Hace ya tres décadas se inició un proceso de cambio en nuestro país que permitió el establecimiento de un sistema económico distinto al adoptado en el México post revolucionario y aún más distinto del promotor de los años cuarentas y hasta principios de los ochentas, la llegada de este sistema permeo a casi todos los elementos constitutivos del estado, sin embargo, a la luz de estos cambios y mirándolos con diferentes tipos de lentes conceptuales, estos se han dado dentro de un mismo sistema político, es decir, mientras la economía mexicana se enfrentaba a un proceso largo de adaptación y reformas de fondo, en materia política el estado concedía pequeños elementos que servían de distención y contención social, pero sin cambiar la dinámica en la que la democracia actúa en el país.

El invertir la pirámide de las reformas del andamiaje institucional y privilegiar las económicas sobre las políticas, constituyó un debate del que se excluyó a la ciudadanía, los cambios  que se afianzaron y se afianzan en estos momentos fueron realizados al amparo de  una democracia en ciernes, supeditada a intereses de grupo, y es por eso que encuentran gran resistencia de la mayoría de la población, y no es qué deje a un lado la razón de estado en la que los gobernantes fundamentan gran parte de sus decisiones, no es menester de este artículo analizar los cambios realizados en materia económica, el interés fundamental es aportar elementos de certidumbre y pertinencia de la irrupción de la ciudadanía en la toma de decisiones y cómo esta ayudaría a afianzar un modelo más incluyente y dotado de legitimidad. En consecuencia debemos tratar de realizar aportaciones puntuales con enfoques específicos, que permitan construir en lo general una idea más clara de la pertinencia de la llegada del ciudadano a las cuestiones públicas.

El falso debate es en este sentido muy peligroso, las distintas voces que se escuchan, discuten si los nuevos elementos cómo la iniciativa popular, la consulta pública o las propias candidaturas independientes son elementos de democracia directa y trastocan el precepto constitucional de democracia representativa, es aquí donde se encuentra el falso debate, al presentarse como una dicotomía en uno y otro sentido, desvían el centro de atención que debería de centrarse en:  ¿qué han hecho con la representación?, ¿existen en estos momentos los elementos suficientes para que nuestros representantes signen a nuestros nombres las leyes y su aplicación en pro del beneficio común?, pues creo que es de todos sabidas las respuestas a estos cuestionamientos, la representación ha estado sobrevalorada ya que ha estado al servicio de intereses particulares y para el segundo deberíamos decir que tampoco nuestros representantes han tenido los elementos suficientes para ejercer sus encargos libremente. Es aquí donde el sistema requiere una dosis de frescura que provenga de la ciudadanía, dosis que deberá alentar la participación del ciudadano común en cuestiones públicas y revestir al sistema de legalidad y legitimidad, mediante mecanismos más claros y transparentes de toma de decisiones, en donde la representación sigua jugando un papel preponderante en nuestra democracia pero se de paso a la libre competencia política, que robustezca el debate desde las bases, aliente la participación más activa de las comunidades y revista de nuevos contrapesos a nuestra política.

Ninguna de las tres principales fuerzas políticas del país se han manifestado abiertamente en pro de la libre competencia política, han alentado medios de participación donde sean los mismos partidos los que encabecen y encaucen la lucha ciudadana, bajo modelos como el referéndum o la consulta popular, es claro que al soslayar del debate central las candidaturas independientes demuestran la denostación y el peligro que representa para el sistema que hoy representan, es por esto que toma mayor relevancia el empuje ciudadano en este debate.

Resulta de vital importancia para la agenda ciudadana, centrar el debate en la reforma política y en elementos que permitan mediante la representación, una competencia política abierta, en dónde los actuales actores se vean obligados a transparentar el proceso de la toma de decisiones y dote al propio sistema  de contrapesos reales y muy necesarios para el establecimiento de una Democracia sustantiva.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *