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El sonido de la enfermedad: Chronic

Hay tres palabras para describir la nueva película del director Michel Franco (México, 1979): silencio, soledad y humanidad. Chronic: El Último Paciente (2015), es una película que sensibiliza sobre una de las etapas más complicadas de la vida: los momentos de una enfermedad crónica, no importa que seas un arquitecto o una ama de casa, siempre es complicado y doloroso. Mientras que, hablar de la muerte ha dejado de ser un tabú y la podemos ver de miles de maneras, desde las más sofisticadas hasta las más violentas, de una personas o de miles, incluso hasta muertes vivientes; aquí es sobre lo que pasa antes de la muerte a partir de la interacción de un enfermero con cuatro pacientes, esos momentos de los que nadie quiere hablar, ni mucho menos vivir, ni atestiguar. En tomas amplias, estáticas y largas, tal como el tiempo de la película, sutil en su manejo, Franco ha creado su propio lenguaje cinematográfico en el cual nada está de más y todos los elementos que vemos en el cuadro son necesarios.

Así, en cuatro actos no sólo somos testigos de la vida cotidiana y de la intimidad de estos personajes, sino que nos volvemos, hasta cierto grado, cómplices de David, nada más ni nada menos que el grandioso Tim Roth (Inglaterra, 1961). Mientras que en las críticas que he leído, lo destacan por su trabajo con Quentin Tarantino en Perros de Reserva (1992) o la más reciente Los 8 más odiados (2015), la verdad es que para mi crece en su papel de Archie, papa de una chica a quien toca atestiguar un hecho violento en su calle, en Broken (2012), que también presenta una situación delicada con otra clase de enfermedad y sociedad, en el norte de Londres, casi al mismo tiempo que la presentación de la ópera prima de Franco: Después de Lucía (2012).

Es una película americana, aunque esté inspirada en una historia personal del director y escritor mexicano: la entrega de la enfermera de su abuela, Beatriz. En un inicio, la película iba ser protagonizada por una mujer, sin embargo, después de que Roth, como presidente del jurado en el Festival de Cannes del 2012, lo premiará en la sección “Una Cierta Mirada”, le preguntó a Franco cuál era su siguiente proyecto y le dijo que si era masculino él actuaría en ella. Así, que Franco cambió el guión para crear un papel hecho a la medida para Roth, y potencializar su espectro actoral al máximo, a los cinco minutos de la película nos olvidamos de él como Roth y es David, un enfermero encorvado a partir de un gran peso en su vida, triste, y sin embargo, un fiel compañero para aquellos últimos momentos.

La relación entre las familias y los enfermos, se presenta como las típica americana, desde el desapego, hasta una mala interpretación de la intimidad que se crea entre la persona que mueve, alimenta, baña, cuida y convive al servicio del enfermo, los sentimientos mostrados son bastante complejos. Así que cuando vemos que la imagen del póster de la película es un abrazo, que se ve sincero, puede ser uno en el que queremos consolar pero también con el que se ayuda al otro a moverse, y regresamos a una cultura como la americana, en que tocarse físicamente no tenga un contenido sexual, tan excepcional que sorprende.

La soledad, no es solamente la de David, que se dedica a llenar su vida a través del cuidado de sus pacientes o de sus historias a partir de una serie de pequeñas mentirijillas; con frecuentes visitas fantasmagóricas y reales de su vida anterior; sino también la de sus pacientes que recurren a él como alguien de confianza, para dejarse cuidar en aquellos momentos donde el cuerpo ya no da más, y donde los otros, las familias, dejan de ser aliados para convertirse en visitas incómodas de su marchitamiento, literalmente vemos la soledad del enfermo incapaz de sostenerse por si mismo. Es una película que invita a la reflexión y donde no hay sólo una interpretación, cada espectador crea una a partir de su propio contexto, a diferencia de Después de Lucía donde claramente hay una serie de acciones totalmente detestables, aquí, es puramente personal, es en la soledad de nuestros pensamientos donde se complementa, donde  sentimos, donde nos duele.

De repente la película se vuelve silente, y el silencio nos acompaña más allá de la aparición de los créditos. Se necesita un largo tiempo para poder expresar qué es lo que siente el corazón y el vacío que te queda en la boca del estómago, al igual que Después de Lucía, no hay qué decir, no hay palabras que puedan describir los sentimientos. No hay lágrimas, como se esperaría por el título en español, solamente una contención de aire, de asombro y de tristeza, cuando el aliento desaparece.

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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