Esta semana se dieron a conocer dos hechos relevantes relacionados con mi tierra natal, Nuevo León. Ambos me conmovieron y llevaron a una serie de reflexiones que quiero compartir con ustedes.

Por una parte está la escalofriante realidad de las personas víctimas de desaparición forzada en la entidad. Se trata de un fenómeno alarmante y angustioso que, como sabemos, ocurre a lo largo y ancho del país y que alcanza una expresión de escándalo en el caso de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Ahora confirmamos que también en Monterrey se han presentado desde hace varios años esas dolorosas experiencias. El hecho, aunque no es nuevo, se convirtió en noticia hace unos días, debido a que en las faldas del cerro de las Mitras, cercano a la carretera que conduce a Saltillo, un grupo de ciudadanos se dio a la heroica tarea de buscar a sus familiares desaparecidos que, suponen, podrían estar sepultados ahí en fosas clandestinas.

Se trata de mujeres y hombres desesperados –padres, hijos, hermanos, cónyuges de desaparecidos– que despliegan sus propias pesquisas ante la incompetencia de las autoridades policiacas, que a su negligencia suelen sumar los agravios de la corrupción y la impunidad. Estos mexicanos que sufren en carne propia la ausencia inexplicada de sus seres queridos, han formado la asociación Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, inspirada en otra agrupación ciudadana, ésta de Coahuila, llamada grupo Vida (Víctimas por sus Derechos en Acción). El grupo Vida fue fundado por Silvia Ortiz de Sánchez Viesca, madre de Stephanie, desaparecida en 2004 cuando era una adolescente de 16 años. Aunque por desgracia la joven aún no ha sido encontrada, su madre ha promovido decenas de recorridos –varios de ellos exitosos– para buscar fosas clandestinas y localizar los restos de personas desaparecidas.

Los familiares realizan esta tarea independiente, debido a que la Procuraduría estatal nunca ha querido revisar los puntos geográficos que ellos les han señalado como posibles lugares de fosas clandestinas. Por el momento han encontrado retazos de ropa y zapatos de mujeres en esa área de Las Mitras, donde también se hallaron en 2012 los restos de la joven Brenda Damaris González Solís, que había desaparecido un año antes en Santa Catarina, al parecer a manos de policía municipal, en un crimen aún no resuelto.

El otro hecho al que aludo y no puedo dejar de relacionar con el anterior, es la decisión del nuevo gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, el Bronco, para otorgar la autonomía de la policía de Monterrey a nivel municipal, lo cual implica que el gobierno estatal se abstendrá de intervenir y en consecuencia quedará al margen de responsabilidades en la materia.

Y si bien en principio es positivo que el municipio como tal asuma el control y participe decididamente en resguardar los intereses y el bienestar de la población regia, no me parece acertado que el gobierno estatal se abstenga y se retire, cuando lo prioritario y urgente es que todo el país sume esfuerzos, voluntades, infraestructura y policías; eso sí, delimitando muy bien responsabilidades, recursos y facultades, pero siempre manteniendo una articulación plena, pues apenas conjuntando todos los recursos podrá hacerse frente a la poderosa acción de los cárteles y la delincuencia en general. Conviene recordar que Monterrey era el único municipio del estado que compartía, así fuera en menor grado, la vigilancia policial con la autoridad estatal.

Estamos, pues, a tiempo de afinar y diseñar el modelo idóneo a fin de conseguir más y mejores resultados. Se requiere sopesar de manera adecuada ciertas decisiones que en principio parecen correctas y hasta respetuosas del artículo 115 constitucional respecto a la autonomía municipal, pero que en el fondo dejan a un lado la necesaria complementariedad de los poderes tanto federal y estatal como municipal, sobre todo en un rubro tan delicado y vulnerable como es la seguridad pública. Fundamental será, entonces, que se estrechen los vínculos entre las autoridades responsables de la seguridad pública y también con los grupos de la sociedad civil que reclaman legítimamente la protección de sus personas y sus bienes como un derecho esencial.

Como ven, se trata de dos asuntos que tienen por escenario a Nuevo León y que podrían parecer independientes uno del otro, pero que guardan estrecha vinculación en tanto que responden a una exigencia de primer orden de la sociedad mexicana: acabar con la inseguridad e impulsar una sociedad que pueda vivir en la paz y la prosperidad.

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Sobre el autor

Martha Chapa

Martha Chapa

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En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta. Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país. Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana. Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad. En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza. Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas. Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético. Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro. Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto. De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas. Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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