inglaterra, 1995), Director emérito de la Galería Nacional de Washington, escribe “El dibujo de Michelangelo es tiza negra de los dos hombres desnudos e inclinados hacia delante puede ser, como sugirieron [los historiadores] John Gere y Nicholas Turner, aquello que perteneció a la familia Rondanini”, en este sentido puede ser un estudio de la pieza más reconocida de esta familia, “La Piedad de Rondanini” (1552-1555, aprox.), que actualmente se encuentra en Milán, ya que en un catálogo de una exposición del British Museum en 1975 mencionan lo comparan con otros estudios de Miguel Ángel de esta pieza.image1

101 piezas fueron visitadas por 170,000 asistentes en 21 días, eso quiere decir que poco más de 8,000 visitantes por día, han de haber hecho filas mucho más kilométricas de las que hemos visto recientemente como en el Tamayo con Yayoi Kusama (aprox. 3300 por día) y en el Palacio con cerca de 5,000 al día. Incluso se puede leer: “La presencia del personal de la Cruz Roja se justificó ante la espera prolongada de muchos presuntos espectadores que con una voluntad admirable aguardaban, bajo el sol, la oportunidad de entrar” en un texto de Rita Eder de la época.

Lo que destacaba más de la colección que visitó México eran los nombres de grandes maestros. En palabras del Dr. Hammer “Alguien ha dicho correctamente que un coleccionista serio de obras de arte sólo puede coleccionar con el alma abierta. Lo que ustedes tiene ante sí es mi intento, culminación de toda una vida, de reunir y ordenar cronológicamente algunas visiones de las realidades, delicias y ensueños del hombre –todas captadas por artistas de genio”, entre los que destacan: Raphael, Correggio, Corot, Ingres, Rubens, Rembrandt, Moreau, Watteau, Fragonard, Tiepolo, Boucher, Monet, Cezanne, Gauguin, Renoir y van Gogh. La carta de presentación del catálogo es un agradecimiento del Presidente José López Portillo al coleccionista en la cual se lee: “Nunca antes en nuestro país habíamos tenido la suerte de contar con este admirable conjunto de obras de arte, cuyo valor es incalculable y que sin duda será un acontecimiento cultural de México”.

Armand Hammer fue ampliamente reconocido por su colección de arte, trabajo filantrópico -su apoyo a la lucha contra el cáncer (actúo en un capítulo The Cosby Show para hablar de esto)- y, principalmente, sus vínculos con la Unión Soviética y su persecución para lograr el Premio Nobel de la Paz, por desatacar sus aspectos más positivos, aunque en algún momento se llegó a sospechar que era un espía, principalmente por el suspicaz director del FBI  J. E. Hoover.

En una de sus múltiples biografías, “Dossier: The Secret Life of Armand Hammer” (1996) de Edward Jay Epstein, comienza con la cita de Balzac “Detrás de una gran fortuna siempre hay un crimen”, con la sugerencia de que cuando era joven realizó un aborto que termino también con la vida de la madre pero que su papá asumió la responsabilidad y estuvo en la cárcel por tres años. Aunque estudió para médico, siempre tuvo una predisposición para los negocios, durante la Prohibición hizo un millón de dólares con la venta de una bebida embriagante basada en el jengibre.  El día de su graduación, su papá le pidió viajar a Rusia, donde vivió de 1921 al 29, y a partir de una serie de acuerdos logró consolidar una serie de negocios que le llevaron a conocer a Lenin, Stalin y Trotsky; incluso Gorbachev mencionó el día de su fallecimiento: “Conoció a Lenin y era muy cercano a la Unión Soviética, y a Rusia”. Desde joven estuvo interesado en el arte, incluso uno de sus hermanos estudió historia del arte y lo ayudó a formar su primera colección cuando vivía en Rusia, entre las que había piezas que habían sido de los Romanovs. Ya para los años treinta regreso a Estados Unidos y desarrolló diferentes proyectos hasta que con la dote de su tercera esposa, Frances Hammer, en 1956 compró 50,000 dólares en acciones de la Occidental Petroleum, y para 1957 ya era el Presidente de la compañía. Enfocó sus esfuerzos en negociaciones con la Unión Soviética, Inglaterra, Libia, Arabia Saudita, diversificándose a la extracción de carbón en China en los años setenta. Todas estas negociaciones le permitieron con el tiempo crecer su colección de pinturas de los grandes maestros desde el Renacimiento a Picasso, que se expuso en Bellas Artes y otra enfocada en dibujos del s. XIX; para su muerte ambas estaban valuadas, conservativamente, en más de 250 millones de dólares. Fue un gran donador para instituciones como Columbia (5 millones de dólares), a la Corcoran Gallery or Art (1,000 litografías de Daumier), al MET de Nueva York (1 millón de dólares) y finalmente el museo a su nombre en la UCLA de 30 millones de dólares: el Hammer Museum.image2

Su diversificación de negocios lo llevó a adquirir la emblemática galería M. Knoedler (1846-2011) en 1971 por 2.5 millones de dólares. A su muerte, su nieto Armand Michael Hammer, el papá del guapísimo actor Armie Hammer, estaba a la cabeza de la galería. Después de una serie de demandas alegando fraudes en la venta de Pollock, Rothko y De Kooning, provenientes de un negociante de arte de Long Island. La galería cerró sus puertas del 19 E de la 70 en Nueva York, después de haber venido piezas al Met, la National Gallery, entre otras.

Curiosamente, el catálogo del Palacio de Bellas Artes, editado por Apollo, se acercaría más a un catálogo de subastas que a un catálogo de exposición. Es una publicación bilingüe de unas 200 hojas, con todas las imágenes a color, en esa época no era muy común, y en las fichas técnicas de cada una de las piezas aparecen sus antiguos dueños (origen), exposiciones y literatura (autentificación y certificación) y finalmente un breve texto sobre ellas. En un lapso de dos años  se expuso internacionalmente en Venezuela, Perú y Japón; lo cual me podría sugerir un acercamiento con estos países –para abrir negociaciones- y más si consideramos que en México los encargados de gestionarla fue el Claustro de Sor Juana –sí, mi alma mater- a cargo de la hermana del Presidente Margarita López Portillo, y no el Director del INBA en ese entonces, Juan José Bremer.

En una época en donde las largas filas y la gran cobertura en medios no era usual en las exposiciones de arte la historiadora Rita Eder realizó una investigación, a partir de encuestas sobre el impacto de la exposición a 355 asistentes. Con 32 preguntas se quería conocer aun más del público asistente, como había influido la publicidad para su asistencia, que tanto sabían de otros artistas, como era la experiencia: pasiva o crítica y finalmente, como sería el acercamiento a exposiciones de arte contemporáneo, donde la “experiencia es gestada desde el espectador”. Muchas de las conclusiones de ese estudio, que se realizó hace casi 40 años, podrían todavía ser bastante válidos y, es por eso que este texto que se publico en la Revista Plural en la época se volvió a publicar en la segunda edición de la compilación “El consumo cultural en América Latina: construcción teórica y líneas  de  investigación” del Convenio Andrés Bello de Colombia en 2006, para tratar de explicar este fenómeno.

Dentro del catálogo encontré un recorte de El Universal sobre la muerte del compositor Aram Khachaturian (Georgia 1903- Rusia 1978), reconocido por su Danza del Sable en múltiples persecuciones, hasta cierto grado podría funcionar como una metáfora de la vida Armand Hammer, después del incidente con su padre, Hammer trabajo arduamente en lograr una posición de prestigio, a partir de su trabajo –logró convertir a su compañía en la 8va. proveedora de energía en Estados Unidos con ganancias de 16 billones al año-; sus influencias en la política –lo bueno casi conseguir el Nobel de la Paz, el mismo año que lo ganó el Dalai Lama y lo malo, al haber dado $54,000 a la campaña de Nixon que eran ilegales-; en el arte –hasta el grado de tener su propio museo; incluyendo múltiples amantes y formas poco éticas de llevar sus negocios, por lo que al final su herencia no fue tan grande como se hubiera supuesto ante de su muerte.

 

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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