La tragedia ocurrida hace unos días en el ring que se monta en el auditorio municipal de Tijuana para escenificar espectáculos de lucha libre, donde el luchador conocido como el Hijo del Perro Aguayo recibió un golpe mortal, me acarrea recuerdos ingratos.

Allá por los años cincuenta se registró una gran polémica debido a la transmisión televisiva de funciones de lucha libre en horarios infantiles porque, se decía, estas emisiones llegaron a ocasionar algunos accidentes de menores de edad que querían emular lo que veían en la pantalla: llaves, patadas, saltos y piruetas de sus ídolos del ring. Recuerdo que, a fin de cuentas, dejaron de proyectarse en la televisión las funciones de lucha y sólo muchos años después se televisaron de nueva cuenta para llegar hasta nuestros días con gran difusión y tiempos privilegiados a través de diversos canales.

De igual forma, me vienen a la mente los casos de otros luchadores que han muerto a consecuencia de esta actividad. Como todos sabemos, en buena medida este espectáculo implica simulación: los luchadores deben ser deportistas y acróbatas, pero también buenos actores. Lo cierto, sin embargo, es que sus encuentros no dejan de implicar riesgos e incluso llegan a tener graves consecuencias, como se ha comprobado en diversas ocasiones.

Y traigo aquí una evocación más: la del famoso luchador que conocimos como el Perro Aguayo, que en la cabeza y, sobre todo en la frente, tenía enorme cicatrices producto de los golpes recibidos en sus contiendas. Al respecto, así recordó Rafael Cardona en su columna de hace unos días lo que le comentó aquel luchador, con su sencillo lenguaje, cuando lo entrevistó hace años: “Te abren y luego sigues luchando y cuando ya se va haciendo cicatriz, otro y otro; cabezazos, puños, patadas, y nunca acaban de cerrar y cuando se hacen viejas las heridas se abultan, se hacen bola y entonces, mire usted”. Eso le dijo Pedro Aguayo Damián al reportero mientras señalaba las ondulaciones rugosas de su frente. Paradójicamente, el Perro Aguayo vive y a sus 69 años se enfrenta al terrible hecho de la muerte de su hijo Pedro Aguayo Ramírez.

La tragedia se da nuevamente hoy dentro de los encordados y ante un lleno espectacular convocado por los duelos que sostendrían varias parejas de luchadores el pasado viernes 20 en Tijuana, Baja California. Entre ellos, Rey Misterio Junior y Xtreme Tiger contra Manik y el Hijo del Perro Aguayo. Por desgracia, este último falleció a causa de un mal golpe recibido durante la pelea. La necropsia señaló que el deceso fue causado por traumatismo en el cuello con lesión cervical medular, y que ocurrió muy poco tiempo después de que el luchador resultara herido.

Este caso, que ha acaparado titulares de los diarios y espacios en los medios electrónicos, amerita que se abra una amplia y seria investigación sobre lo sucedido ahí. La indagación debería ir desde el análisis concienzudo de las condiciones que rigen este negocio, la contratación y exámenes médicos pertinentes de los luchadores, seguros de vida y, muy importante, la atención médica en esos lugares, que, como se vio, es casi inexistente y, en el mejor de los casos, tan insuficiente e irresponsable que hasta podría tipificarse la figura de homicidio imprudencial.

Una revisión a fondo que averigüe también la responsabilidad que podrían tener tanto la empresa organizadora como el árbitro, el comisionado y el jefe de los servicios médicos, que indistintamente tienen facultades para intervenir y detener una pelea o revisar posibles lesiones de los contendientes. Sobre todo, es importante arrojar luz sobre las condiciones en las que se efectuó la pelea pues se ha especulado acerca de la tardía intervención médica a partir del desvanecimiento del Hijo del Perro Aguayo y otras faltas al protocolo médico después de ese hecho y en su posterior traslado en ambulancia. Se habla de que transcurrieron casi cinco minutos desde su desmayo hasta que recibió los primeros auxilios, así como de que no se le colocó un collarín para inmovilizarlo y hasta del increíble descuido de no contar con una simple camilla. Esperamos, pues, un dictamen expedito y confiable.

En fin, que la tristeza recorre el mundo deportivo mexicano por la muerte tan lamentable de ese querido, exitoso e inolvidable luchador, que se nos va en la plenitud de la vida, a los 35 años de edad.

Descanse en paz y un abrazo a su familia.

Sobre el autor

Martha Chapa

Martha Chapa

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En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta. Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país. Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana. Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad. En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza. Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas. Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético. Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro. Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto. De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas. Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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