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Divagaciones de la Manzana: sobrevuelo de locura

En estos días de Semana Santa, que suelen ser un poco más tranquilos, tuve oportunidad de concentrarme en la lectura de un libro muy de nuestro tiempo: Estrictamente bipolar, de Darian Leader, publicado este año por Sexto Piso.

Ya desde la presentación que hace la casa editora advertimos la importancia del tema de la obra: “Parecería que las enfermedades mentales corren paralelas a la historia humana, como un efecto distorsionado de lo que cada época produce en la psique de los individuos a quienes le toca vivirla”. Las primeras líneas del libro de Leader no dejan lugar a dudas: “Si el periodo de posguerra fue denominado ‘era de la ansiedad’, y las décadas de 1980 y 1990 ‘era de los antidepresivos’, ahora vivimos en tiempos bipolares”.

El autor se refiere a ese empeño ilimitado de la productividad, la fama y el éxito que convierte a los seres humanos en meras piezas de recambio desechables y con graves repercusiones para la salud mental.

Retomo esos conceptos del libro de Leader, que me parece fascinante y aleccionador, a propósito de la reciente tragedia aérea que ha cimbrado al mundo entero. Luego de intensas investigaciones, todo parece indicar que la catástrofe fue ocasionada por un ser humano trastornado, quien de manera deliberada estrelló en la cordillera de los Alpes franceses el avión que piloteaba.

Imposible no pensar que la muerte de ciento cincuenta personas, entre ellas dos mexicanas, pudo haberse evitado con un mayor conocimiento, seguimiento y decisiones oportunas respecto de los padecimientos psiquiátricos del copiloto Andreas Lubitz. Ahora se sabe que el joven alemán de 27 años, que ingresó en 2013 a Germanwings, la aerolínea económica de Lufthansa, había tenido un declive en su salud mental, pero de ello se enteraron sólo en su círculo familiar y amistoso más cercano.

Lo peor e injustificable fue que al parecer la aerolínea omitió revisar con el rigor necesario el caso médico de Lubitz, pues ahora se sabe que padecía depresión, con tendencias suicidas, y además, se dice, tenía problemas de visión, lo que le habría impedido seguir laborado como piloto aviador. Esto, se sospecha, derivó en una frustración enorme e irreversible, lo que incidió en su estabilidad emocional.

El avionazo ocurrido el pasado martes 24 de marzo constituye una amarga y dolorosa experiencia que debería servir para que jamás se repita una tragedia por esas causas. Por ejemplo, tendrán que tomarse medidas para que nunca, en ningún vuelo, se quede en la cabina un solo tripulante, entre otras muchas medidas preventivas de urgente aplicación.

En México es preciso ampliar y fortalecer el débil marco jurídico que rige la aviación comercial y civil, junto a otras cuestiones que se vinculan, por ejemplo, a la materia laboral, donde también se han prendido focos rojos. Es el caso de los controladores de vuelo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, quienes con frecuencia trabajan más de diez horas continuas debido a la escasez de técnicos, lo que, se afirma, ocurre por falta de planeación para su entrenamiento y contratación.

En fin, que siempre será posible perfeccionar los sistemas humanos para evitar situaciones críticas y la muerte de personas inocentes, como acaba de ocurrir con la pérdida irreparable de quienes viajaban en el ya tristemente célebre vuelo 9525 de Germanwings, al cual que no dudo en llamar tanto de la demencia como de la omisión. Dicho todo esto con un profundo respeto por las víctimas y plena solidaridad con sus deudos.

Martha Chapa

Martha Chapa

En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta.
Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país.
Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana.
Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad.
En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza.
Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas.
Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético.
Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro.
Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas
Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto.
De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas.
Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense
Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras.
Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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