Pese a que hay opiniones en el sentido de que la libertad de expresión se vulnera con la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, sostengo que dicha libertad se robustece a partir de la reforma constitucional de telecomunicaciones del 11 de junio de 2013 y con la nueva ley secundaria, no niego que siempre hay tentativas de restricción y de achicamiento para las libertades públicas, particularmente se ha visto cierta tendencia en la materia electoral, donde parece que pesa más el  principio de la desconfianza, que elegantemente lo denominan “equidad electoral”, desde la reforma de 2008. Es indudable que la libertad de expresión, es un eje estructural de una sociedad democrática, pero siempre está en la coyuntura de ser restringida o limitada por el propio poder político y otros poderes “no formales”, en suma se trata de un derecho que está en constante pugna o lucha por mantenerse, y en su caso, por ampliarse. Hay que entender que tal ampliación o progresividad de derechos, depende de una suma de factores y no exclusivamente de la emisión de un ordenamiento legal, ya que además presupone la existencia de autoridades sólidas y autónomas, del ejercicio constante de los derechos, ya sea a través de organizaciones o a través de esfuerzos individuales y ante todo de un sistema de rendición de cuentas y responsabilidades. Creo que la expansión de la libertad de expresión en nuestro país, se dará más por la fuerza de los hechos bajo tres premisas:

  • La creciente existencia y uso de aparatos móviles con acceso a internet que permite a más personas expresarse y generar redes propias de información que tienen cierto impacto en la mayoría de la población,
  • una sociedad mexicana con mayor madurez democrática, que aunque está creciendo su ánimo de participar en las redes, es necesario que su expresión en el medio virtual a través de dar un click o un like, transite hacía la generación de actos concretos que transformen para bien su entorno individual y social, y
  • una esperanza, que mucha gente compartimos, de que México sigue una línea de progreso.

La libertad de expresión sólo es posible con una gran dosis de tolerancia y confianza entre las personas, tal vez eso explica porque la desconfianza en la materia electoral, por lo que debemos seguir trabajando en que los ciudadanos y los políticos tengan la apertura de escuchar posiciones diferentes, logrando entendimientos y acuerdos, pieza clave para lograrlo es que la educación tenga un mayor énfasis en el valor de la tolerancia, y así, ampliar de fondo la libertad de expresión. Lo anterior, reflejaría una sociedad mexicana que fomente el talante democrático de saber escuchar las necesidades y la posición del otro, y saber que no es enemigo o contrario, sino que es persona y que el ejercicio de su expresión forma parte de su dignidad. Por lo pronto, voy a ir al cine a ver “La Dictadura Perfecta”, una obra que critica abiertamente a nuestro presidente en turno, algo inaudito en otros tiempos, y que es una clara muestra de que vivimos en un México con mayor libertad de expresión. Sigamos avanzando.

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