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El impasse mexicano

En los últimos días, ha protagonizado en la agenda mediática del país la caída en el nivel de aprobación de Enrique Peña.

Si bien es cierto las encuestas no reflejan la realidad y también una baja aprobación no significa que el desempeño presidencial sea malo, si muestran el sentir social -cada vez más adverso- para esta administración.

Y encuentro principalmente cuatro causas:

La primera, este gobierno no sabe comunicar. A pesar de los resultados y aciertos contundentes en materia de seguridad, permanece una visión apocalíptica sobre México en este contexto.

Aún y con un Pacto por México, mismo que destrabó las reformas estructurales pendientes desde el año 2000, el gobierno sigue promocionándose como si fuera una campaña electoral. Las reformas y sus beneficios, no se han aterrizado al nivel de la población; algo que han hecho muy bien sus adversarios, generando temor ante una reforma energética, vendiendo como propios los aciertos de éstas (otras reformas) y generando desconcierto en temas como telecomunicaciones y educación.

El equipo de comunicación de la Presidencia, debe entender que son gobierno y como tal deben estructurar un mensaje claro y contundente. A la fecha, no lo han hecho.

Segunda, una inexistente estrategia para redes sociales. Y entiéndase estrategia como una efectiva campaña de comunicación, no como la contratación de millones de “bots” que sólo ensombrecen la labor del ejecutivo y su gabinete.

Es claro que la Presidencia no entiende la viralidad de la red, su libertad y su dinámica orgánica. En vez de crear efectivos canales de comunicación con estas herramientas, se ha mostrado en su lado más autoritario e incapaz

Si bien es cierto que internet y por ende, las redes sociales, son un sector muy reducido de la población, es el sector principalmente educado, crítico y con herramientas para hundir el actuar presidencial.

Desgraciadamente, la Presidencia continua apostándole a los contenidos rancios y caducos de las televisoras, espacio donde ya nadie se informa; y los que lo hacen, no increparán al gobierno.

Tercera. La alianza con Acción Nacional ha resultado sumamente costosa. Si bien se destrabaron reformas que por su contenido exigían una mayoría en el Congreso, ésta ha hecho rehén al Presidente de una agenda ajena, que en lugar de preponderar sus objetivos, ha cargado con el costo político y social de acciones que podrían costarle en el corto plazo -2015- varios escaños en la Cámara de Diputados. Y un costo mayor, en la elección del 2018.

Dijo Jorge Castañeda:

“El Presidente erróneamente, no ha informado al pueblo de México como recibió al país”

Y considero este punto fundamental, en pro de esta alianza, se ve impedido para actuar en contra de los excesos de las administraciones pasadas, condiciona el voto legislativo y debe cercenar su agenda e incluso, regalar elecciones estatales como en el caso de Baja California –próximamente Querétaro-.

Todo esto a favor de una aplanadora que no ha permitido el debate y la exposición de argumentos. ¿Qué viene? La crítica en desbandada, la descalificación de sus acciones y las visiones catastrofistas de sus adversarios.

Dice Jesús Silva Herzog-Márquez:

“(…) mover a México, sin hablarle a México (…)”

Una característica de este gobierno –desgraciadamente-, ha sido la inexistente defensa de sus argumentos; no existe una respuesta a sus críticos. Hay un comunicado de prensa que nos queda claro, no es suficiente.

Y cuarta, la centralización de la toma de decisiones y el factor económico. Para nadie medianamente informado es ajeno que la redacción de las reformas, líneas de actuar y sus pormenores, emergen de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Los continuos errores u omisiones del gobierno federal en varios temas demuestran que no son especialistas quienes estructuran la propuesta, sino técnicos con nulo capacidad integradora; es obvio que el gobierno ha reculado en más de una ocasión por sendos errores.

Y si todas las propuestas de este gobierno nacen de la SHyCP, pues que hace esta dependencia, descuidar sus asuntos medulares, por eso ahora el mexicano promedio, afirma que económicamente se encuentra peor que en el 2011.

Y si a esto se le suman gasolinazos, aumento de precios de la canasta básica, nulo crecimiento económico y menos empleos generados, pues la percepción parece ser la realidad.

Entonces, comunicación y economía son los grandes desaciertos de esta administración. Ya dejaron pasar 18 meses, ¿dejarán pasar más?

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