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¿En qué consiste ser niña bien? “Las Niñas Bien” de Alejandra Márquez Abella

“Uno de los problemas más graves de México es la absoluta falta de empatía de nuestras elites, su frivolidad y ostentación.”

Ricardo Raphael, Mirreinato, (2014).

Después de ver “Las Niñas Bien” (2019) no dejé de pensar en “Mean Girls” (2004) una sátira de jóvenes adolescentes que explica que es ser la nueva y entrar al grupo más popular de la secundaria. Mientras, que en la película protagonizada por la entonces joven y flamante Lindsay Lohan termina “bien”, en la película de Alejandra Márquez Abella nos enteramos como termina en los ensayos de Guadalupe Loaeza y en la imposibilidad de muchos de hablar de esa época. La película ambientada en 1982, nos deja ver algunos flasbacks de lo que sucede en la vida política de México, con el noticiario de Jacobo Zabludovsky u hojeando una referencia a la revista “Hola”, “Al leerla se tiene la misma sensación que sentía uno al ver las películas de Sissi” narra la autora, y en un país donde la sección de sociales, que nació en los años treinta para quedarse, y que es uno de los principales sustentos de los periódicos mexicanos, nos damos cuenta de la importancia de la llamada “prensa rosa” (que no es lo mismo que la prensa fifi, ¿o sí?). Ahora esa “prensa rosa”, aunque continúa, se ha ampliado por las cuentas de Instagram, donde todos esos famosos nos muestran sus vidas perfectas e idílicas, alejadas de cualquier cosa mala.

Sofía de Garay (Ilse Salas), la protagonista de la película, es la Abeja Reina, de una familia de abolengo, es la niña bien-bien, que se siente por encima de las cuestiones sociales y políticas de un México que no conoce, que su soberbia no le permite ver más allá de sus cubiertos de plata o las copas de Grand-Marinier. Sin embargo, la idea es comenzar a crear una empatía con ella, con sus preocupaciones, con sus sueños, la causa de su estrés; su “inocencia” e “ingenuidad” resultan ofensivas, casi casi como cuando María Antonieta decía “si no hay pan, dénles pasteles”. Poco a poco, sin ser enfáticos, la olla de la crisis comienza a calentarse. Desde el fingir que no pasa nada hasta que ya todo esta perdido. Pero, justamente, al calentarse poco a poco no nos damos cuenta en que momento hierve, en que momento todo se desmorona y pierde hasta la dignidad. Mientras la atmosfera se va tensando desde su familia, la servidumbre, sus amistades, las dependientas de las tiendas, sus hijos, uno siente esa angustia, como subir una calle empinada en tacones. Nosotros en el 2019 tenemos una idea de lo que sucedió hace 37 años, es cuando la burbuja del progreso económico en México estalló, de pasar de “administrar la abundancia” a “defender el peso como perro”, pero no explicó que clase de perro.

Lo que logra Alejandra Márquez es trasladar en una narrativa los sentimientos que se expresan en las crónicas de Loaeza, aunque hay algunos momentos y comentarios dentro de la película, la realidad es que son productos diferentes. Márquez logra actualizar el papel de la mujer en la sociedad de poder y el papel de los hombres en el entorno, en un momento como el #Metoo donde las preguntas es como sucedieron las agresiones, así, poco a poco es como suceden, son parte de lo que no se dice, y lo más interesante es que éstas son las mamás u abuelas de los mirreyes, que nos narra Ricardo Raphael en su libro.

Las actuaciones de todas las actrices son perfectas, con muchos acercamientos y silencios, la tensión se puede cortar con cuchillo, y es otra de las características que comparte con la película americana, retratar las hipocresías a las que se ven enfrentadas las “amigas” en una sociedad donde lo más importante, ya no es el tener, sino parecer que todavía se tiene. Sentimos la desesperación en la soledad de Sofía, en la imposibilidad de confiar en alguien, en sus pequeños caprichosos y en su idea de mantener la burbuja que se le esta rompiendo.

En cuestiones técnicas la película es una joya, desde las ambientaciones y sus diferencias entre la casa de la niña bien-bien y de la niña bien-quiero pero no puedo; el vestuario de todas y los detalles, como usar las mismas gafas de sol (oso total); los manejos de la cámara y la fotografía; la música, desde Julio Iglesias hasta Yuri, pasando los backgrounds de aplausos que tensan aun más los ambientes.

El único detalle es que ni el poster, ni el tráiler, te dejan ver la profundidad del drama, y en una cartelera mexicana acostumbrada a la comedia romántica, la más exitosa recientemente “Mirreyes vs. Godinez”, las personas se podrían confundir con otra clase de película, en efecto, la directora ha dicho que ya no estamos para ver más sátiras, que aunque tiene sus momentos de risa, en ocasiones involuntaria o de nervios, es una película para ver de frente, a los ojos, lo que queda de ese México creído, engreído, déspota, misógino que seguimos padeciendo las consecuencias.

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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