Alessandra Narváez-Varela batallaba para escribir en español, pese a que es su primer idioma, cuando inició los cursos de maestría en la Universidad de Texas en El Paso. Ivan Pierre Aguirre para The New York Times

El inglés, el español y el spanglish son las herramientas con las que hablan y escriben estudiantes de ambos lados de la frontera en México y Estados Unidos en un programa único de escritura creativa, que se suma a esfuerzos por incentivar a los hispanos a contar sus historias.

Cuando la discusión se vuelve acalorada en el seminario de posgrado de Andrea Cote-Botero, se alcanzan a escuchar tanto inglés como español, tal como suele suceder en el flujo en la cercana frontera de Ciudad Juárez. En el único programa bilingüe de maestría en creación literaria en Estados Unidos, en la Universidad de Texas en El Paso, este día le toca a los estudiantes comparar cómo F. Scott Fitzgerald y Gabriel García Márquez presentan las ciudades de West Egg y Macondo, los respectivos entornos de sus novelas clásicas.

Muchos de los alumnos sentados alrededor de la mesa comentan en español y a veces cambian al inglés para resaltar algo a los hablantes nativos de esa lengua. Cote-Botero está pendiente y de vez en cuando interrumpe en cualquiera de los dos idiomas. Un estudiante de Ciudad de México consulta con otro de Las Vegas un pasaje de The Great Gatsby, de Fitzgerald, y en ocasiones voltea a ver su computadora, donde tiene abierto Google Translate.

Este programa de maestría en El Paso, que comenzó en 2006, atrae sobre todo a residentes locales de ambos lados de la frontera. El español es la lengua materna de doce de los veinte alumnos y todos hablan por lo menos un poco de español e inglés. Los motiva el deseo de escribir y leer en otra lengua y de estudiar con profesores versados en otras culturas. Una alumna, una texana de ascendencia palestina, espera que el programa la ayude a expresarse mejor en árabe.

Aunque el programa que se ofrece en El Paso es una experiencia educativa singular, los programas de creación literaria por todo Estados Unidos están elaborando planes de estudio basados en el español: un crecimiento que refleja cómo están cambiando las características demográficas de ese país. El español es la lengua maternade más de 40 millones de personas en Estados Unidos, en contraste con los 32 millones que había en 2005, de acuerdo con cálculos de la Oficina del Censo.

La Universidad Estatal de California en Los Ángeles ofrecerá su propia maestría bilingüe a partir del próximo año. La Universidad Hofstra, en Hempstead, Nueva York, comenzará un posgrado de escritura creativa en español en 2018, similar a uno que ya existe en la Universidad de Nueva York. Los estudiantes del programa en español y de su contraparte en inglés en la Universidad de Iowa son alentados ahora a tomar clases de cualquiera de los dos programas.

Además, a pesar de estar recuperándose del huracán Harvey durante este semestre, la Universidad de Houston echó a andar un doctorado enfocado en el español que enfatiza el estudio literario tanto como la escritura (los estudiantes deben incluir un análisis teórico junto con su tesis de creación literaria).

“Considero a todos estos programas como una unidad, un grupo interesado en formar a los escritores del siglo XXI: bilingües, diversos y representativos de las comunidades que están prosperando en Estados Unidos”, dijo la directora del programa de Houston, Cristina Rivera-Garza.

Sin importar qué tan bien manejan ambos idiomas, los estudiantes deben trabajar con el inglés y el español, dijo José de Piérola, el director del programa en El Paso. Ivan Pierre Aguirre para The New York Times

Sin importar qué tan bien manejan ambos idiomas, los estudiantes deben trabajar con el inglés y el español, dijo José de Piérola, el director del programa en El Paso. Ivan Pierre Aguirre para The New York Times

Los programas de la Universidad de Houston y de la Estatal de California (o Cal State) también son activos en el apoyo a las poblaciones hispanas locales; la de Houston ha crecido en más de 200.000 personas de 2000 a 2016 y la del condado de Los Ángeles en aproximadamente 600.000 personas. El director del programa de Cal State, Alex Espinoza, dijo que sus estudiantes ayudarán a los habitantes del este de Los Ángeles —la mayoría hispanohablantes— a escribir narraciones biográficas que se contrapongan a las “demasiado generalizadas por los medios”… y por el gobierno de Donald Trump.

De hecho, estos programas podrían considerarse una especie de desafío artístico a la postura del gobierno estadounidense hacia los inmigrantes latinos, representados por sus planes de revocar el programa DACA, que protegía a los estudiantes indocumentados contra la deportación, así como la propuesta de construir un muro fronterizo con México y la eliminación, este año, de la página web en español de la Casa Blanca.

En conjunto, los programas podrían tener un papel importante en formar a escritores jóvenes que den voz públicamente a los distintos aspectos de la experiencia latina en Estados Unidos.

 • 

La geografía de Juárez y El Paso —dos comunidades entrelazadas cultural y económicamente, separadas por un tramo del río Bravo en el que el agua apenas llega a la cintura de una persona— es un tema que los alumnos y sus profesores han explorado en sus obras literarias (puedes leer algunas aquí). Quizá la diferencia más marcada entre las ciudades es la violencia relacionada con el narcotráfico del lado de Juárez, que retratan con perturbadores imágenes sangrientas y un vocabulario franco y sin censura.

Juárez-El Paso es el área metropolitana más grande de la frontera, con una población combinada de más de dos millones de personas, aunque una caminata del centro de Juárez al centro de El Paso toma menos de media hora.

Alessandra Narváez-Varela solía cruzar la frontera casi todos los días desde Juárez para tomar clases en la Universidad de Texas y ayudar en el restaurante que su familia tiene en El Paso. Se graduó de la universidad con una especialidad en biología y otra en creación literaria. Estuvo un año en la Facultad de Medicina, pero “no era lo que esperaba”, dijo. La poesía sí.

Ahora, de 31 años y parte del programa bilingüe de maestría de El Paso, dice que está escribiendo para reconciliar su doble identidad y dar voz a los asuntos de las mujeres, en especial a la anatomía femenina, que fue lo que la llevó primero a la Medicina. “Una vez que tienes ese tipo de conversación con el cuerpo ya no la puedes soltar”, dijo.

Extrañamente, aunque sus raíces más profundas pertenecen al español, Narváez-Varela no se sentía segura escribiendo poesía en su lengua materna. Todo lo que escribía en la universidad estaba siempre en inglés. “Quizá la hablante del español en mí se sentía relegada a un estatus de ciudadana de segunda tras haber adoptado el inglés como el idioma de mi poesía”, dijo.

Asistí a la presentación que Narváez-Varela dio en una conferencia nacional de escritores en Los Ángeles, en la que explicó la manera en que un taller del programa la ayudó a encontrar su voz en español.

Había escrito un poema en español llamado “Ovarian Cancer” (cáncer de ovario), lleno de imágenes gráficas (comparaba al cáncer con un feto sangrante). Sus compañeros le dijeron que el patrón rítmico no era fluido y criticaron su uso de la rima. Narváez-Varela se dio cuenta de que había estado traduciendo inconscientemente del inglés. Proyectó en una pantalla una copia del poema, corregido a mano por sus compañeros, y al lado una traducción al inglés, y le mostró al público frases que había concebido originalmente en el segundo idioma.

Óscar Moreno, de Ciudad Juárez, cursa la maestría de creación literaria en la Universidad de Texas-El Paso. Su graduación está programada para 2019. Ivan Pierre Aguirre para The New York Times

Óscar Moreno, de Ciudad Juárez, cursa la maestría de creación literaria en la Universidad de Texas-El Paso. Su graduación está programada para 2019. Ivan Pierre Aguirre para The New York Times

“El español y la forma en que se usa para crear música en la poesía difiere radicalmente en cuanto a las sílabas y la rima”, descubrió. “Fue un taller que golpeó mi ego, pero también me iluminó”.

Narváez-Varela entonces comenzó a explorar las identidades mexicana y estadounidense mediante el spanglish. En su poema “Real Mexican” describe, con un lenguaje crudo e inquietante, a un exreo mexicano-estadounidense tan confundido por su identidad latina que no sabe cómo llamarse a sí mismo. En el primer verso el personaje dice: “Tony, Toño, Antonio, Anthony, it doesn’t matter, honey…” (“Tony, Toño, Antonio, Anthony, no importa, corazón…”).

“Nunca había adoptado un yo poético que explorara la complejidad del spanglish y su significado para mí como ciudadana mexicana naturalizada en Estados Unidos”, dijo Narváez-Varela. “Me di cuenta de que era una proyección de mis propias angustias como mexicoestadounidense. Inconscientemente, había juzgado a otros por la manera en que hablaban spanglish”.

Dijo que estaba tratando de mostrar la manera en que el uso del spanglish por parte del personaje en el poema “es una manifestación vital de su identidad como alguien al margen de ambas sociedades”.

Escribir el poema la ayudó a ver lo artístico de “una lengua tan válida y hermosa como el inglés o el español, tan híbrida como el inglés afroestadounidense, y por lo tanto merecedora de un lugar en la poesía”. Huizache, una revista de literatura latina, acaba de publicar “Real Mexican”.

 • 

Muchos escritores hispanos importantes han asistido a programas tradicionales de maestría en creación literaria. Conversé con tres de los más relevantes —Sandra Cisneros, Junot Díaz y Esmeralda Santiago— sobre cómo establecen un puente entre las dos lenguas en su escritura, así como acerca de su experiencia en el posgrado. Todos dijeron que sus programas de maestría no reconocían el lado hispanohablante de su identidad, al no asignar lecturas de autores latinos o por no apoyar los elementos del español en su obra.

Sandra Cisneros dijo que su asesor de tesis alguna vez la criticó por incorporar ciertos elementos del español a un borrador de "La casa en Mango Street". Russell Contreras/Associated Press

Sandra Cisneros dijo que su asesor de tesis alguna vez la criticó por incorporar ciertos elementos del español a un borrador de “La casa en Mango Street”. Russell Contreras/Associated Press

Cisneros, mexicano-estadounidense, describió una interacción con su asesor de tesis en el prestigiado Iowa Writer’s Worskshop (uno de los principales talleres de creación literaria) cuando comenzó a escribir La casa en Mango Street.

Había escrito la novela corta en inglés, pero le había metido frases en español. El asesor la criticó por usar exageradamente la palabra “little” sin saber la frecuencia con la que el sufijo “-ito” —para decir pequeño o lindo— se usa en español.

El incidente, dijo, obstaculizó su conexión con el español. “No me di cuenta sino hasta que salí de Iowa”, dijo Cisneros. “Estaba escribiendo una carta en español y pensé: esta es la voz de ‘Mango Street’”.

Una sola palabra en su lengua materna tuvo un gran efecto: cuando Cisneros nombró a la joven narradora de la novela Esperanza, no solo le estaba dando un nombre bonito. “Esperanza”, en inglés, puede significar aguardar algo, tener alguna expectativa o estar esperanzado. En la historia, la niña expresa poéticamente una mezcla de sentimientos acerca de su nombre cuando dice: “In Spanish, it means too many letters. It means sadness, it means waiting. It is like the number nine. A muddy color”. [En la traducción de Elena Poniatowska: “En inglés mi nombre quiere decir esperanza. En español tiene muchas letras. Quiere decir tristeza, decir espera. Es como el número nueve, como un color lodoso”).

“Quería que fuera un nombre tradicional que no se tradujera bien a la cultura de Estados Unidos”, dijo Cisneros, “así como uno que significara anhelo, deseo y esperanza”.

Según Junot Díaz, algunas palabras se resisten a la traducción. Alejandro Garcia/European Pressphoto Agency

Según Junot Díaz, algunas palabras se resisten a la traducción. Alejandro Garcia/European Pressphoto Agency

Junot Díaz, escritor dominicano ganador del Premio Pulitzer, asistió al programa de maestría de la Universidad Cornell y ahora da clases en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. En la educación de posgrado, él aboga por “vínculos con académicos que trabajen con la intersección de lenguas, de criollismo, el multilingüismo”.

Explicó su propio proceso mental de traducción de la siguiente manera: “Si estoy escribiendo un personaje para quien el español es dominante, este habla y piensa dentro de mí en español y yo traduzco la mayoría de eso a inglés. Algunas palabras no se dejan traducir: a veces, es el gozo de la palabra o la energía con que pulsa en la oración original en español”. Por ejemplo, Díaz utiliza libremente groserías en inglés en su trabajo, pero en ocasiones opta por sus ásperos equivalentes en español.

Esmeralda Santiago, autora de las memorias Cuando era puertorriqueña, y quien tiene una maestría del Sarah Lawrence College, escribe sus borradores totalmente de manera bilingüe. “Escribo tan rápido como puedo y no me preocupo de si lo que aparece en la hoja está en español o en inglés”, dijo. “Luego, cuando corrijo, traduzco la mayoría del español a inglés si es para publicarse en este último. Para mí, el español y el inglés son la misma lengua”.

 • 

En el programa de El Paso, los profesores se esfuerzan por responder eficazmente a los estudiantes que escriben en inglés, español o ambos. Tratan de amoldarse a cada uno de los alumnos hablando en su lengua preferida. “Yo hablo en inglés y ellos en español”, dijo Daniel Chacón, uno de los diez docentes. “Luego puedo repetir y aclarar en español”.

Cualquiera que sea su nivel de dominio, los estudiantes deben lidiar con ambas lenguas. “Tienen que hacer el esfuerzo de cerrar la brecha”, dijo el director, José de Piérola. “Puede ser muy difícil que te presionen así, pero te hace crecer”.

En uno de los talleres de Piérola, a un estudiante que hablaba poco español le tocó dirigir un análisis grupal del cuento de otro alumno. El cuento estaba en inglés, pero él no podía entender a los miembros del grupo que hablaban en español, y tenía que pedirles a los compañeros bilingües que le explicaran.

El nicaragüense Mario Martz cursa el programa de la Universidad de Texas y tiene programado graduarse en 2018. Eugenia Carrión/Centroamérica cuenta

El nicaragüense Mario Martz cursa el programa de la Universidad de Texas y tiene programado graduarse en 2018. Eugenia Carrión/Centroamérica cuenta

Muchas de las lecturas están disponibles con traducción, pero se alienta incluso a los estudiantes que perciben como un reto leer en un segundo idioma a que revisen los textos originales. Algunos recurren a herramientas como Google Translate, a pesar de las limitaciones de esta para interpretar el lenguaje literario.

“Cuando los hispanohablantes leen a poetas estadounidenses en inglés o viceversa, cambia cómo se relacionan con su propia tradición”, dijo la profesora Cote-Botero.

Indicó que intenta enseñarle a los estudiantes a experimentar con su escritura al hacerlos contrastar versiones en inglés y en español de diversos sonetos.

Shakespeare, dijo Cote-Botero, estandarizó el verso en inglés usando un patrón constante de cinco acentos. “Se acerca más a la forma de hablar en inglés y a los latidos del corazón”, señaló. Un ejemplo que se cita mucho es el verso inicial del soneto 18 de Shakespeare: “Shall I compare thee to a summer’s day?” (“¿A un día de verano compararte?”).

Por otro lado, el soneto en español se basa en un verso de catorce sílabas. Cuando los estudiantes “mezclan los dos, surgen cosas interesantes”, dijo la profesora. Quedarse “dentro de los límites de tu propia tradición te pone más en riesgo de repetirte a ti mismo”.

Con un acercamiento bilingüe, dijo Chacón, otro de los profesores, “puedes jugar con tu propio idioma un poco más. James Joyce pudo jugar con la lengua porque creció con el gaélico y puso atención a su sonido”.

Para exponer a sus estudiantes a estilos de escritura en otras lenguas, Cote-Botero añade a las listas de lectura para clases algunas traducciones de koans zen originalmente en japonés, así como de Aristóteles.

Así que, al animar a los estudiantes a explorar distintas tradiciones y entornos literarios, el programa de El Paso no es solo sobre dos idiomas.

Conforme se acerca a su graduación en noviembre –su tesis es un libro de poesía sobre mujeres–, Narváez-Varela dijo que escribir en dos idiomas la ha sacado de su zona de confort. Esta es una razón clave por la que eligió el programa y espera llevar consigo esa experiencia a su trabajo como docente en una universidad comunitaria.

Como una mexicana que explora la vida más allá de la frontera, dijo que continuará, a través de sus poemas, “haciendo preguntas difíciles y esperando ninguna o varias respuestas, tan lúdica y apasionadamente como sea posible”.


Fuente: NYTimes / Erik Gleibermann

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *