“La vida de William Jenkins no es un libro cerrado”… después de leer las 490 páginas de su biografía escrita por Andrew Paxman, editada por el CIDE y Debate, en definitiva me quedan ganas de seguir y saber más. La Fundación Mary Street Jenkins fue creada en 1954, a la usanza de la filantropía norteamericana, en este caso enfocada en dos puntos: en mejorar la suerte de las pobres, a través de la salud y la educación, y que se debía hacer en el hogar adoptivo del empresario: Puebla. Con los años los esfuerzos de la Fundación se han volcado en un espectro de acción mucho más amplio. Lo más interesante es cómo sucedió todo. Yo comencé a escuchar el nombre de la Fundación de manera más constante cuando se estaba construyendo el Museo Internacional del Barroco, un edificio diseñado por Toyo Ito y a su apoyo a la Asociación de Amigos del Museo del Palacio de Bellas Artes con la restauración de los murales y en su línea editorial. Pero ante la pregunta ¿Quién es el señor Jenkins? Es que Paxman comenzó una búsqueda consciente de 16 años, pero que lo ha acompañado por más de 25.

Paxman platica que la primera vez que escuchó hablar de él fue en referencia a un suceso durante la Revolución. En una noche de octubre de 1920, su esposa Mary vio a Jenkins esfumarse en el frío y en la oscuridad acompañado por 3 hombres que pedían 300.000 pesos. Ésta sería su primera gran historia negra: ¿Secuestro o autoplagio?, así, Paxman comenzó a darse cuenta de las muchas historias alrededor de un personaje tan complejo. Jenkins fue un hombre que llegó a México poco antes de la Revolución e hizo una gran fortuna a partir de zonas de oportunidad, por su gran capacidad de ver los números y de relacionarse con personajes de la política mexicana a través de diferentes sectores: textil, azucarero, cinematográfico y bancario, supo sacar provecho de un “capitalismo de cuates” y darle la vuelta a las leyes, tanto mexicanas como americanas, principalmente para no pagar impuestos.

A pesar de su importancia, la literatura que hay al respecto exacerban un aspecto que nos debería de dar vergüenza y son las menciones de “el gringo”, de forma despectiva, y que se vuelve un hilo conductor de su vida y de la historia de México en el siglo XX, Paxman menciona, “Mientras que la xenofobia es ese miedo irracional a los extranjeros que produce una actitud defensiva nacionalista, la gringofobia es una variante mexicana que ve a Estados Unidos y sus ciudadanos como objetos de temor, desdén y culpa por lo males del país”.  Se volvió en el villano preferido en los mismos sectores donde participaba, como si todo lo que hiciera fuera con fines maquiavélicos, cuando en realidad lo que aprendió, muy rápido, son las malas mañas de los negocios y que sabía perfectamente que una cosa era lo que se decía en prensa y otra muy diferente lo que ocurría a puerta cerrada que se exacerba con su silencio. Hoy en día es interesante leer esta visión que a pesar de la retórica nacionalista de los gobernantes muchos de ellos fueron cómplices de sus negocios. Mientras que Cárdenas o Abelardo Rodríguez hablan en la prensa mal de Jenkins, en realidad su participación se vuelve funcional para sus intereses propios, en Michoacán o en la industria cinematográfica.

Este americano madrugador, que se ponía un traje oscuro raído, que caminaba por las calles de la ciudad de Puebla, que amaba las comedias de Cantinflas, que negó poner ascensor en su oficina para que a sus ochenta años siguiera manteniendo buena forma, a través de la narración de Paxman nos lleva desde su infancia en Estados Unidos y como, curiosamente por una promesa consigo mismo, es que se enfocó a hacer dinero para darle una buena vida a su gran enamorada: Mary, quién sería su esposa. Con este aspecto Paxman humaniza al empresario dándole tridimensionalidad, más allá de la explotación y las promesas revolucionarias incumplidas de un país en tiempos turbulentos, le da una serie de matices  a las categorizaciones entre blanco y negro, pero al mismo tiempo deja claro que es la idea de Mary, ya que en la realidad su mayor motivante fue el poder, por el poder dejó de lado a su amada Mary, a su familia, que incluso al final de su vida trato de zurcir, pero era “demasiado poco, demasiado tarde”. Jenkins escribió “Durante su vida formamos muchos proyectos para hacer obras benéficas en esta ciudad que no pudimos realizar por su muerte, pero me ha dejado el encargo de cumplir con algunos de ellos”, en una forma de limpiarse la culpa de no haber estado realmente con ella, pero también al ejemplo de la filantropía americana más si tomamos en cuenta una cita de Andrew Carnegie “El hombre que muere así de rico, muere desgraciado” y deja todo a la Fundación.

Para poder lograr sus metas Jenkins se hizo de un círculo de socios – amigos cercanos, en especial el papel de Manuel Espinosa Yglesias, fundador de Bancomer, en los últimos capítulos ocupa un lugar protagónico en sus negocios y de nuevo en su legado. La herencia de Jenkins a través de la visión de Espinosa casi diluye su imagen a nivel nacional, este libro es un gran recordatorio y análisis que deja la puerta abierta para otro de los grandes empresarios: Carlos Slim.

Es una gran lección de historia, completa, académica, fundamental, fácil y rápida de leer para todos los que quieran saber más sobre México, sobre Puebla, sobre los empresarios, sobre el negocio textil, el azucarero y sobre su papel en la época del cine de oro mexicano -que sufre de un asesinato casi múltiple-, sobre la educación, sobre la filantropía en México. El libro no es un manual de cómo ser el más rico de un país sino cómo no ser el más miserable y deja abierta la discusión para la Fundación Jenkins de optar por un “patronato independiente y un programa de donaciones más formal y transparente … podría sentar las bases para una nueva filantropía mexicana”.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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