Dos libros para entender la ira y el resentimiento que sacude al mundo

El moderno sistema –mundo fue un concepto desarrollado por el sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein en los años setenta. Planteaba los orígenes del moderno sistema capitalista y sus procesos superando las tradicionales categorías del análisis político, el desarrollismo muy arraigado en las explicaciones de la realidad social.

Viene este autor a colación porque el entendimiento del mundo como un sistema permitió durante mucho tiempo entender las dinámicas del centro y periferia, la dependencia, las fuerzas sociales, políticas y económicas, que atravesaban diversos espacios geográficos e históricos, fundamentalmente desde la época moderna hasta el presente.

Hoy, sin embargo, estas herramientas de análisis resultan insuficientes ante la complejidad y el desplazamiento de las categorías conceptuales de las ciencias sociales y los acontecimientos mundiales.

Ya no se puede explicar al mundo en virtud de la polarización ideológica que implicaba dos bloques de pensamiento, no sólo existe una fragmentación en este sentido imbuida por múltiples intereses que superan la dimensión ideológica y política y por factores de carácter religioso, étnico, identitario, cultural e incluso monetario.

Basta una breve mirada a cualquier parte del mundo para encontrarnos con crisis en las que todos estos factores se cruzan, resurgimiento de ideologías nacionalistas, crisis migratorias, conflictos religiosos e identitarios, narrativas aislacionistas y racistas, regímenes totalitarios y anti democráticos. Y en contraparte movimientos que reivindican la multiculturalidad, la diversidad, los derechos de las minorías, la autonomía cultural y la equidad, que cuestionan fuertemente la desigualdad social y la imposición de modelos de mercado que atentan contra el colectivismo y la seguridad social.

En este muy convulso escenario, han surgido otras teorías de análisis e interpretación. Pankaj Mishra, escritor indio nacido en 1969, plantea en su más reciente libro Age of Anger: A History of the Present, que es en el siglo XIX caracterizado por el descontento y la decepción que implicaron las falsas promesas de la modernidad, en donde puede encontrarse la explicación de gran parte de las irracionalidades del siglo actual.  Los años de esperanza que anunciaba el fin de la Guerra Fría a finales de los ochenta acompañados de la apertura de los mercados, el triunfo del capitalismo liberal, dice Mishra, se desvanecieron muy pronto, la prometida globalización, la prosperidad, el acceso a la educación no pueden verse sin su contraparte de pobreza, desigualdad y violencia creciente.

Age of Anger revela las disfuncionalidades de occidente que han dado lugar a la construcción constante de enemigos, a la persecución y al odio. Sin duda un trabajo necesario para entender un poco de la historia presente.

Por su parte, los historiadores alemanes Jan Jansen y Jürgen Osterhammel hacen un magistral trabajo de síntesis en Decolonization: A short History. A partir de los procesos de descolonización en las regiones de África, Asia y el Caribe posteriores a la Segunda Guerra Mundial, revisan las profundas implicaciones históricas y políticas que son en gran medida definitorias del carácter del siglo XX.

Todavía a mediados de aquel siglo, existía un puñado de imperios coloniales en medio de un mundo que se preciaba de moderno gracias a sus estados soberanos. Jansen y Osterhammel se refieren a la descolonización preguntándose si el concepto puede constreñirse solo a la adquisición de la independencia nacional o también habría que considerar los procesos económicos y culturales de auto-determinación?

Estas preguntas no son menores cuando advertimos cómo prevalecen parte de las estructuras colonialistas en el curso de los siglos XX y XXI, en la interrelación entre naciones y grupos humanos.

Estas dos propuestas de revisión intelectual, una desde la sociología, otra desde la historia, no podrían ser más pertinentes en un momento en que la inmediatez de la información sobre lo que acontece en el mundo despoja de profundidad el análisis. Algunos se refieren al riesgo de hacer historia, es decir, de escribirla, en la cercanía temporal, sin embargo, parafraseando a Benedetto Croce, “Toda historia es contemporánea”. Involucraría mayor riesgo no utilizarla como herramienta crítica de nuestro presente, y para ello, estos dos autores son indispensables.

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