De inicio, hablar en contra de la tecnología y su aplicación en salud es como meterse un balazo en el pie; es decir, absolutamente una estupidez. Nadie puede negar las ventajas que la tecnología ha dado a la calidad de vida, ni las mejoras en la esperanza de vida.

De haberse contado en 1850 con los avances que se tienen el día de hoy, seguramente habría parecido magia, alucinación o brujería.

Prevenir enfermedades mediante vacunación, diagnosticar al paciente sin tocarlo, ver dentro de él sin realizarle una herida, dar tratamiento a enfermedades que antiguamente eran mortales, y por supuesto, calmar o eliminar el dolor, entre un largo etcétera.

He incluso al día de hoy, la tecnología con la que se cuenta va más allá; hoy se cuenta con:

  • Páginas de internet: El paciente que con una computadora a la mano que sepa usar, no haya consultado desde el más simple resfriado hasta, a su juicio, la enfermedad más extraña, que lance la primera piedra; es como ser mexicano y no haber comprado un CD de música pirata.
    Hoy podemos consultar información médica con una facilidad pasmosa, sin embargo, debemos estar seguros de que la información presentada sea de una fuente confiable.
  • Monitoreo: Los que pasamos de la cuarta década lo hemos olvidado, pero antes no contábamos con tantas herramientas para seguir nuestro estado de salud de forma ambulante. Desde la simple prueba de glucosa que podemos tomar en casa hasta chips bajo la piel, o pulseras de moda que registran, almacenan y transmiten datos de nuestro estado de salud a la nube.
    Demos un ejemplo del impacto, una investigación reciente realizada por la consultora D’Alessio IROL revela que 7 de cada 10 personas evaluarían la posibilidad de colocarles chips a sus hijos si fueran útiles para cuidar la salud. Aunque yo creo que a más de uno también le gustaría saber dónde andan sus hijos adolescentes.

 

  • Mejora diagnóstica: Hoy contamos con Rx, tomografías, ultrasonidos, o unidades de telemedicina que permiten al clínico diagnosticar y apoyar a un tratamiento oportuno.

 

  • Apps: Desde el cálculo de peso, cuando va a nacer mi niño, o que cuidados debo tener en el embarazo, hasta el cálculo de índice de masa corporal, entre otras; los teléfonos inteligentes nos invaden en nuestra vida diaria, y no solo sirven para checar facebook ni jugar candy crush.

 

Pero a pesar de esta rápida mención para recordar como la tecnología es más común de lo que pensamos, como de costumbre debemos fijarnos en los detalles, de los cuales nombraremos algunos:

¿Cuántas cosas no se hacen en nombre de la salud?

En primer lugar, se está privilegiando el uso de la tecnología como si fuera una herramienta mágica que resolverá todos los problemas de salud: Acabará con esas filas eternas para obtener consulta en el IMSS, ISSSTE o centro de salud más cercano, hará que los médicos adquieran inteligencia artificial y sus diagnósticos serán certeros el 100% de los casos, etc.

Lamento decirlo pero la tecnología es sólo un aspecto a considerar. Tenemos un sistema de salud quebrado, podremos invertir miles de millones de pesos en tecnología, pero mucho de lo que daña al sistema continuará e incluso puede que aumentemos la frecuencia de los errores.

Como lo confirman otros países, no todo es cuestión de tecnología o dinero, sino su correcta inversión en aspectos medulares como la prevención y educación del ciudadano.

Me parece perverso que se haga publicidad excesiva promoviendo la inversión en tecnología médica como piedra angular de la solución a los problemas, para que en un momento dado lo que obtengamos sea la muy mexicana frase: “usted disculpe, alguien se equivocó, no era por ahí, el sistema salud ya no sirve, vamos ideando otro”.

Para las empresas, invertir en nuevas tecnologías debe ser un gran negocio; ya Google, Sony o hasta Apple con su Watch, han incursado en este aspecto. Y en cuanto a tecnología médica, México es un país atractivo para el negocio.

Por ejemplo, al menos en aparatos de resonancia magnética, por decir algo, México ocupa uno de los últimos lugares de la OCDE, siendo su promedio el de 2.1 por cada millón de habitantes, mientras el promedio de los países de tal organización es de 13.3. En entidades como Veracruz, reconocidas por su atraso en la inversión tecnológica en salud, el nicho de mercado es aún más obvio.

Este fenómeno también está relacionado con el consumo por el consumo, es decir, la compra de tecnología sin considerar su utilidad. Ya veo a los consumidores comprando dentro de unos meses el último monitor tipo pulsera, no por sus funciones sino por la marca, el estatus, el color o que es delgado, hecho por un diseñador europeo o con pantalla irrompible. Pero nadie se pregunta ¿quién manipula mi información? No, preferimos no fijarnos en los detalles mientras el aparato también nos dé el clima y cuente los pasos que dimos para comprar un refresco en el mini super más cercano.

¿Debemos invertir? Claro que sí, pero en aspectos esenciales, como desarrollar tecnología propia para no seguirla comprando, dar a universidades más presupuesto para la investigación, capacitar al personal de salud, generar mejores condiciones para su labor diaria, y sobre todo, invirtamos en analizar nuestro modelo de salud y el modo de cambiarlo para bien. Exijamos cuentas, no vivamos sólo de promesas pre campañas sexenales.

Para concluir analicemos lo siguiente: El chistesito de la línea robada, perdón dorada, del metro de la Ciudad de México. La línea 12 ha generado al día de hoy gastos por más-menos 230 millones de pesos que salen de la bolsa de usted estimado lector, lo que equivale al pago por un año de 1000 médicos que atiendan centros de salud a cargo del DF, a 400 puntos con unidades de telemedicina en centros de salud, hospitales e incluso reclusorios, que podrían haber evitado que un paciente se desplace por esta ciudad llena de baches, marchas y policías, haciendo dos horas de ida y dos de regreso a un hospital para una consulta cronometrada de 15 minutos.

Es igual al salario por DIEZ años de un equipo de desarrolladores de apps (médicos, ingenieros, etc.), liberadas de forma gratuita para su uso en teléfonos inteligentes, que ayuden a la población a saber más de hipertensión arterial, diabetes mellitus y otras enfermedades.

Según expertos, los errores de la línea Dorada van acabar costando 500 millones de pesos, el derrame en el Ríos Sonora y Bacanuchi costara 2000 millones de pesos. Echemos cuentas, ¿para cuanto serviría en mejoras en salud?, ¿se pudo evitar el mal gasto de ese dinero e invertirlo de mejor manera?

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