La semana pasada se estrenó la película alemana “La Conspiración del Silencio” (Im Labyrinth des Schweigens, 2014) de Giulio Ricciarelli (Italia, 1965), una aproximación a un tema doloroso para la humanidad: los crímenes de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La pregunta fundamental para el joven fiscal Johann Radmann (Alexander Fehling, 1981) ¿cómo se puede seguir adelante como persona, o como nación, sin curar, aunque duela, las acciones pasadas, después de saber que algo sucedió? El psicólogo Javier Barbero, respecto a una ética de los cuidados de los enfermos, define a la “Conspiración del Silencio” como un acuerdo implícito o explícito, de parte de familiares, amigos y/o profesionales, de alterar la información que se le da al paciente con el fin de ocultarle el diagnóstico, pronóstico y/o gravedad de la situación. De esta manera, al inicio de la película, Radmann pregunta a un par de secretarias si sabían qué era Auschwitz, y ninguna sabe contestar. Es curioso que la traducción literal del título de la película es Laberinto de Mentiras, ya que mientras las personas recordaban lo que había sido la guerra, no querían que saliera a la luz lo que sucedió.

La idea básica de la conspiración del silencio es no generar más angustia o proteger al paciente, pero lo que en realidad se inhabilita es la posibilidad de cicatrizar de una forma sana. Mientras que el testimonio histórico sucede al mismo tiempo que la captura de Adolf Eichmann (Alemania, 1906- Israel, 1962), parecería que su juicio, el juicio de Núremberg (1945-1946), o el primer juicio de Auschwitz (1947) servirían para determinar y sancionar las responsabilidades de los diferentes crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del III Reich y de ésta comenzar a sanar la herida; la realidad es que, fueron los propios alemanes quienes pusieron en tela de juicio con sus propias leyes, de la República Federal Alemana, a diferencia de los juicios anteriores, donde se aplicaba la definición internacional legal de crímenes contra la humanidad. A partir de 789 testimonios se juzgó a 22 oficiales del campo de concentración. La película es el recorrido del protagonista desde que comienza a escuchar del campo de concentración, por pura casualidad, hasta el comienzo de los juicios. Así sorpresivamente descubrió que un maestro, un panadero, un periodista, habían trabajado ahí, personas a las que se consideraría normales.

Por otro lado, en Netflix acaban de subir la película de la BBC “The Eichmann Show” (2015), una dramatización del equipo que se encargó de televisar el juicio. Se enfocan en el punto de vista del director Leo Hurwitz (Estados Unidos, 1909-1991) y del productor Milton Fruchtman, quien para la época tenía 35 años; ambos tuvieron la sensibilidad de captar un momento histórico, era la primera vez que se presenta una narrativa transnacional para describir el genocidio y marcó la forma de escuchar a las víctimas como testigos de un hecho histórico. De una forma muy visionaria Fruchtman se acercó al gobierno israelita de David Ben-Gurión para proponer la importancia de difundir el juicio a nivel mundial, en un inicio los jueces no querían que fuera trasmitido por la intromisión de las cámaras, por lo que de una forma teatral fueron capaces de crear una escenografía donde la audiencia era todo el mundo. Aunque el juicio sobre el sufrimiento de los judíos se llevó a cabo en hebreo, fue transmitido a 37 países. La hipótesis de Hurwitz, un director judío que tuvo simpatías comunistas -por lo que durante 12 años estuvo en la lista negra de McCarthy-, era que en algún momento de los testimonios de los sobrevivientes, o en la proyección de los filmes, el “Arquitecto de la Solución Final de los Judíos” sucumbiría, por lo que constantemente realizaba acercamientos a su mirada, en el testimonio de la filósofa política alemana Hannah Arendt (Alemania, 1906- Estados Unidos, 1975) para The New Yorker “Eichmann in Jerusalem” después de 4 meses de juicio, menciona que ni una vez volteó a ver a la audiencia, lo cual generaba una frustración en el director, de crímenes peores que la muerte.

Ambas películas se enfocan en “personas normales” que son capaces de actos inhumanos, mientras que en los primeros hay una idea de que no es necesario ya que el panadero, o el maestro no serían capaces de actuar de esa manera en una sociedad normal, o que Eichmann sólo era un burócrata encargado de agilizar cuestiones como la salida de los judíos en un inicio y después en el sistema de trenes, y que la sociedad no quería denunciar ya que todos se incriminarían hasta cierto grado. Así, que el lado monstruoso de las personas existe de manera latente, por lo que solamente es necesario un pequeño chispazo para detonarlo, incluso con la presencia de las cámaras, como se puede ver en la película “The Stanford Prison Experiment” (2015), basado en un estudio psicológico de 1971 liderado por Philip Zimbardo (Estados Unidos, 1933), se reclutaron voluntarios, con perfiles psicológicos considerados normales, a imitar la vida dentro de una prisión, habría tanto guardias como prisioneros, mientras que la dinámica estaba planeada que durara cerca de dos semanas al sexto día se tuvo que cancelar. Zimbardo estableció condiciones en donde los prisioneros sufrirían de desorientación, tanto física como temporal, despersonalización y desindividualización; a los guardias se les dieron las siguientes instrucciones:

Pueden producir en los prisioneros aburrimiento, miedo hasta cierto punto, pueden crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada por nosotros, por el sistema, ustedes, yo, y de que no tendrán privacidad… Vamos a despojarlos de su individualidad de varias formas. En general, todo esto conduce a un sentimiento de impotencia. Es decir, en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno.— vídeo The Stanford Prison Study, citado en Haslam & Reicher, 2003.

Dentro de las grabaciones realizadas para documentar el experimento, y que se convirtieron en el principal material para realizar la película, se ven tendencias sádicas “genuinas”, especialmente en la noche cuando los guardias pensaban que los investigadores estaban dormidos. “John Wayne”, Dave Eshelamn, un estudiante que llevaba su propia agenda, ver hasta que punto los otros eran capaces de aguantar los maltratos a los que los sometía, en una entrevista posterior al experimento Eshelamn no muestra el más mínimo arrepentimiento por lo sucedido, al igual que Eichmann, y los otros 22 oficiales enjuiciados en Frankfurt.

Al igual que Zimbardo concluye que estudiantes de colegio, de clase media … conectarán el uno al otro solamente porque les dan un papel y dado el poder, así que las instituciones y ambientes son lo que fomentan y cambian a doctores, abogados, académicos, banqueros y economistas ser capaces de las peores atrocidades en contra de la humanidad. Sin embargo, durante el juicio de Eichmman menciona “Arrepentimiento es para niños”.

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Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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