La división de roles en el hogar y en el ámbito laboral se ha modificado. Cada vez es más común que los hombres se involucren más en el cuidado del hogar. Sin embargo, el cambio en los roles sociales ha contrariado hasta cierto punto los principios del feminismo.

Actualmente, el feminismo fácilmente recae en extremos que abogan por igualdad en situaciones en las que se requiere abogar por equidad de género. No puede hablarse llanamente de igualdad dado que las mujeres y los hombres son diferentes biológicamente. Esto no significa que uno u el otro sea inferior, sino que simplemente son diferentes, así como cada individuo es distinto a los demás. Debe de hablarse de equidad de género en materia social y educacional y de igualdad de oportunidades en materia laboral y también educacional; el mero concepto de igualdad resulta insuficiente. De igual manera, el feminismo radical en vez de crear nuevas oportunidades de equidad, genera nuevos estereotipos que paradójicamente desvalorizan a la mujer. El objetivo principal de una mujer independiente se centra en la realización laboral, en conseguir un empleo económicamente exitoso. Otros factores son dejados de lado por ser considerados anticuados. El nuevo estereotipo de la mujer exitosa ocasiona que la mujer cuyas prioridades son diferentes, recaiga en el estereotipo de “mujer mantenida”. El feminismo no debe de recaer en definir de manera arbitraria quién es o no una mujer independiente, sino que debe de enfocarse en que las mujeres y los hombres tengan las mismas oportunidades. Una vez teniendo las mismas oportunidades una mujer independiente entonces sería aquella que decida por sí misma qué oportunidades tomar. El ingreso al mercado laboral no garantiza la independencia de la mujer y por el otro lado, contrario a estereotipos anteriores, el tener hijos tampoco hace que la mujer “se realice” ni sea independiente. La capacidad de decisión de la mujer, libre de cualquier presión social ya sea por parte de mujeres o de hombres, es por lo que debe luchar el feminismo, no por crear un nuevo estereotipo de qué deben de hacer las mujeres para ser consideradas independientes.

Por el otro lado, para que las mismas oportunidades se le brinden a las mujeres que a los hombres, debe de eliminarse la doble moral bajo la cual un individuo critica a aquellas mujeres que realizan trabajos “indignos” y sin embargo forma parte de manera directa o indirecta de dicha industria; así como la educación bajo la cual la mujer debe de vestirse de manera “decente” para “no exponerse”, y bajo la cual hay ciertas reglas de comportamiento que una mujer debe de seguir, pero no necesariamente un hombre. Mientras continúe existiendo una doble moral bajo la cual se eduque a hombres y mujeres, independientemente del cambio que pueda haber en los roles sociales, las mujeres continuarán teniendo menos oportunidades, la violencia de género continuará existiendo y el feminismo continuará radicalizándose de manera inútil.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *