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El maíz transgénico en México

El maíz está vinculado con las ideas del mundo de los pueblos indígenas en México, de tal manera que atentar contra él es hacerlo contra los derechos culturales y de alimentación de esas comunidades. De hecho, el maíz es, como expresara Guillermo Bonfil, fundamento de la cultura popular mexicana. En torno a su ciclo agrícola se gestan conocimientos, ceremonias, fiestas que congregan a las comunidades y propician la música y la danza, las artesanías, los platillos especiales, y una organización comunitaria que fortalece el tejido social.

Las tortillas de maíz son el alimento básico en la dieta de los mexicanos, quienes consumen en promedio entre 300 gramos y medio kilo de este grano al día. Aunque México es el país de origen del maíz, importa al menos 8 millones de toneladas al año desde Estados Unidos, donde el 70 % es genéticamente modificado.

Es muy probable que usted haya comido maíz transgénico si vive en México. El que es uno los debates más álgidos en torno a alimentación, biotecnología y salubridad no solo en el país, sino en el mundo, adquiere nuevos matices cuando nos enteramos que la gran mayoría de maíz contiene transgenes.

El problema está en que los consumidores no tenemos forma de saber en cuáles productos hay presencia de transgenes, puesto que, en México, a diferencia de otros países en donde el uso de cultivos transgénicos se ha normalizado, no hay una legislación por la que los productos con transgenes deban indicarlo en su empaque, a fin de que el consumidor sepa con claridad que se lleva a la boca.

¿Qué es el maíz transgénico?

Maíz modificado genéticamente mediante técnicas de ingeniería genética, con las que le han agregado genes de otros organismos. Las dos características más comunes en los maíces transgénicos actuales son la tolerancia a herbicidas y la resistencia a insectos.

Los posibles daños al campo, que han sido comprobados, es que, al introducirse transgenes a variedades nativas de maíz, éstas sufran una descompensación genética y fisiológica. Esto puede ocurrir fácilmente en el campo mexicano, ya que el maíz es una planta que se poliniza fácilmente y, por ello, los maíces nativos o criollos pueden contaminarse con polen de maíz transgénico.

Además, las prácticas campesinas implican el intercambio de semillas de sus parcelas. Se considera que parte de la contaminación que ya ha sucedido en algunos estados de México se debe a que Diconsa importa maíz de Estados Unidos, que al llegar aquí se mezcla con el local. Los científicos mexicanos opinan que, si se implementa la siembra comercial, la contaminación con maíz transgénico nos llevaría a perder las razas y variedades de maíces nativos, desarrolladas a lo largo de miles de años de cultivo.

Por si fuera poco, las secuencias transgénicas están patentadas, por lo que si un agricultor presenta estas secuencias en su maíz, las cuales pueden llegar por polinización (cruza entre un maíz transgénico y uno no transgénico), las compañías que detentan la patente pueden demandarlo. De hecho, hay ya varias demandas de compañías como Monsanto contra agricultores locales, que pasan de víctimas de la contaminación a acusados de plagio. Los juicios son costosos y muy lejanos a la lógica y de los recursos de los campesinos mexicanos.

Hace 9 años, un estudio de la UNAM reveló que menos del 10 %del maíz de las tortillas en la capital contenían transgenes. Sin embargo, en 2017, una investigación reveló la presencia de secuencias de genes alterados en un 82 % de las botanas de todo el país, tostadas y cualquier harina con maíz como fuente.

La investigación, liderada por la doctora Elena Álvarez-Buylla del Instituto de Ecología establece que un 90.4 % de las tortillas en el país también tendrían presencia de transgenes. Destaca que la mayor fuente de tortillas sin transgenes proviene de las zonas más rurales, mientras que entre más procesada sea la tortilla, fueron encontradas mayores alteraciones.

Si en México actualmente el cultivo de maíz transgénico no está permitido, ¿cómo es que ha terminado en nuestra mesa

La explicación pasa por entender una de las principales desventajas del maíz transgénico. Esencialmente, es imposible cultivar maíz transgénico, sin provocar una reacción en cadena que ocasione que los transgenes terminen en el maíz que inicialmente no era transgénico. Álvarez-Buyllia explica que en México hay miles de variedades del maíz nativo, mismas que son «interfértiles con cualquier otra variedad de maíz, incluido el maíz amarillo transgénico».

La más grave es que las grandes compañías transnacionales se están apoderando del patrimonio genético de los mexicanos, vía la introducción de transgenes patentados, con el propósito de privatizarlo. Si los empresarios agrícolas caen en la trampa de creer que aumentarán sus rendimientos/ingresos, pronto se enfrentarán con algunos de estos escenarios:

Baja de precio del grano si hay sobreproducción.

México es el principal productor de maíz blanco en el mundo. La coexistencia del maíz blanco y el transgénico no es compatible, ya que el blanco que se produce es para consumo humano y al contaminarse con transgénico se deprecia a maíz forrajero, originándose pérdidas de hasta 8 mil millones de pesos por año.

Que, como es factible, el maíz no se considere la mejor opción para generar agrocombustibles, y se queden “colgados” los empresarios agrícolas que reconvirtieron sus sembradíos ante la falsa expectativa de ganar más y tener el mercado asegurado.

Que se desquicie el campo y los mercados de alimentos, como ha ocurrido en Argentina, por volcar todos los recursos a la siembra de una sola planta. Esto traería más hambre, aumento de precios, mayor dependencia económica, pérdida de soberanía, una mayor concentración de la riqueza, y la imposibilidad de autonomía alimenticia de las comunidades campesinas e indígenas.

En el caso de contaminación por transgénicos, las consecuencias serían:

Pérdida de los maíces nativos que durante milenios han sido adaptados a diversos suelos, climas y humedades. Recordemos que tanto las variedades híbridas como las transgénicas dependen del material genético nativo para ser posibles. Un maíz híbrido pierde sus características de una cosecha a otra, se debilita y necesita de nuevo material que proviene de los maíces nativos.

Imprecisión tecnológica: la imprecisión de la tecnología transgénica es tal, que pueden producirse daños genéticos que deriven en plantas y mazorcas deformes. Hay evidencia de que el polen de las plantas transgénicas produce alergias o ciertos daños fisiológicos. La acumulación en el cuerpo humano podría provocar este tipo de efectos.

El problema de la alimentación es particularmente grave, pues si los productores se inclinan por sembrar maíz para su venta y conversión a agrocombustible continuará la escasez de maíz blanco y se repetirán crisis como la de la tortilla en el 2007. Esto, sin considerar los daños a la salud humana.

Por último, uno de los mayores riesgos actuales para México y el mundo, es que se contaminen los maíces nativos y la cadena productiva del maíz con transgénicos que producen sustancias no alimenticias y/o tóxicas como plásticos biodegradables, solventes, proteínas de uso terapéutico, antidepresivos, etc. A estos transgénicos se les conoce como biorreactores. Estos transgénicos ya existen en Estados Unidos y otros países, donde se está utilizando mucho al maíz para generar estas sustancias.

Para concluir queremos enfatizar que muchos científicos mexicanos, están conscientes de la vital importancia que tiene conservar la riqueza genética de nuestras variedades nativas de maíz. Esto requiere varias estrategias, entre ellas fomentar la producción de forma digna para los agricultores, acercándoles tecnología y formas de producción que les permitan contender con problemas como las plagas o el cambio climático, para poder así incrementar la oferta, y promover el consumo en el mercado nacional e incluso el internacional. Pensamos que utilizar tecnología responsable y avanzada como la biotecnología es una de las mejores formas de conservación a largo plazo, además de la conservación in situ y ex situ de los parientes silvestres de este cultivo.

Alma Rosa Soto González

Alma Rosa Soto González

Licenciada en biología egresada de la FES Iztacala UNAM
Asistente en investigación de la Faculta de Medicina
Asesor y representante de temas biológicos y ambientales de la Ciudad de México, de la asociación “Tortugas de Totonacapan A.C”

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