Para nadie es desconocido el fenómeno mediático y social en el que se convirtió la serie televisiva El Chavo del 8, cuya emisión comenzó en 1971, en lo que entonces era la Televisión Independiente de México, más adelante Televisa.

La trama protagonizada por un grupo de personas que habitaban una vecindad, que sublimó de manera indiscriminada la pobreza y el conformismo social, se convirtió en uno de los programas de mayor alcance en Latinoamérica desde aquellos años.

Sin embargo, el carácter del programa trascendió las esferas del mero entretenimiento. Su creador, Roberto Gómez Bolaños, al frente del elenco que participaba en la serie, mantuvo una muy debatible relación con diversos gobiernos dictatoriales en la región. El recibimiento de los protagonistas del Chavo en países como Chile, durante la época de la dictadura, representa no sólo la trascendencia a nivel comercial del producto, sino la empatía de Gómez Bolaños con las ideas políticas de un régimen represor y autoritario.

Desde muy diversas perspectivas se ha analizado la instrumentación de este tipo de programas para la construcción y manipulación de conciencia. El Chavo, más allá de la mote de humor blanco que le definió, representa parte de una cultura televisiva que durante muchos años se caracterizó por la banalización de los problemas sociales, por la ausencia de cualquier tipo de crítica. La idea de proporcionar un entretenimiento simplón y adormecedor, que hoy por fortuna es cuestionado por un público que cuenta con mayores elementos de análisis y con la posibilidad de elegir contenidos de calidad.

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