El estudio del comportamiento humano ha atraído a científicos de las más diversas áreas. Comprender las conductas y emociones es una tarea tan fascinante como compleja.

La envidia, por ejemplo, sentimiento abordado igual por sicólogos que por literatos, vista con benevolencia pero también con incomprensión, expresa una parte sustancial de las relaciones interpersonales y sociales.

Este tipo de relaciones, son en efecto, determinantes en las acciones individuales de las personas, y a respecto a ello podemos referir el trabajo de uno de los pioneros de la sicología social, el polaco Solomon E. Asch, quien se doctoró en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, en 1932.

Solomon planteó a un grupo de 40 estudiantes una tarea que implicaba emitir juicios valorativos, asignando aleatoriamente a la mitad de ellos a la presión de la otra parte para persuadirles de tomar cierta decisión. De este experimento resultó que la mayoría de los individuos reconsideraban sus posturas en virtud de la tendencia que adoptaba el grupo. Es decir, que aquellos procesos en los que los individuos deben emitir un juicio, opinión, o tomar una decisión, están determinados por la influencia social.

¿Pero cómo estaría vinculado esto con la envidia? Justo porque es esta presión la que influye de manera determinante al tomar decisiones que acaban situándonos en una posición de notoriedad o cuando éstas impiden que otros se coloquen en dicho papel.

Cómo nos advertimos tanto de manera autoreferencial como en relación con los otros, lo que vemos en los demás y de qué forma influye en una autopercepción. Son estas preguntas que se relacionan naturalmente con el origen de la envidia en los seres humanos.

No es ajena a esta reflexión, la aportación de la sicoanalista austriaca Melanie Klein, quien afirma que la envidia es constitucional en el ser humano, base primaria de las relaciones objetales y que lo que mayormente la alimenta es la capacidad creativa de los demás, inspirando a su destrucción y/o trivialización.

Solomon y Klein exploran desde el terreno científico las conductas humanas, a nosotros nos queda aprovechar sus aportaciones para entender el origen de nuestras actitudes de forma racional y deconstruir los comportamientos nocivos que trastocan nuestras relaciones.

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