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El peligro de ser mujer en México


La historia se repitió otra vez, una menor de edad fue localizada sin vida en las inmediaciones del municipio de Ixtapaluca, Estado de México, su cuerpo presentaba severos signos de violencia brutal, violada y posteriormente asfixiada. Su nombre era Giselle y tenía 11 años. La niña desapareció el 19 de enero, había de encontrarse con su padre muy cerca de su domicilio en el municipio de Chimalhuacán, sin embargo, esto no ocurrió. Su caso se ha sumado al de Valeria, desaparecida el 14 de octubre y localizada muerta al día siguiente, a sólo unos metros de su casa también en el Estado de México, justamente en el municipio de Melchor Ocampo, tenía 12 años.

Estos casos forman parte de una lista interminable de mujeres asesinadas y que en términos jurídicos se engloban en una sola palabra: feminicidio, que consiste en el asesinato derivado del odio, relacionado al género de la víctima, en este sentido es la mujer quien de manera violenta pierde la vida.

Las víctimas de este acto criminal, en su mayoría, son torturadas, sus cuerpos mutilados, con signos de violencia sexual, y, por la manera en que se encuentran los cuerpos, muchos de ellos en terrenos baldíos, canales y carreteras, exactamente como fueron encontradas Valeria y Giselle.

Este fenómeno delictivo tomó relevancia internacional en 1993, al revelarse las desapariciones y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua, las víctimas se conocieron como las Muertas de Juárez. En su mayoría las jóvenes asesinadas eran empleadas en maquiladoras, todas, con algo en común, eran de escasos recursos.

Las cifras son alarmantes

Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública (SESNSP) indican que en México se han registrado 3 mil 580 muertes de mujeres, todas ellas con violencia, esa cifra corresponde a un rango de entre nueve y 10 asesinatos al día ¿Estremecedor?, por supuesto, pues de esos casos, que, por cierto, ocurrieron en 2018, 834 carpetas se investigaron como feminicidio, ¿dónde están las otras 2 mil 746 carpetas de investigación de los casos restantes?, ¿se indagaron como feminicidio, o se desecharon y se les dio carpetazo? Seguramente la sociedad mexicana nunca obtendrá una respuesta.

El reporte del SESNSP detalló también que, a nivel nacional, el año pasado, se incrementó un 9.41 por ciento la cifra de feminicidios respecto al año anterior cuando se registraron 3 mil 272 casos, pero únicamente se categorizaron como feminicidio 735 muertes, me vuelvo a cuestionar, ¿y el resto de los casos?

Los números señalados arriba causan un profundo escozor en la sociedad mexicana, las agresiones a mujeres ya no respetan (o nunca han respetado), la condición social y económica, la edad, a los criminales les da lo mismo sí es una niña, adolescente o adulto.

Desgraciadamente el país se ha cubierto en una terrible mancha de sangre que parece no tener fin y que cada día, de manera escalofriante parece crecer más y más, tan sólo son 16 entidades federativas las que lideran el ranking de las cifras de feminicidios, estos son:

Campeche, ocupa la primera posición con el 100 por ciento de los delitos, en 2017 se registraron 7 casos de asesinatos femeniles, pero en 2018 la cifra se duplicó; Guanajuato es la entidad que ocupa el segundo lugar, en 2017 registró un total de 171 feminicidios y dramáticamente en 2018 incrementó a 326 muertes, que representa el 90.6 por ciento.

El resto es para Quintana Roo con 83.3 por ciento; Jalisco con 70.5 por ciento; Baja California con el 57.2 por ciento; Nuevo León, 36 por ciento; Michoacán y Morelos, 24 y 25 por ciento respectivamente, Guerrero, Oaxaca y Estado de México con el 12, 11 y 10 por ciento, este último estado, el más peligroso, pues registró un total de 396 asesinatos. La Ciudad de México concentra solamente el 9 por ciento de asesinatos, mientras que Nayarit y San Luis Potosí comparten el 8 por ciento, Colima el 6 por ciento y Tabasco el 3 por ciento.

Según datos del Mapa del Feminicidio, para la Organización Mundial de la Salud, el alza en las cifras de este delito ya representa una epidemia de violencia que tiene que acabar.

Por otra parte, el aumento en la incidencia de las muertes por perspectiva de género, en tres años los números se volvieron aún más críticos, en 2015, se levantaron 2 mil 144 carpetas de investigación, pero en 2016 se generaron 2 mil 789 indagatorias, que representan un 30.08 por ciento con respecto al año anterior, en 2017 se investigaron 3 mil 272 nuevos casos que representan un aumento del 17.31 por ciento respecto al 2016.

Mencioné con anterioridad que el Estado de México tiene un concentrado de 396 asesinatos, pero sólo se tipificaron 106 como feminicidio; Baja California tiene un registro contable de 304 casos, pero sólo 16 se investigaron como feminicidio; Veracruz subió a 300 el número de secuestros de mujeres en 2018, sólo fueron reportados 50 casos.

El peligro de ser mujer en México radica en la nula respuesta de las autoridades para procurar que ellas vivan sin violencia, en la mayoría de los casos, las denuncias no son escuchadas, y las investigaciones no tienen el seguimiento adecuado, se ha llegado a saber, incluso, que los mismos ministerios públicos, les piden dinero a los familiares de víctimas, a cambio de continuar las averiguaciones.

Las cifras son muy alarmantes, y a pesar de eso, las muertes se quedan impunes, aunado a ello, los sistemas de justicia son ineficientes y cada vez en mayor grado, forman una cadena irrompible de impunidad, cómplices voraces de desapariciones, violaciones y asesinatos, porque “a falta de pruebas”, dejan deliberadamente libres a los agresores, poniendo en riesgo la vida de la ofendida.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), ha recomendado a las autoridades a reforzar las estrategias de seguridad pública, con ello, disminuir los índices delictivos que pudieran afectar a las mujeres. Sin embargo, algo que ha preocupado a diversas organizaciones es que el gobierno federal actual no tiene contemplada una agenda específicamente para la prevención del feminicidio, pues el presidente ha incluido a este delito dentro del combate al crimen organizado, los homicidios, etcétera, pero no lo coloca como tema central.

Por ende, lo colectivos de procuración y defensa de los derechos de la mujer continúan una lucha desmedida porque el feminicidio se tipifique como tal en todo el país. Aunque en la Ciudad de México ya alcanzó la tipificación de feminicidio desde 2011 con la reforma al Código Penal del entonces Distrito Federal, por lo que alcanza una pena máxima de 60 años de cárcel, sin embargo, en muchos de los casos no hay un agresor detenido, esto hace que el delito quede minimizado y se convierta en un fenómeno casi invisible.

Factores que inciden en el incremento de la violencia con perspectiva de género

La violencia y la inseguridad son alguno de los principales factores que inciden en el asesinato de mujeres, algunas, víctimas de secuestro, asaltos. Sin embargo, las estructuras delictivas (crimen organizado) incrementan la violencia contra las mujeres, esto se da en zonas con altos índices delictivos y donde permea el narcotráfico, la trata de personas y muy recientemente con los grupos delictivos que se dedican al robo de combustibles o huachicol.

Que el crimen organizado también se encuentre vinculado a la violencia feminicida, muchas veces no significa que las víctimas pertenezcan a organizaciones criminales, en algunos casos, ellas son parejas sentimentales de miembros con rangos jerárquicos en estos grupos y por ajustes de cuentas las víctimas cercanas con las que se “desquitan” son las esposas, hermanas, amigas y madres de los hombres que pertenecen a las bandas.

Expertos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio como María de la Luz Estrada, han señalado que el asesinato de mujeres guarda estrecha relación con integrantes de grupos sociales de las víctimas (familiares, amigos, etc.), pero, por otro lado, el vínculo con el crimen organizado se relaciona a casos de tratantes de blancas y desaparición forzada.

Pero no todo es cuestión de la delincuencia que azota día a día el país lo que hace que centenas de mujeres pierdan la vida, el otro fenómeno, aún mucho peor, la violencia doméstica y de noviazgo son también factores comunes de los crímenes contra mujeres.

No cabe la menor duda, toda muerte debe ser investigada como delito con perspectiva de género, pero aún las autoridades se niegan a tipificar este delito grave como tal, aunque las cifras sigan aumentando estratosféricamente y estas se oculten a la opinión pública.

Es necesario crear una política sólida que permita indagar con mayor profundidad y claridad sobre quién mata, por qué mata, cómo solucionarlo, la Fiscalía General de la República tiene una tarea muy, muy compleja, investigar, dar seguimiento y esclarecer este fenómeno delictivo, acabar con esta epidemia de violencia, como la califica la OMS.

Por otra parte, los expertos del Observatorio insisten en que se debe de investigar los contextos generales en los que viven las víctimas, de tal forma, que esto permita conocer por qué las mujeres se involucran en organizaciones delictivas que terminan por acabar con su vida, o si estos fallecimientos en realidad son relacionados a estas actividades, esto, para evitar que los asesinatos se criminalicen y se responsabilice a la víctima sin una investigación fehaciente.

Los más recientes casos

En octubre del año pasado, en el municipio de Ecatepec, Estado de México, particularmente en la colonia Jardines de Morelos, fueron detenidos, Juan Carlos “N” y Patricia “N”, la policía los capturó mientras empujaban una carriola, que, al ser inspeccionada por los elementos de seguridad, ésta contenía restos humanos, en ese momento se destapó la más escalofriante historia de terror, la de presuntamente veinte mujeres brutalmente asesinadas y posteriormente descuartizadas.

Al otro día, los medios locales e internacionales anunciaban la detención de la pareja sanguinaria. Los asesinos no mostraron ni siquiera un sesgo de arrepentimiento, por el contrario, se burlaban de los familiares de las víctimas. Se dio a conocer que los victimarios comieron de la carne de los cadáveres, expertos en criminología y psiquiatría han diagnosticado graves trastornos mentales en los detenidos, de hecho, recientemente se dio a conocer los abusos sexuales a Juan Carlos “N”, por parte de su madre.

El mismo mes se dio la noticia de Valeria Rivero, señalada al inicio de este texto, al igual que el caso más reciente, el de Giselle, de 11 años ocurrido hace unas semanas.

También el año pasado, el asesinato de Miranda Mendoza, estudiante de CCH, muerta en agosto, el caso de Lesvy Berlín, asesinada en CU en 2017, por su novio y hallada ahorcada en una caseta telefónica cerca de la Facultad de Contaduría, el caso de Sol Vargas Cifuentes, hija de la catedrática de la UNAM, Graciela María de la Luz Cifuentes, ambas asesinadas en marzo de 2018. Las muertes anteriores ya tienen seguimiento ministerial y con los responsables tras las rejas.

¿Qué nos está pasando como sociedad? Es la pregunta que nos hacemos a diario, cuando vemos en los periódicos otro asesinato más, los mismo en la televisión, la sociedad ha perdido sus valores, desde la familia debemos ser conscientes de la importancia de educar con respeto, sin violencia. No podemos dejar de lado las patologías psicológicas y psiquiátricas que cada individuo tiene, al final todos estamos propensos a sufrir trastornos mentales, algunos en mayor o menor grado.

Es indignante escuchar y leer testimonios de familias a las que asesinaron a sus hijas y hermanas, indignante saber que se destruyeron vidas para siempre y quedaron, a su vez, sumergidos en el infierno de violencia en que vive el país.

Toca a las autoridades crear mecanismos de protección que den certeza a las mujeres para vivir una vida libre de violencia, les toca a ellos frenar la ola de sangre que empaña cada vez más al país y a las organizaciones de derechos humanos, luchar para que se respete la dignidad, el cuerpo y la vida de miles de mujeres.

La violencia contra las mujeres no se da solo en el terreno del asesinato, recientemente se dio a conocer una serie de aparentes secuestros y desapariciones en el interior del Sistema de Transporte Colectivo, con denuncias en pie y algunos casos, también acoso sexual. Delitos cometidos en la mayoría contra mujeres de entre 18 y 25 años.

Si eres víctima de violencia, no te quedes callada ¡alza la voz!

Francisco Javier Colín Tapia

Francisco Javier Colín Tapia

Comunicólogo y periodista, soy egresado de la Universidad Latina, escribo y hago radio conduzco un espacio informativo semanal a través de UnilaFm, el canal oficial de mi casa de estudios, además de ser moderador en debates universitarios. He colaborado en Milenio Diario y en Televisión Educativa. Apasionado de la lectura, el arte, la música y la gastronomía, cinéfilo de corazón, mi misión, ejercer el periodismo con profesionalismo, la noticia se da en todo momento, para ello hay que informar con oportunidad, veracidad e imparcialidad, analizó temas políticos y me interesan aquellos que van relacionados con la defensa de la libertad de expresión, quiero hacer de mi país un mejor lugar para ejercer nuestra profesión.

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