La película Her (Ella): El amor en la palma de la mano; el amor se crea en la mente… y transforma nuestro mundo.

Cuando vi llorar a esa chica, de tal forma, en el pasillo del Metro Insurgentes, imaginé que le había pasado algo muy doloroso. Se veía tan sola y ausente -en su rollo– con un lenguaje corporal de angustia y ansiedad. Se flexionaba hacia el frente con los puños cerrados, se tocaba la cabeza con una mano y con la otra se daba palmaditas en el pecho. Alzaba el brazo con el índice de la mano señalando al cielo. Traía unos audífonos.

En el metrobús me sorprendió la señora -bajita, ropa sencilla, equis– que sentada, mandaba besos a través de la ventana. Del otro lado estaba su galán -maduro, muy alto y con tipo de empleado en una agencia de autos- que le hablaba con murmullos que impedía oír el gran cristal de 10 milímetros de espesor. Al alejarse el camión, ella rápidamente sacó su celular y le marcó; siguió el romance hasta que se perdieron de vista. Sus sentimientos conectados por la señal telefónica, no importaba que no se vieran.

Cantaba horrible, no se entendía ni el idioma en que lo hacía, pero eso no importaba, no se escuchaba, ni se veía, ni se daba cuenta que estaba en medio de 20 o 30 gentes que esperaba el cambio de la luz del semáforo para cruzar el Eje Central, en la esquina de La Torre Latino. De vez en vez decía: “Sí mi amor, así se oía de chido, sé que la rola te gusta y por eso te la cantaré para que sepas que te amo”. En estos días en que muchas parejas son andróginas nunca supe si era chavo, chava o quimera. Pero había amor.

El argumento de Her recrea una historia de amor muy poco convencional y se mueve en la ciencia ficción, pero resulta sobrecogedor el hecho de que no es descabellado. Lejos de eso, es alarmantemente viable. La actuación de Joaquin Phoenix, es excelente -actuación de monólogo, frente a sí mismo-. Recreada en un futuro ideáticamente limpio, ordenado, confortable, desestresante, despersonalizado y dominado por gadgets. Sin falsos dilemas morales o filosóficos, considerando la sociedad maniqueísta norteamericana.

El ser humano siempre ha debatido la realidad del mundo visible y ha planteado el origen de la materia a partir de las ideas puras -por medio de la filosofía-. Algunos quisieron acceder a esa realidad alterna a través de la ingesta de drogas; argüían que era el vehículo idóneo porque permitía abstraerse de ese engañoso y terrible mundo material. El movimiento hippie estuvo totalmente identificado con esa postura. En el siglo XXI la postura ha cambiado radicalmente: las Tic’s son dominantes -ahora es por medio de la tecnología-. Hay que observar la cantidad de personas que se aíslan para consultar algo en sus iPads, iPhones, smartphones…

No será sorprendente que un poco tiempo veamos un transhumanismo, -actualmente es un concepto filosófico, yo digo que llegará a ciencia; que abordará filosofía y tecnología, con sus dilemas respectivos-. Decía Octavio Paz, en la nota introductoria del libro Las enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castañeda: “Las drogas, las prácticas ascéticas y los ejercicios de meditación no son fines sino medios. Si este medio se vuelve fin, se convierte en agente de destrucción” y agrega “Una vez rota la percepción cotidiana de la realidad, las drogas salen sobrando”. Habría que aplicarlo a la trama de la película Her.

Uno de los exponentes más importantes del movimiento transhumanista contemporáneo, Nick Bostrom, ha definido el Transhumanismo como “un movimiento cultural, intelectual y científico, que afirma el deber moral de mejorar la capacidad física y cognitiva de la especie humana y de aplicar las nuevas tecnologías, de manera que se puedan eliminar los aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana como el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento e incluso, el ser mortales” -¿el amor?. El Transhumanismo se convierte así en un movimiento, una ideología, que tiene como credo filosófico “la superación de las limitaciones humanas a través de la razón, la ciencia y la tecnología”.

La película Her evoca -en muchos casos sin tener nada que ver- a Un Mundo Feliz (Huxley); Videodrome (Cronenberg), Estados Alterados (Russell), Robocop (Verhoeven); Inteligencia Artificial (Spielberg); Total Recall (Wiseman); Cherry 2000 (De Jarnatt); Los Sustitutos (Mostow); Terminator (Cameron); Gattaca (Niccol); Avatar (Cameron) y otras.

La conexión en Her es real y el hecho de que se produzca a través de un teléfono celular no la hace menos válida. Conocerse en la vida real no garantiza que exista química entre dos personas. De hecho, hay quienes mantienen relaciones de pareja o amistad durante años y nunca muestran su verdadera cara, miedos, anhelos y sentimientos. Sin embargo, abrirse a través de la red puede resultar más auténtico, porque se conoce el interior de la persona saltando sobre las barreras sociales, como la importancia del físico, el dinero o la posición social. Pero, -“siempre hay un ‘pero’”- con una dependencia hacia la tecnología.

También resulta más fácil hablar sobre uno mismo, porque no tenemos al otro delante. No nos tenemos que enfrentar a su mirada, a sus réplicas, a sus reacciones y sobre todo, a sus juicios. Por lo tanto, es más fácil sincerarse. Cuando tuiteamos o wasapeamos lo hacemos en un momento libremente elegido. Eso también favorece las ganas de comunicar, de abrirse, de escuchar lo que el otro tiene que decir.

El peligro de este tipo de relaciones es que es fácil idealizarlas. Si con quien conectas es ingeniosa, inteligente, perspicaz, sensible y divertida… Rápidamente imaginamos que es la pareja de nuestra vida. Parece que no tiene defectos, ni problemas. Siempre está ahí. Nos comprende, nos hace reír, nos manda un mail en el momento oportuno, eso alimenta esa secreta convicción de que hemos dado con nuestra alma gemela. Algo que ni siquiera nos atrevemos a decir en voz alta porque tememos la burla, pero que resuena en nuestro corazón… Lo cierto es que una relación online no es una verdadera relación de pareja.

Es más serio de lo que parece. En el futuro, la humanidad cambiará de forma radical por causa de la tecnología. Se prevé la viabilidad de rediseñar la condición humana. La viabilidad propuesta para alcanzar sus propósitos se basa en ciertos presupuestos tecnológicos que parten de realizaciones en el campo de la inteligencia artificial y de las tecnologías convergentes o emergentes.

Podemos decir que mientras más se conozca sobre las tecnologías, que supuestamente provocarán la poshumanidad, más consciente se estará sobre sus posibilidades y sus consecuencias. La puesta en práctica del Transhumanismo se apoya en el desarrollo de las llamadas Tecnologías Convergentes (NBIC). El término NBIC se refiere al estudio interdisciplinario de las interacciones entre sistemas vivos y sistemas artificiales para el diseño de nuevos dispositivos que permitan suplir defectos o mejorar las capacidades cognitivas y comunicativas del ser humano.

Mi hija Mich es afecta a los gadgets, perteneciente a la Generación Y, (una antes de la GeneraciónWe), dice que Her es, prácticamente, la entrada a la Matrix, por algo lo dirá.

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