Los gobiernos, en cada época y país, tienden a realizar ciertas políticas públicas, derivadas en el mejor de los casos de sus programas de gobierno, expuestos en las campañas políticas presidenciales y en muchos casos de las circunstancias en las que arriban al poder, de la manera en que se desempeñan bien sea intencionalmente o respondiendo a las coyunturas, serán recordados por las generaciones venideras.

Todos los gobernantes sueñan con ser recordados por algo, como los mejores ejemplos a seguir, pocos lo logran, pero todos imprimen un SELLO a su gobierno y con esa marca serán recordados.

Así podemos recordar a López Mateos, como un presidente cercano a la gente, cuyo sello fue el dar a conocer a México en el Exterior, ese sello se refleja en la creación del entonces Departamento de Turismo, hoy ya una secretaría.

Podemos decir que aun cuando no se lo propuso, el Presidente entonces, Díaz Ordaz, cuya idea de gobierno era ordenar la maraña del sector paraestatal que creció con el paso del tiempo y las políticas publicas de sus antecesores desde Lázaro Cárdenas creando PEMEX; pero las circunstancias lo llevaron al autoritarismo, sello de represor que se ganó con la matanza de estudiantes en 1968, pero que ya había ensayado en la huelga de médicos de 1964, y a pesar de haber realizado algunas buenas acciones, no se le recordará por ellas.

Luis Echeverría, como gobernante fue conciliador, y creo las diputaciones juveniles bajando la edad para ser electo diputado de 35 a 25 años, Creó el sistema nacional de Presas, con el plan Benito Juárez, buscando la autonomía alimentaria; pero no será recordado sino como un gobierno corrupto y represor con el “halconazo” del 10 de junio de 1971.

El iniciador de la reforma administrativa de gran envergadura para ordenar y modernizar la administración pública, ni siquiera se le relaciona con ella, sino con el despilfarro de los recursos del petróleo y la profundización de la crisis económica que ya había iniciado su antecesor, López Portillo solo será recordado por la inflación desatada durante su gobierno y la gran devaluación que sumió en la pobreza a quienes el quiso ayudar, endeudando y malgastando los recursos petroleros.

De la Madrid, tuvo que recurrir a los “pactos” para medio enderezar la economía, pero su gobierno se distingue por su vocación neoliberal y su mediocridad ante los retos de un país sin política industrial, sin políticas públicas contra la pobreza, su sello será la tibieza.

De Salinas su neoliberalismo extremo, su extranjerizante sueño de convertir a México en un satélite estadounidense, que gracias a que los gringos prefieren tenerlo como esclavo y no como socio, el país no se convirtió en otro Puerto Rico, sus políticas aperturistas al comercio internacional sin ninguna protección a la industria nacional, porque su idea es que el país no tiene capacidad industrial, pero si de servicios, pero tampoco buscó la capacitación de la población para ello, de ahí que desde entonces las grandes transnacionales se apoderan de las playas, la poca industria y las cadenas comerciales, su sello será neoliberal y corrupto.

Un gobernante que quiso ser ciudadano, libre de ataduras políticas separado del PRI, que puso orden en la economía que su antecesor dejó en la ruina y que dejo su sello de democrático, más forzado por los OFIs que lo apoyaron y por Clinton que lo hizo firmar una carta de intensión que lo comprometió a no apoyar al PRI para que saliera de los Pinos, ya que los americanos pensaban que aún mantenía sus tintes nacionalistas y estorbaba para sus planes sobre el petróleo y recursos naturales de México, fue Ernesto Zedillo quien dejó en la orfandad del gran elector y sustento del partido oficial, al dejar claro su sana lejanía y que “la línea es que no hay línea”.

Para nuestra desgracia llegó al poder un ignorante de la política y creo que de todo, cuya capacidad como vendedor de refrescos embotellados y su locuacidad, le permitió comprar como una franquicia la marca PAN, con fondos surgidos desde el extranjero y con un sistema de recaudación como el americano, a base de donantes, bajo la denominación de “Amigos de Fox”, que manifestó no estar de acuerdo en ayudar a los pobres sino a los ricos, para generar empleos, “un gobierno de empresarios para empresarios”, y que por su incapacidad y estupidez pensó que la mejor forma era dar contratos y concesiones a los cuates y cuya esposa, que decía ser su consejera  de alcoba y que en pasillos de la casa presidencial se decía la verdadera presidenta, buscó y logró jugosas ganancias para su familia y amigos de ésta con corruptelas en todo, así en todo, por ello el gobierno de Fox será recordado por su sello de pendejo y corrupto.

Así después de un recorrido de 50 años llegamos a Calderón, cuya intensión manifiesta, era acabar con el crimen, pero termino con una ola de violencia como jamás se había visto en un país en paz; su sello, además de la corrupción de su gabinete, hace que sea recordado como un gobierno violento.

Y todo este recorrido por la historia de México, nos lleva a preguntar: ¿Cuál será el sello de Peña Nieto?

Según él, será de reformador, pero el avance de la pobreza, el desempleo, la incertidumbre y el centralismo autoritario mostrado en su año ocho meses de gobierno, es preocupante. Por ejemplo a su gobierno se le reprocha en seguridad, la alta cifra de secuestros y su política de enviar, contra todas la reglas del federalismo, “virreyes que tienen más poder que los gobernantes locales como en el caso michoacano, también un regreso al autoritarismo e incluso se quejó de una creciente censura contra comunicadores y líderes sociales.

En economía, se le reprocha la baja en competitividad, la ineficiencia en el gasto y su opacidad, el incremento de pobres a pesar de su programa cero hambre.

En lo político, su campaña para presidente hizo promesas que aun no cumple y una de ellas la más preocupante, según mi punto de vista, es el ataque frontal a la corrupción, sin la fiscalía específica e independiente contra ese mal, no habrá programa contra el hambre ni la pobreza, que no sea usurpado por políticos y delincuentes que hagan su botín de los multimillonarios fondos que se destinan y que por ello, no llegan a sus destinatarios y no surten efectos sobre la miseria, Sin atacar ese mal, no acabará la injusticia ni la impunidad en el secuestros, el robo, el saqueo presupuestal, mucho menos el narco tráfico y la trata de personas. Sin atacar la corrupción, no hay inversionista que arriesgue sus capitales, ni PEMEX que no sufra daño patrimonial.

En suma, con el nivel tan alto de corrupción en que vivimos, no habrá programa alguno ni política pública eficaz y hasta ahora el sello de Peña es de un gobierno entreguista y corrupto.

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