El fin del contrato social en México

En la forma tradicional del Estado, la existencia del contrato social mantiene la obediencia hacia la autoridad otorgando protección a los individuos. De este modo, los individuos transfieren parte de su libertad a una autoridad que les otorga ciertos beneficios; mismos que incluyen la instauración de un régimen normativo que penalice a aquellos que atentan contra la estabilidad y la armonía. Más allá de las obligaciones tributarias que los individuos están obligados a cumplir a cambio de obtener seguridad social, el contrato social permite que los individuos convivan dentro del Estado y puedan desarrollar las capacidades necesarias para mantener el régimen.

En México, el contrato social está roto. Independientemente de los fallos de las instituciones de bienestar social, de una planeación urbanística deficiente, del gran porcentaje de la economía informal que no paga impuestos, y de un sistema educativo ineficiente, la falta de seguridad en el país ha generado una desconfianza total de los ciudadanos para con el gobierno. Un gran número de delitos no se reportan ante las autoridades por falta de confianza en que las autoridades estarán interesadas en dar seguimiento al caso. Por el otro lado, también se tiene desconfianza respecto a si en caso de que atrapen al culpable, éste cumplirá la pena. Es prácticamente imposible que un individuo desarrolle al máximo sus capacidades en un Estado en el que la delincuencia organizada es quien dicta las normas. Precisamente una de las características del Estado dentro del contrato social es el monopolio de la violencia. Si el narcotráfico y otros grupos delictivos establecen sus propias reglas y además deciden cobrar “derechos de piso”, (¿no es esto una forma de impuesto?) entonces se corre el riesgo de la aparición de un infra-Estado. Es cierto que México no está en guerra civil, sin embargo las continuas apariciones de fosas comunes, el número de desaparecidos, y las violaciones a los Derechos Humanos, son evidencia del resquebrajamiento del contrato social en el país. Más aún, las campañas mediáticas utilizan la grave situación del país para ganar votos. La situación es mucho más compleja; el problema es estructural, no sexenal, y claramente no se arreglará con promesas vacías en anuncios de radio…

Uno de los conceptos a los cuales más se hace referencia en el escenario internacional es al de soberanía. Actualmente, México se ha dado a la tarea de defender este concepto ante Donald Trump, sin embargo ¿de qué sirve la soberanía si los ciudadanos mexicanos no pueden ejercer con tranquilidad y libertad sus actividades diarias? Puede ser que el TLCAN no llegué a su fin, y puede ser que no se construya un muro en la frontera; quizás de este modo se sigan teniendo indicadores positivos respecto al crecimiento económico en el país, sin embargo las alertas de viaje que diversos países han puesto respecto a México permanecerán. La lucha entre los grupos que operan al margen de la ley y cuyo poder parece no disminuir continuarán abarcando los titulares de los periódicos. ¿En qué momento se perdió el compromiso del Estado para con los ciudadanos? Se habla de democracia y de la importancia de combatir el autoritarismo, pero ¿en realidad puede ejercerse la democracia en un país en el que a los ciudadanos no se les puede garantizar su seguridad personal? Durante muchos años el Estado mexicano fue visto como un Estado autoritario, ¿acaso se necesita volver a un Estado autoritario para eliminar la delincuencia organizada? o por el contrario, ¿nos encontramos en un país en el que el autoritarismo viene tanto de parte del Estado como de los grupos criminales?

Si bien es cierto que hay un límite respecto a los beneficios y a la seguridad que pueden garantizar las autoridades y que parte de la estabilidad y seguridad del país depende de los ciudadanos, el surgimiento de grupos de auto-defensas no es más que otra evidencia de cómo el Estado ya no está siendo capaz de proveer seguridad a los ciudadanos. Una vez más queda claro que en el México actual no puede hablarse ya de un contrato social. Sin embargo, lo que resulta más alarmante es hasta qué punto puede perpetrarse dicha situación y hasta qué punto los ciudadanos continuarán adaptándose…

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