A partir de contraposiciones: entre la obscuridad y la luz; entre lo micro y lo macro; entre el instante y el infinito; se basa la exposición “Ciento Sesenta y Tres Mil Años Luz” del artista Tomás Saraceno (Argentina, 1973) que se exhibe hasta el 6 de noviembre en el Museo MARCO de Monterrey. Es la perfecta representación de la pregunta de Alicia al conejo blanco “¿Cuánto tiempo dura el infinito? En ocasiones un instante”, Saraceno atrapó lo intangible y nos convirtió en espectadores de su caza de ilusiones.

Ya que es una exposición imposible atrapar con las palabras, solo puedo describir mi experiencia, sin fotos, sin dibujos, sin videos, sólo el tránsito del momento a la eternidad. En esta ocasión les contaré lo más que pueda, por lo que, no sé sí existan los spoilers para las exposiciones -tal como el de las películas- pero si no quieren leer detalles que sería divertido descubrir por si mismos, les aconsejo dejar de leer aquí, ir y perderse en la exposición; regresar y comparar si tuvieron una sensación similar o diferente a la mía.

La primera parte es como si fuera la presentación más exquisita de joyas preciosas, un montaje totalmente exagerado. Entras y es completamente obscura, solamente hay algunos rayos de luz que se enfocan en unas cajas transparentes. Conforme te acercas descubres la fragilidad y la fuerza de su contenido, de lo que ahí se construyó: son telarañas de diferentes especies de arañas. Cada una con diferentes propósitos, pero todas motivadas por la misma necesidad de marcar un territorio, de hacer suyo ese espacio imposible. En cada caja se ha logrado guardar tanto el espacio como el tiempo de su construcción. Cada una es única e irrepetible, hay unas que tornasoladas, otras nítidas, otras que parecen nubes flotando. En cada una te acercas y descubres un mundo totalmente nuevo, vemos el pasado en el presente.

Las arañas son ciegas y sordas, su forma de percibir el mundo es por medio de sus pequeños vellos los cuales son capaces de sentir los cambios y las vibraciones más tenues que alteran su universo, cada vibración puede equivaler a una víctima o depredador diferente. Cada tejido tiene un propósito específico de acuerdo a la región de donde sea la araña. Mientras estamos acostumbrados a ver las telarañas circulares casi planas, hay unas que son capaces de crear figuras tridimensionales, para que funcionen como guaridas o trampas para insectos más grandes que la propia araña.

La fuerza de sus telarañas se ve reflejada en una instalación que parece un escenario en acción para demostrar su fortaleza: hay un micrófono y cuatro hilos de arañas australianas, el micrófono graba los sonidos de alrededor y dos bocinas reproducen estos, por medio de las vibraciones vemos los hilos moverse de acuerdo al “silencio” de la sala, esas pequeñas ondulaciones de aire que pasan desapercibidas para nuestro oído, la vista las atestigua. Pero lo performático no se reduce ahí, en esa misma sala vemos una caja creada ex profeso en México y en la siguiente admiramos a “la tejedora” trabajar con sus hilos como si fueran de oro. ¡Sí!, hay una araña que vive en la sala del museo y que los custodios pueden saber casi casi su estado de ánimo, justo uno me platicó que cuando la telaraña no le gusta cómo le quedo se la come y la vuelve a hilar. Ante la pregunta ¿Cómo le hacen para que se quede dentro de su cubo metálico? Me respondió: “Es muy sencillo tiene la temperatura adecuada, tiene agua y sobre todo cada dos días en su telaraña aparece un grillo. ¿Porque habría de moverse si tiene todo lo que necesita para sobrevivir”.

Al finalizar la exposición la araña regresará a su casa en la Universidad y el cubo se sellará como recuerdo de ese espacio y de ese tiempo que tuve la oportunidad de presenciar, con un reflector enfrente y tal como en el teatro con una dramática luz redonda y el cubo en el centro. La obscuridad ha invadido al cubo blanco para mostrarnos con la luz todo aquello que sucede, la caída del polvo de estrellas y la caída del polvo sirve para darnos cuenta de que somos parte de todo.

Después de ver el polvo volando, cayendo y que la vista se ha acostumbrado a la obscuridad de ver un universo encerrado en cajas entras a la luz: un cubo blanco casi perfecto. La ligereza es la base de toda la exposición. Aquí vemos la base de todo el proyecto que Saraceno desarrolló especialmente para esta exposición: un video donde el horizonte es un línea casi perfecta que refleja el arriba y el debajo de un paisaje casi onírico. Ubicado en Bolivia está la mayor superficie plana en el mundo: el desierto salino de Uyuni. Lo que comenzó siendo una excursión hace 10 años, se materializó finalmente en una expedición en enero de este año que ahora puede apreciarse junto a su proyecto de la ciudad de las nubes. Saraceno logra fundir en su obra todos aquellos temas que le interesan: el origen del cosmos, la existencia de mundos paralelos, las astronomía, la astrofísica, la física, las matemáticas, cuestiones poéticas, incluso políticas, la ciencia ficción, la tecnología, la “teoría de las membranas”, la aracnología, el medio ambiente, absolutamente todo.

Por un lado la ligereza de sus obras nos despierta un sentimiento de fragilidad, pero que si lo pensamos bien ¿qué puede ser más potente que el mismo aire?, que nos provee de oxígeno, que mueve las cosas, que es lo que más hay en la tierra, y que, aunque no existe fuera de una atmósfera nos crea la sensación de poder vivir fuera de ella. Todo es fundamental en la obra de Saraceno: el vivir flotando es posible en sus “ciudades nube” como utopía a la situación actual del planeta, y, que el crear una pieza que dure su proyección 163,000 años luz es totalmente tangible. Su obra va más allá de lo humanamente posible. Su exposición es un acto de enamoramiento perpetuo, es una invitación de volar a las estrellas y perdernos en su “melodía” interminable.

Al final nos convierte a nosotros mismos en seres sensibles y sensitivos a lo que sucede dentro de una sola instalación antes de regresarnos a nuestra propia mortalidad del día al día. Mientras que, en 1942 Duchamp impidió que los visitantes a la exposición “First Papers of Surrealism” pudieran acceder a la sala con el entramado de “Una milla de cuerda”, Saraceno nos invita a transitarla, a embelesarnos con cada figura tridimensional, a concientizar cada cuerda, a desarrollar nuestras habilidades perdidas y percibir un nuevo espacio. Ante su obra Saraceno menciona sobre el tiempo en su pieza de Uyuni: “No sé si hace diez años estaba siquiera preparado, o si mis ojos estaban preparados para ver lo vi. ¿Se entiende? Hace diez estaba gestando todavía la idea de que quería volver a Uyuni, y dediqué tiempo para ello. Descubrí la posibilidad de percibirlo. Hasta que nombramos al Antropoceno nos dimos cuenta de que estábamos viviendo de esta forma, por eso digo que tal vez debemos dar a una nueva época que nos haga cambiar la forma en que vivimos”.  Esta reflexión nos queda clara y su exposición es una puerta abierta a buscar un nuevo nombre, de entender el mundo más allá del tiempo lineal, de crear una nueva era para la humanidad.

Etiquetas

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Twitter

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *