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El movimiento #MeToo como instrumento de denuncia pública-mediática

El movimiento #MeToo comenzó en Estados Unidos, en Hollywood en el año de 2017. Un grupo de prestigiosas artistas de la industria cinematográfica hicieron públicas una serie de denuncias en contra del todopoderoso productor Harvey Weinstein, las revelaciones y los relatos presentados en las redes sociodigitales, revelaron los más obscuros casos de violencia sexual que las estrellas hollywoodenses sufrieron, muchas de ellas, por décadas.

The New York Times, sacó a la luz el historial de Weinstein, que pronto aumentó a 30 denuncias, colocando en el ojo público al productor y terminando de raíz con su trayectoria profesional. Más tarde, la actriz Alyssa Milano convocó a sus seguidores en Twitter (más de tres millones respondieron a la iniciativa) de compartir un mensaje que Milano había recibido previamente de una de sus amigas, el mensaje suscribía lo siguiente: “Si todas las mujeres que han sido abusadas o acosadas sexualmente escribieran “Yo También”, en sus perfiles, quizás podríamos transmitir la magnitud del problema.”

La campaña pronto invadió Facebook, Twitter e Instagram, y otros espacios sociodigitales con el hashtag #MeToo, hombres y mujeres en todo el mundo denunciaron ser o haber sido víctimas de acoso o cualquier otra forma de violencia relacionada al ámbito sexual. En 24 horas, 200 mil personas compartieron el hashtag acompañado de la denuncia correspondiente, tan solo días después del caso Weinstein.

La amiga de Alyssa Milano no se equivocó, su mensaje compartido pronto dio la vuelta al mundo, revelando la dimensión de un problema de escala mundial… la violencia sexual contra mujeres en el terreno de lo laboral.

El movimiento #MeToo fue retomado por otras mujeres del espectáculo y la política, tales como Angelina Jolie, Ashley Judd, Gwyneth Paltrow, la cantante Taylor Swift y la congresista Jackie Speie, todas con algo en común, fueron acosadas sexualmente.

La valentía con la que estas mujeres se atrevieron a alzar la voz y a denunciar a través de las redes sociodigitales, incentivó a que la revista Times, las nombrara como “Personas del año”, en 2017, el mismo año en que se configuró el movimiento social.

Como mencioné la llegada del #MeToo a la escena digital, reveló cientos, miles de casos de mujeres acosadas sexualmente alrededor del mundo, la mayoría de las denuncias se producen en el terreno laboral, los agresores, en gran parte, son jefes, encargados, supervisores, o cualquier otro puesto superior dentro de la jerarquía de las empresas, en donde los hombres realizan insinuaciones sexuales, piropos, envío de mensajes con doble intención, normalmente el lenguaje verbal y no verbal juega un papel fundamental en esta forma de violencia.

En muchos casos de acoso, las victimas dicen haber recibido propuestas de favores sexuales de parte de jefes o directivos, a cambio, recibirían un aumento salarial, un mejor puesto de trabajo o cualquier otra remuneración, mujeres jóvenes en busca de su primer empleo y para obtenerlo son víctimas de los más crueles depredadores que, con amenazas vulneran la integridad tanto física como psicológica de la acosada.

Para evitar que sus delitos sean denunciados, lo agresores compran el silencio de la víctima, ofreciendo millonarias sumas de dinero que hacen olvidar, de pronto, la agresión o los acosos, prácticamente para evitar llegar al escándalo y convertirlo en un asunto mediático, tal como ocurrió con Harvey Weinstein, que ofreció dinero por décadas a cada una de sus víctimas.

El silencio de las víctimas es un hecho, es producto del miedo, del miedo irracional a sufrir algún tipo de represalia por denunciar violencia, de ahí el temor a denunciar, por ende, los delitos quedan impunes.

#MeToo en México

El movimiento social #MeToo trascendió fronteras en un contexto muy complejo de luchas sociales por los derechos de las mujeres, en todo el mundo se suscitaron protestas que exigían la despenalización del aborto y el derecho de interrumpir el embarazo, por otra parte, pero muy de la mano, los colectivos y organizaciones feministas se volcaron en la lucha constante para eliminar el patriarcado, aquel que reprime a la mujer y coarta sus derechos, aquel patriarcado misógino que de pronto, con la ideología feminista se volvió en contra del sexo fuerte, o hasta entonces fuerte.

#MeToo trascendió fronteras compartiendo muchos ideales de los movimientos feministas conformados alrededor del mundo, y llegó a México, el país más violento para las mujeres, el país que ocupa el tercer lugar en feminicidios, el país donde el machismo, es pan de cada día.

Como sucedió en Estados Unidos, el fenómeno de denuncia sociodigital se hizo presente tras la denuncia pública de un grupo de actrices mexicanas, el programa Aristegui Noticias, entrevistó a varias actrices mexicanas, entre ellas, Paola Núñez, Sofía Niño de Rivera, Karla Souza, Stephanie Sigman y Azul Almazán, quienes expusieron sin mayores preámbulos, haber sido sometidas por productores de televisión o de cine a diversas formas de acoso sexual. Particularmente llamó la atención la actriz Karla Souza, quien denunció a Gustavo Loza, un cineasta que hasta el año pasado trabajaba en Televisa y que, tras la denuncia de Souza de haber sido agredida sexualmente, fue despedido.

Con las denuncias de las figuras televisivas, el fenómeno #MeToo, se colocó como uno de los más grandes movimientos sociales contemporáneos, bajo la premisa del respeto a los derechos de las mujeres, la campaña comenzó a tomar fuerza, y las denuncias fueron aumentando cada vez más, incluso, dejó de ser un espacio exclusivo para las voces femeninas del entretenimiento, a la lucha por la erradicación de la violencia se sumaron mujeres empleadas de distintos sectores, estudiantes, personas como usted o como yo.

Y es que en los últimos meses se hizo visible con mucha preocupación, la incidencia de casos de abuso o acoso sexual en contra de mujeres usuarias del Sistema de Transporte Colectivo Metro (STC-Metro). De hecho, se suscitaron también, una serie de infortunadas desapariciones dentro de las estaciones del metro, las mujeres agredidas, la mayoría jóvenes estudiantes de preparatoria o universidad, denunciaron, sin embargo, de poco sirvió en un país donde las autoridades les importa poco o nada las acusaciones que provienen de mujeres, lo que conlleva a que por desconfianza en las policías y los ministerios públicos, ellas desistan de ejercer cualquier acción penal, incluso terminan aún más violentadas por quienes se supone, deben protegerlas.

#MeToo: el fenómeno creciente en México en el ámbito de la comunicación, las literatura y la música.

A medida de que las denuncias en redes sociodigitales aumentaron, el movimiento femenil creció, hace unas semanas trascendió la configuración de tres extractos del movimiento original #MeTooPeriodistasMexicanos, #MeTooEscritoresMexicanos y #MeTooAgencias, abrió los espacios de las plataformas digitales para dar a conocer la denuncia con todo y nombre del victimario.

En el campo de la comunicación, el movimiento #MeToo destapó casos de violencia sexual en contra de empleadas de los medios de comunicación, 120 denuncias por acoso u hostigamiento en contra de periodistas o jefes de empresas como Televisa, La Jornada, Proceso, El Heraldo, Milenio, Excélsior, Reforma, por mencionar algunos, aumentó el poderío mediático de la campaña femenil.

Las principales agencias de publicidad, marketing y relaciones públicas también fueron evidenciadas por sus empleadas y sacaron a la luz los nombres de los principales acosadores de cada una. El medio digital Cultura Colectiva, también quedo expuesto gracias a que una excolaboradora denunció en la cuenta oficial del movimiento #MeTooPeriodistasMexicanos el abuso sexual al que fue sometida por parte de otro excolaborador, posteriormente se supo, a través de un comunicado por parte del medio, que el excolaborador fue separado inmediatamente. Los sucesos ocurrieron en septiembre de 2017, no obstante, salió a la luz pública en días recientes.

Las denuncias por violencia sexual en contra de mujeres llegaron al ámbito académico, la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, la estructura de la institución se sacudió luego de que el directivo de la escuela, el licenciado en Periodismo, Enrique Mandujano, fue acusado por el movimiento de abuso sexual, por esta razón, la institución que por años ha formado a los más destacados comunicadores del país, decidió separar de su cargo al directivo.

La situación evidenciaba un caso más de abuso sexual, que, según la víctima y los documentos presentados como evidencia por el académico, data del 2016. Según la denuncia, el profesor y la denunciante, Priscila Alvarado, sostuvieron una serie de conversaciones a través de redes sociales, el contenido de los mensajes tenía un tono romántico, el directivo de la institución declaró a la prensa que la relación entre él y la alumna era hasta entonces, amena.

Las acusaciones en contra de Mandujano Sandoval, se expusieron a la opinión pública justamente a la par de una conferencia de prensa en las instalaciones de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, el acusado presentó las copias de las conversaciones que sostuvo con la alumna, pero también demostró que Priscila Alvarado mantenía un tratamiento psiquiátrico y tomaba algunos medicamentos para tratar la depresión, mala memoria, de hecho, dicho tratamiento fue abandonado, los mensajes revelaron también agresividad por parte de la estudiante y que, además, eran enviados bajo los influjos del alcohol.

El hecho es que la imagen pública de Mandujano quedó en un momento, totalmente destruida, 27 años ejerciendo el periodismo, 15 como catedrático de la Septién García y una trayectoria en medios, no fueron suficientes para evitar que Mandujano fuera señalado por la sociedad, los estudiantes y por el movimiento. Él buscará, como lo señaló, que la verdad prevalezca.

#MeTooEscritoresMexicanos, fue tendencia en Twitter, tras la denuncia de una mujer que aseguraba que un poderoso hombre que pertenece a un selecto circulo literario, golpeó y embarazó a más de 10 mujeres, la identidad del presunto agresor poco después fue descubierta, el nombre, Herson Baona, un escritor que ha colaborado en distintos medios como Nexos, Letras Libres, Punto de Partida y Tierra Adentro. El impacto de las acusaciones fue tal, que la editora Selva Hernández canceló la presentación de un libro de Baona en una librería.

Otros escritores que fueron señalados al amparo del hashtag y que se convirtieron en tendencia fueron: Arturo Loera, violencia psicológica; manipulación y solapador; Mohsen Emadi, acoso y agresión sexual.; Fernando Carrera, acoso; Ramón Domínguez, acoso.

La escena musical se cimbró el pasado primero de abril, cuando el fundador de la banda Botellita de Jerez, Armando Vega Gil, decidió acabar con su vida, la razón, había sido denunciado por una internauta menor de edad de abuso sexual. La denuncia le significó a Vega Gil un golpe muy duro a su dignidad, a su vida, a su imagen y carrera. El botellito, como se le conocía, fue un asiduo promotor de la cultura, músico y activista a favor de los derechos de los niños y mujeres, defensor, irónicamente, del movimiento #MeTooMúsicos, aquel mismo que lo señaló, lo crucificó.

Vega Gil, se pronunció al respecto y desde el primer momento se declaró inocente, publicó un twitt en el que, además de deslindarse, anunciaba una fatídica decisión, una decisión ya tomada y por la que no quería que se responsabilizara a nadie, ni siquiera al movimiento…horas más tarde su cuerpo fue encontrado colgando de un árbol en su domicilio.

La muerte del músico causó revuelo en redes sociales, diversas mujeres calificaron a Vega Gil de cobarde por no enfrentar la situación, otras más iniciaron una campaña de desprestigio con señalamientos en contra del ya fallecido artista, acusaciones provenientes de mujeres que con el etiquetado #MeTooMúsicos aprovecharon de manera masiva para atacar continuamente al artista.

#MeTooMúsicos, pronto anunció su retiro de las redes sociales, debido a la manera en que se reaccionó a la muerte de Armando Vega Gil, ofreciendo una disculpa en un comunicado que colocaron en la cuenta, “Jamás incitamos a alguien a hacerse ningún daño ni acabar con su vida en lugar de afrontar los hechos ante las autoridades”.

La importancia del movimiento #MeToo, lo que se vale y lo que no

Celebro que existan movimientos sociales que eran impensables hace 50 años, celebro, por supuesto, que hoy las mujeres se atrevan con más energía, a defender sus derechos, en un país o países donde son ellas las principales vulneradas, no se nos olvide que nuestro país es el que tiene los más altos índices de violencia femenil.

Tras los sucesos del primero de abril, muchos especialistas escribieron sobre si el movimiento perdió fuerza a raíz de las denuncias que en muchos casos eran anónimas, yo creo que no, la campaña, por el contrario, se ha vuelto fuerte, pues era necesario un mecanismo de denuncia que tuviera un alcance mediático, lo suficiente para comenzar a erradicar la violencia contra las mujeres, un movimiento que surgió de la necesidad de las victimas a ser escuchadas, a tener acceso a la justicia, a eliminar el miedo de acusar y señalar.

Y aunque los movimientos dirigidos a acusar a periodistas, músicos, escritores, han sido objeto de señalamientos por mencionar que no es necesario u obligatorio la “denuncia legal”, las denuncias impactaron en las redes y sumó a hombres y mujeres a alzar la voy para exigir “YA NO MÁS”. Y es que se necesitaba un instrumento potencial de denuncia en un país donde carecemos de impartición de justicia y que cuando las victimas denuncian, no encuentran una respuesta por parte de las autoridades, lo que hace que las y los afectados, no lo hagan más.

Era necesario crear #MeToo para acabar de una vez por todas con el machismo que ha imperado por años, aquel que viola, golpea, abusa, acosa y mata, ese que se da en los centros de trabajo y que puede destruir vidas.

No obstante, lo que no me parece correcto, son los constantes señalamientos a los hombres, acusando a tajo y destajo que todos somos violadores potenciales, todos, que somos golpeadores y represores, que todos somos acosadores o abusadores, eso no debe caber en este tipo de movimientos, la lucha por lograr la igualdad de género nos compete a ambos sexos, ni uno es fuerte, ni el otro débil, esta es la lucha de todos. Tampoco comparto la idea de crear campañas de odio en contra de nuestro mismo sexo, campañas que se vieron reflejadas en las plataformas sociodigitales que se convirtieron en juzgados para acusar anónimamente sin haber, ni siquiera, una prueba fehaciente que comprobara la acusación.

El movimiento #MeToo debe continuar, pero en una misma lucha igualitaria, hombres y mujeres, de todos los niveles sociales y económicos, en una especie de alianza o pacto, sin acusar sin pruebas, sin señalar por venganzas personales, sin odios, acompañando a los movimientos feministas en la lucha por defender los derechos humanos, por erradicar la violencia de cualquier tipo, porque al final de cuentas, así como existe la violencia hacia ellas, también existe hacia los hombres.

Y le corresponde al gobierno, instituciones, organizaciones, trabajar en conjunto para que en el país la impartición de justicia sea mucho más eficaz, que los mecanismos de denuncia legal funcionen correctamente, y que se castigue a los responsables con todo el peso de la ley, logrando esto, las mujeres y también los hombres recuperaremos la confianza en las autoridades.

Me uno a la causa de ellas, las mujeres, y admiro el valor de alzar la voz. #YoSiLesCreo

Francisco Javier Colín Tapia

Francisco Javier Colín Tapia

Comunicólogo y periodista, soy egresado de la Universidad Latina, escribo y hago radio conduzco un espacio informativo semanal a través de UnilaFm, el canal oficial de mi casa de estudios, además de ser moderador en debates universitarios. He colaborado en Milenio Diario y en Televisión Educativa. Apasionado de la lectura, el arte, la música y la gastronomía, cinéfilo de corazón, mi misión, ejercer el periodismo con profesionalismo, la noticia se da en todo momento, para ello hay que informar con oportunidad, veracidad e imparcialidad, analizó temas políticos y me interesan aquellos que van relacionados con la defensa de la libertad de expresión, quiero hacer de mi país un mejor lugar para ejercer nuestra profesión.

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